7 diciembre, 2020

Idea Vilariño, traductora de Shakespeare

de William Shakespeare | Rescates

¿Qué efecto de lectura busca priorizar en sus traducciones?
Yo trato, en primer lugar, de dar una gran fidelidad al texto. Al mismo tiempo, lo traduzco en verso. Hay una lucha. Que sea buena poesía y que se pueda decir en un escenario sin forzar las cosas.

A lo largo de su trabajo, ¿entró alguna vez en conflicto Idea Vilariño traductora con Idea Vilariño poeta? ¿En qué medida en su trabajo se ha interesado por traducir efectos de texto y no literalidades?
A veces sacrificás algo, de un verso tenés que hacer dos versos. Yo a veces prefiero sacrificar algo de eso con tal de que se entienda bien.

[…]

¿Por qué podría interesar desde el punto de vista cultural y en relación a la recepción de la literatura de habla inglesa en el Río de la Plata, las lecturas-traducciones uruguayas y latinoamericanas de la obra de William Shakespeare?
La búsqueda de una comprensión mayor. Un acercamiento a alguien que es poeta. Esa es la dificultad que tiene, tratar de interpretar a un poeta de otra época. No sé cómo lo harán otros, para mí la tarea es muy lenta, muy cuidadosa. Hay noches que me paso horas con una palabra. Se me fue la noche e hice tres renglones, porque no encontraba la palabra correcta.

[…]

¿Entiende usted la tarea del traductor como una lectura privilegiada, una conversación privilegiada entre el traductor y el texto inglés, entre el traductor y el autor, o, por el contrario, considera que la poesía es intraducible y, por lo tanto, el traductor emprende una tarea utópica?
Yo creo que es traducible, por lo menos hasta cierto punto. Puede fallar a veces la posibilidad de abarcar una cosa total. Para traducir en verso tiene que ser un poeta, y para no traducir en verso también; si se trata de Shakespeare, tendría que ser un poeta. Es decir, toda la parte que no es verso pero que es poesía. Cuando me decían que estaban traduciendo una serie de personas aquí… no alcanza con saber inglés, no alcanza. Es absurdo pensar que alguien, porque sepa muy bien inglés, puede traducir a Shakespeare. Y la otra cosa es que pueda ser en verso sin ser poeta, porque hay algunos que se llaman poetas y no saben hacer versos ni en castellano. Una cosa es escribir con toda libertad, pero no creo que sepan traducir de manera que se pueda decir sin que resulte falso.

[…]

¿Influyó su trabajo de traducción prolongado a lo largo del tiempo en su propia poesía, teniendo en cuenta el aspecto formal, la versificación, la sintaxis, el empleo de las imágenes u otros aspectos que usted entienda pertinentes?
No. Son dos zonas. La poesía está fuera de todo. Una revista [El sur también insiste] decía una frase mía, que la poesía es el acto más privado y solitario de mi vida. No lo hago para nada ni tengo contacto con nada.
 

—Fragmentos de una entrevista a Idea Vilariño (1920-2009),
realizada por Verónica D’Auria y Javier Uriarte,
y publicada por la Biblioteca Nacional de Uruguay

 
 

De Macbeth (1606)

 
Lady Macbeth
Venid aquí, vosotros, los espíritus
que servís a las ideas de muerte,
¡asexuadme y llevadme enteramente,
de la cabeza hasta los pies,
de la más espantosa crueldad!
¡Haced que se espese mi sangre,
cortad acceso y paso a la piedad;
no vaya a conmover con su visita
algún remordimiento natural
mi propósito cruel, ni se interponga
entre este y su ejecución!
¡Venid hasta mis hechos de mujer
y mi leche trocad por miel, vosotros
los agentes del crimen, donde sea
que, bajo vuestras formas invisibles,
sirváis al mal de la naturaleza!
¡Ven, noche tenebrosa, y amortájate
con el humo más negro del infierno,
y que no cea mi cuchillo agudo
la herida que va a hacer, ni atisbe el cielo
a través de la manta de lo oscuro,
para gritarme: “¡Detente! ¡Detente!”

(Acto I, escena V)

 
Macbeth [a Lady Macbeth]
Sé inocente de ese conocimiento,
querida mía,
hasta que puedas aplaudir la acción.
¡Ven, Noche cegadora, tapa ya
los tiernos ojos del piadoso día;
con tu mano sangrienta e invisible
cancela y haz pedazos el tremendo
lazo que me mantiene pálido!
La luz se espesa y se aleja el cuervo
volando hacia los bosques de cornejas.
Lo que de bueno hay en el día empieza
a desleírse y a amodorrarse,
mientras negros agentes de la noche
saltan sobre su presa. Mis palabras
te asombran; pero quédate tranquila,
que las cosas que por el mal comienzan
por el mal a sí mismas se refuerzan.

(Acto III, escena II)

 
Macbeth
Había olvidado ya el gusto del miedo.
Un tiempo hubo en que al escuchar
algún grito en la noche, mis sentidos
se hubieran congelado y mi cabello,
al escuchar un cuento terrorífico,
se hubiera levantado y erizado
como si hubiera habido vida en ellos.
Horrores he comido hasta la hartura;
El terror, que se ha hecho familiar
para mis asesinos pensamientos,
ya no pueden sobresaltarse más.

[…]

Debería haber muerto después de esto.
Debería haber habido un tiempo para
dar cabida a palabras como estas.
Mañana, y mañana, y mañana,
repta a mínimos pasos, día a día,
hasta agotar las sílabas del tiempo
recordable. Todos nuestros ayeres
iluminaron para pobres tontos
el camino a la muerte polvorienta.
¡Apágate, apágate, breve vela!
La vida no es más que una sombra andante,
un pobre actor que sobre el escenario
se agita y pavonea en su momento,
y a quien nunca se volverá a oír más;
un cuento contado por un idiota,
lleno de sonidos y de furia
que nada significa.

(Acto V, escena V)

 

De Rey Lear (1605)

 
Kent [a Lear]
¿Qué ibas a hacer, anciano? ¿Tú creías
que el deber se iba a asustar, de hablar,
cuando el poder se inclina a la lisonja?
El honor se somete a la franqueza
cuando la majestad da en la locura
retén tu posición y considera
tan cuidadosamente como puedas
esa terrible precipitación.
Respondo con mi vida de este juicio:
tu hija menor [Cordelia] no es la que menos te ama
ni vacíos están los corazones
que no hacen resonar la hipocresía.

(Acto I, escena I)

 
Loco
Atiende, tío.
    Posee más de lo que muestras,
    habla menos de lo que sepas,
    presta menos de lo que tengas,
    usa el corcel más que las piernas,
    escucha más de lo que creas,
    juega menos de lo que llevas,
    olvida putas y tabernas,
    entra en casa y cierra la puerta,
    y de ese modo pronto tendrás
    lo que tenías y mucho más.

Kent
Eso no es nada, loco.

Loco
Entonces es como el alegato de un abogado que no cobra; vos no me dais nada a cambio.

Lear
Pero no, muchacho; nada puede hacerse con nada.

(Acto I, escena IV)

 
Lear
¡Oye, naturaleza! ¡Oye, diosa!
Querida diosa, óyeme, renuncia
a tu designio, si te proponías
hacer fecunda a esta criatura.
Haz estéril su útero; seca en ella
los órganos de la reproducción,
y de su cuerpo degradado nunca
pueda nacer un hijo que la honre.
Si debe concebir haz nacer de ella
un engendro malvado, y que sea
para ella un desnaturalizado,
un perverso tormento que le marque
arrugas en su frente juvenil,
que sus lágrimas se derramen abriendo
surcos en sus mejillas, y que todos
sus desvelos y alegrías de madre
se paguen con la risa y el desprecio
¡y que pueda sentir que es más agudo
que un diente de serpiente un hijo ingrato!

(Acto I, escena IV)

 
Lear [a Regania]
¡Oh, no razonéis la necesidad!
Los más miserables de los mendigos
tienen en lo más pobre algo superfluo.
No concedáis a la naturaleza
más de lo que necesita, y se vuelve
la vida de los hombres tan barata
como la de los animales. Tú eres
una dama. Si solo calentaros
fuera suntuoso… La naturaleza
no necesita tus suntuosos trajes
que apenas te calientan. Pero, en cuanto
toca a necesidades verdaderas…
¡Vosotros, cielos, dadme la paciencia,
esa paciencia que necesito!
¡Aquí, dioses, me veis, un pobre viejo,
tan cargado de penas y de años,
y lamentable en ambos! Si vosotros
sois los que perturbáis los corazones
de esas hijas contra su propio padre,
no me volváis tan loco como
para que lo soporte mansamente;
imponedme algo de la noble cólera;
¡no dejéis que las armas femeninas,
las lágrimas, manchen mi rostro de hombre!

(Acto II, escena IV)

 
Edgardo (Aparte)
¡Oh, Dioses!
Quién pudiera decir “Es lo peor”.
Estoy peor de lo que nunca estuve.

[…]

Todavía podría estar peor. Y no es lo peor
mientras pueda decir “esto es lo peor”.

Anciano
Hombre, ¿a dónde vas?

Gloster
¿Es un mendigo?

Anciano
Loco y también mendigo.

Gloster
Algo razona
que, si no, no podría mendigar.
Anoche, en la tormenta, vi uno así;
me hizo pensar que el hombre es un gusano.
[…]
Desde entonces he escuchado otras cosas.
Como las moscas para los muchachos
somos para los dioses; ellos nos matan
solo por divertirse.

(Acto IV, escena I)

 

De Sueño de una noche de verano (1594-1595)

 
Titania [A Oberón]
Todo eso son inventos de los celos;
y cada vez desde que entró el verano,
que en monte o valle, en selva o en pradera,
junto a enlozada fuente o junto al río
o en la orilla arenosa de la mar
nos reunimos nosotras a danzar
al silbido del viento en nuestras rondas,
perturbas nuestros juegos con escándalos.
Por eso el viento que nos silba en vano
como venganza absorbió del mar
nieblas nocivas que, al caer en tierra,
envanecieron a los riachuelos
que desbordaron de su continente.
Por eso tira el buey del yugo en vano,
inútilmente suda el labrador,
se pudre el choclo joven, aún imberbe
en el campo anegado, los rediles
se vaciaron, y sirven como cebo
al cuervo los rebaños apestados.
Lleno de barro está el campo de juego;
tampoco se distingue el ingenioso
laberinto, por falta de caminos;
los humanos suspiran por su invierno.
No hay por las noches cánticos sagrados
y la luna que manda en las crecientes,
pálida de furor, lava los aires,
y abundan los catarros; a través
de ese desorden vemos que se alteran
las estaciones: la canosa escarcha
cae en la fresca falda de la rosa
y en la helada corona del invierno
pusieron como burla una guirnalda
de olorosos capullos del verano.
Primavera, verano, otoño fértil,
malhumorado invierno, intercambian
sus libreas; confuso ante los cambios
el mundo ya no sabe cuál es cuál
y esta ralea de males proviene
de nuestros desacuerdos y querellas;
somos tú y yo sus padres y su origen.

(Acto II, escena II)

 
Demetrio (despertando)
¡Oh, Elena! ¡Perfecta, ninfa, diosa!
¿Con qué, mi amor, compararé tus ojos?
Hasta el cristal es turbio. ¡Oh, qué roja
la guinda besadora de tu boca!
Si levantas la nieve de tu mano
Se convierten en cuervos los nevados
picos del alto Tauro congelados.
¡Oh, déjame que bese ya esa pura
prez de gloria, princesa de blancura!

Helena [A Demetrio y Lisandro]
¡Qué perfidia, qué infierno! Quieren, veo,
divertirse a mi costa. Si tuvierais
algo de educación y cortesía
de esta manera no me insultaríais.
No solo no podéis dejar de odiarme;
os unís para ridiculizarme.
Si fuerais hombres, como en apariencia,
trataríais con otra reverencia
a una dama gentil. Tanta promesa,
tanto elogio excesivo a mi belleza,
tanto jurar, cuando es mi convicción
que ambos me odiáis con todo el corazón.
Rivales sois en el amor de Hermia;
Rivales hoy para burlar a Helena.
¡Hermosa hazaña! ¡Varonil empresa!
Hacer llorar a una infeliz doncella
mofándose. Nadie de casta noble
ofendería a tal punto a una joven
ni jugaría así por diversión
con el dolor de un pobre corazón.

[…]

¡Oh! También [Hermia] está en esta conjura.
Ya lo veo: los tres se han complotado
para hacer a mi costa un juego falso.
¡Amiga traicionera, ingrata Hermia!
¿Para hostigarme así y escarnecerme
lo tramaste con estos?, ¿tú lo urdiste?
Aquellas confidencias compartidas,
las promesas fraternas, los momentos
que pasábamos juntas, reprendiendo
ambas al tiempo de los pies veloces
por apartarnos, ¿todo lo olvidaste?
¿La amistad de los días escolares,
la inocencia infantil? Nosotras, Hermia,
tejimos como dos hábiles diosas
sentadas juntas, una misma rosa,
y gorjeando las dos una canción
como si nuestras mentes, nuestra voz
y nuestras manos fueran una sola.
Así crecimos como dos cerezas,
unidas, aunque luzcan separadas,
dos bayas sobre un tallo conformadas,
o dos colores en un mismo escudo,
que coronara una misma cimera.
Así, pese a ser dos en apariencia,
teníamos un solo corazón.
¿Y partirás ahora aquel amor
para, unida a esos hombres, hacer burla
de tu afligida Helena? Eso no es propio
de una amiga, no es propio de una joven
y todo nuestro sexo, como yo,
podría reprocharte, aunque la afrenta
la soporte yo sola.

(Acto III, escena II)

 
Teseo [a Hipólita, su prometida, sobre los actores que representarán ante ellos la historia de Píramo y Tisbe]
Más amables seremos
pues por nada las gracias les daremos.
Observaremos sus incorrecciones;
tal será nuestro juego; pues aquello
que el humilde deber no pueda hacer
el criterio del noble lo pondera
no por sus logros sino por su esfuerzo.
Me han esperado artistas dondequiera
con sus premeditadas bienvenidas;
cuando los vi temblar, palidecer,
detenerse en mitad de una sentencia,
ahogada su destreza por el miedo,
y al fin quedarse mudos sin brindarme
su bienvenida, créeme, querida,
que, sin embargo, en ese silencio
hallé una bienvenida; en la modestia
del deber temeroso descifré
tanto como en la lengua parlanchina
de la elocuencia audaz e impertinente.
El amor y la muda sencillez
para mí dicen mucho más con menos.

(Acto V, escena I)

 
Puck
Si nosotros, las sombras,
os hemos agraviado,
pensando en lo siguiente
todo estará arreglado.
Pensad que en este rato,
habiéndoos dormido,
todas esas visiones
se os han aparecido.
Y que todo este asunto
tan frívolo y risueño
no tiene más sustancia
que la que tiene un sueño.
Noble auditorio, ahora,
nada de reprimendas,
que, si nos perdonáis,
prometemos enmienda.
Siendo yo un Puck honrado
y habiendo ya sorteado
con suerte inmerecida
las lenguas viperinas,
aquí nos excusamos.

(Acto V, escena II)

 
* Los fragmentos seleccionados provienen de las ediciones que el sello Losada hizo de Sueño de una noche de verano (1997), Rey Lear (2001), Macbeth (2002), en versiones de Idea Vilariño y por las cuales la poeta obtuvo el Premio Florencio Sánchez que entrega la Asociación de Críticos Teatrales de Uruguay.


William Shakespeare / Stratford-Upon-Avon, Inglaterra, 1564-1616. Poeta y dramaturgo. Uno de los autores más importantes de lengua inglesa de todos los tiempos.


Idea Vilariño

/ Montevideo, 1920-2009. Poeta, crítica, ensayista, traductora y letrista de música popular. Miembro prominente de la así llamada «Generación del 45». Autora de una decena de libros de poesía y varios títulos de ensayo, tradujo a autores como William Shakespeare, Raymond Queneau y William H. Hudson, entre otros. Su obra es ampliamente leída e influyente entre poetas actuales de América Latina.