Mi cuerpo es música del universo

Recibí la semilla de un niño de hombros color cocoa/
y decía aquella semilla:/
—Ey tú, ¿qué piensas que fue lo primero que hicieron los humanos al recibir el fuego?/ /
Entonces me convertí en pájaro/ /
y dejé caer/
esta semilla/
en un páramo

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Los pequeños mundos de Kaneko Misuzu

La melancolía y tristeza, tan presentes aquí, apelan también a la niña y al niño que cada uno de nosotros fue, y la soledad que transmiten refuerza a su vez esa sensación de descubrimiento infantil al servir de ventana a los pequeños mundos que nos rodean. Sin embargo, esta mirada no carece de malicia: Kaneko sabía que los niños pueden ser crueles y egoístas; e incluso aquellos poemas impregnados de cierta inocencia, las más de las veces implican, justamente, la pérdida de esta a cambio de tomar consciencia de la vida de los demás —a cambio de la empatía y la destrucción de ese egocentrismo pueril—.

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Nombres que me gustan para plantas que me gustan

Las personas saben el nombre de las plantas y/
yo no sé el nombre de ni una sola./
Las personas no saben el nombre de las plantas y/
yo sé los nombres de unas cuantas. /
Es por eso que yo se los puse,/
nombres que me gustan para plantas que me gustan.

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Un ciclón parado sobre el rizo de los dioses

Respetando el mundo vigesimal,/
llamas a los dioses de los veinte días:/
caimán, que representa el día de la tierra;/
vivacidad, que representa el día del viento;/
noche de espíritu maligno, el día de las casas;/
el día de maíz;/
que los días se sienten en círculo.

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Kioto

la escena que cambia bruscamente:/
el estanque apacible, la madera sosegada/
del pabellón de plata, una inscripción/
de nuestra historia, los jardines de camelias,/
la vida nítida, la luz que viene de la dirección/
correcta en caso de que pueda iluminar/
la franja de la puerta en el momento exacto…

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Vino una diosa tierna

Con el viento del sur, vino una diosa tierna./ Mojó el bronce, mojó la fuente,/ mojó el pecho de la golondrina y sus plumas doradas./ Abrazó la marea, lamió la arena, se bebió los peces./ Mojó en secreto el templo, los baños, el teatro…

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A mis estudiantes

¡Alumnos míos! Cuando el horizonte emerge de la oscuridad azul / ¿no sienten sumergirse dentro de él?/ Verdaderamente conviértanse en esas multiformes / montañas en el horizonte.

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