6 septiembre, 2021

Los otros animales, aún sin nombre

de Shivanee Ramlochan | Traducciones

Versiones de Mariela Castañeda y Adalber Salas Hernández.

 
La virgen cuenta lo que debió soportar

No bajes las lámparas.

El manglar ardió por días. Cuando nuestra selva entregó sus hombros desnudos a las mujeres y los niños hambrientos, durante semanas no comimos más que árboles.

En la primera semana las enredaderas, los brotes, las hojas, nos ayudaron a hacer sopa.

En la segunda semana, metimos a la fuerza raíces en los agujeros de nuestros dientes.

En la tercera semana, el cabello de mi hermana huyó de su cráneo azul; en la cuarta semana, mi hermana atrapó y mordisqueó un cangrejo azul hasta matarlo, sin otro fuego que el de su barriga.

Para la quinta semana, la corteza magullada ya no tenía nada que ofrecer, así que empezamos a comer lenguaje.

En la sexta semana, soñé que un ocelote me traía tu nombre en la cuna de su lengua.

No hubo séptima semana de la que pueda hablar, y en el amanecer de la octava semana,

el batallón y tú regresaron.

Me has contado cómo la guerra derruyó catedrales de bambú y piedra ante tus ojos. Había grandes planicies abiertas donde antes brillaban altas calles. Las estatuas de los hombres que nos dieron inglés a cucharadas yacen reducidas a papel glassine.

Ya no soy tu prometida. Devoramos las palabras para matrimonio, para sacramento, para legítimamente casados. Le di de comer a mi hermana el vestido marfil, para que no perdiera el calor; puse los botones de perla donde alguna vez brillaron sus ojos.

No bajes las lámparas. Mírame, el precio de la revolución. Dejé las palabras de la pelea vivas para esta noche. No comí triunfo o victoria o doncellez.

Famélica, destragué las palabras que importaban.

Mira, el camino de papel glassine de nuestros ancestros aplastados envuelve mi vientre. Nuestros ojos ya son sólo espejos, fusilero mío.

Mi cirujano. Mi soldado.
Mis pequeños pechos desnudos están sentados tan silenciosos como palomas marrones y mudas.
Muéstrame por qué esperé.

Ven, hazme estallar en canción.

 

The Virgin Speaks of What She Endured

Don’t turn the lamps down.

The mangrove burned for days. When our forest have up her bare shoulders to the hungry women and children, for weeks, we ate nothing but trees.

In the first week, the vines, the shoots, the leaves helped us make soup.

In the second week we crammed roots through the holes in our teeth.

In the third week, my sister’s hair fled her blue scalp; in the fourth week my sister trapped and gnawed a blue crab to death with no fire but her belly.

By the fifth week the bruised bark had nothing left, so we began to eat language.

On the sixth week I dreamed an ocelot brought me your name in the cradle of his tongue.

There was no seventh week of which I can speak, and on the dawning of the eighth week,

you and the battalion returned.

You’ve told me of how the war crumbled cathedrals of bamboo and stone before your eyes. There are great, open plains where the high streets shone. The statues of the men who spoonfed us English are ground to glassine.

I am no longer your bride. We ate the words for marriage, for sacrament, for lawfully wed. I fed my sister the ivory dress, so she might keep warm; I placed pearlseed buttons where her eyes once shone.

Don’t turn the lamps down. Look at me, the price of revolution. I left the fighting words alive for tonight. I didn’t eat triumph, or victory, or maidenhead.

Starving, I unswallowed the words that mattered.

Look here, the glassine road of our crushed forefathers wraps around my belly. Our eyes are now the only mirrors, fusilier of mine.

My surgeon. My soldier.
My small, bare breasts sit as quiet as mute brown doves.
Show me why I waited.

Come, burst me into song.

 

Para vivir en el año nuevo

Mi nuevo esposo es un taumaturgo.
Tiernamente planta canciones en mí,
para mejor tratar el año nuevo
con fuego.

Esto, por caridad, lo anuncia,
derritiendo en mis muslos médula de lapa congelada.
Anoche, mientras él soñaba, la Sierra del Norte me amó,
me besó rudamente, me miró
romper mi quinta y mi sexta costilla en las rocas de Blanchisseuse.

Una hoja de coral cuerno de venado se hunde entre mis vértebras,
pulida por algas, curada en sal e incapaz de ahogarse en mi materia roja.

Mientras duerme, veo a mi vieja esposa en los establos.
La observo poner riendas a nuestras bestias.
El rayo monta tres veces el cielo, se arquea petardo rabioso en quiebres de paja.
Mínimos perdigones de ruina dispersan nuestros caballos.
Los otros animales, aún sin nombre,
sisean y se apagan bajo las estrellas.

Ella invoca a las fieras con presa de caza seca.
Lenguas de lija raspan carne húmeda de sus nudillos. Arranca
el tallo moribundo de mi cuerpo hunde ese coral en su boca.
Juntas, nos sentamos y miramos ensombrecerse los campos.
La isla entra asombrada en sus primeros, últimos días.

 

To Live in the New Year

My new husband is a thaumaturgist.
Tenderly, he plants songs in me,
the better to treat the new year
with fire.

This, for charity, he utters,
melting frozen lappe marrow on my thighs.
Last night, while he dreamt, the Northern Range lovered me,
kissed me unkind, watched me
break my fifth and sixth ribs on the Blanchisseuse rocks.

A shattered staghorn coral blade sinks between my vertebrae,
seaweed-shone, saltproofed & undrowning in my red matter.

While he sleeps, I check on my old wife in the stables.
I watch her bridling our beasts.
Lightning triple-mounts the sky, crests firecracker angry in straw snaps.
Tiny pellets of ruin scatter our horses.
The other animals, yet unnamed,
hiss and flicker out under the stars.

She summons the menagerie with dried game.
Sandpaper tongues rasp damp meat from her knuckles. She pulls
the dying stem from my body, sinks that coral into her mouth.
Together, we sit and watch fields glow umber.
The island startles into her first, final days.


Shivanee Ramlochan / Trinidad y Tobago, 1986. Creadora del espacio crítico Novel Niche. Su primer libro, Everyone Knows I Am a Haunting (Peepal Tree Press, 2017), ha sido recibido con mucho entusiasmo por los lectores y la crítica. Su segundo libro, Unkillable, será publicado por Noemi Press en 2022.


Adalber Salas Hernández / Caracas, Venezuela, 1987. Poeta, ensayista y traductor. Autor de varios libros de poemas, ganó en 2015 el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita con Salvoconducto. Entre sus libros más recientes se encuentra Palabras sin dueño. Variaciones sobre la traducción literaria (Dirección de Literatura / UNAM, 2019). Ha traducido a Marguerite Duras, Antonin Artaud y Charles Wright, entre muchos otros autores de lengua francesa e inglesa.

Mariela Castañeda / Puebla, 1992. Editora, poeta y traductora, egresada de la licenciatura de Letras Hispánicas de la UNAM. Actualmente trabaja en la revista Estudios de Lingüística Aplicada de dicha institución y prepara, junto con Adalber Salas Hernández, una traducción al español del poemario Everyone Knows I Am a Haunting de la escritora trinitense Shivanee Ramlochan.