Vine a ti con el velo de mi carne

Yo estoy segura de que nada ahogará ya mi rima,/
el silencio lo mantuve encerrado en la garganta años/
como una trampa para sacrificios,/
llegó entonces el momento de cantar/
unas exequias al pasado

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La angustia del minuto que te espera

La plazoleta encajonada entre muros
está habitada por gatos que viven recostados:
son trapos en la hierba.
Tienen un aire distraído
y si los llaman no levantan la cabeza
como si arrastraran un dolor
solo ellos, que los demás no conocen.
En la base del tronco, aplastado contra la tierra,
un gato negro y rojo
se pierde entre las hojas oxidadas.

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José Luis Rivas: un pájaro que sabe del mundo de los hombres

La obra de José Luis Rivas, desde Ecce Puer hasta Por mor de mar y Pájaros, va en el sentido de la vida, hacia adelante, hacia lo inmenso. Esto se explica de muchas formas; yo me centro en este punto: cuando se habla y se pone la vida en poemas aparece la poesía, esa que perdura, que se vuelve una presencia permanente, porque da cuenta de la vida.

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Los venenos de la literatura

En 1906 varios poetas viajan juntos en barco para dirigirse a Río de Janeiro; trabajan como diplomáticos y se dirigen a un congreso. Rubén Darío, de Nicaragua, coincide con Juan Ramón Molina, de Honduras. Pese a la diferencia de edad (el primero nació en 1867 y el segundo en 1875) ya están unidos por una fuerte amistad, que nace durante su primer encuentro en Guatemala en 1890. Darío ha causado una fuerte impresión en el más joven y ha influenciado sus lecturas. Se lanza un desafío y cada uno debe escribir un poema destinado a ser leído en público a su llegada. Molina lee su “Saludo a los poetas brasileños” y Darío rompe el suyo y abraza con respeto a su “poeta gemelo”… La prosperidad, por desgracia, no ha tenido el mismo respeto por este poeta de Honduras.

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Las milicias del viento en el arenal del exilio

Puertas abiertas a los médanos, puertas abiertas al exilio,/
Las llaves confiadas a las personas del faro, y la estrella supliciada en la rueda sobre la piedra del umbral:/
Anfitrión mío, cédeme tu casa de cristal en las arenas…/
El Estío de yeso aguza sus puntas de lanza en nuestras llagas,/
Elijo un lugar palmario e inexistente semejante al osario de las estaciones/
Y, sobre todos los arenales de este mundo, el espíritu que emana de dios abandona su lecho de amianto.

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La grandeza del frío

Él comienza consigo y acaba/
en sí mismo./
No lo anuncia ninguna aureola, no lo/
sigue ninguna cola de cometa./
A partir de él nada emerge hacia afuera; /
por eso no tiene rostro/
ni forma. Podría asemejarse, quizá/
a la esfera,/
que tiene el mayor cuerpo/
cubierto por la más estrecha/
piel posible. Pero ni siquiera tiene/
tanta piel como la esfera.

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Piedra (fragmentos)

El camino vital de Ósip Mandelshtam parte del poniente del Imperio Ruso, Varsovia —donde nace—, y termina en el oriente de la Unión Soviética, Vladivostok —donde lo desaparecen—. En ese camino vital, Piedra (1913) corresponde al periodo de Petersburgo. Mandelshtam, atormentado en su lírica ya mucho antes de los suplicios del estalinismo que lo liquidarán más tarde, escribe una poesía de bilis negra —aunque falten aún más de dos décadas para su mudanza a Vorónezh.

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La mente natural de la tierra

Nacido en Indianápolis (Indiana) el 1 de junio de 1935, el poeta Clayton Eshleman falleció durante la madrugada del 29 al 30 de enero de 2021, en Ypsilanti (Michigan). Su labor como poeta y editor es cuasi inmensurable, y su faceta de traductor es simplemente impresionante: desde Residencia en la Tierra de Neruda hasta toda la poesía de César Vallejo; desde Aimé Césaire a Vladimir Holan a Antonin Artaud, pasando por Bei Dao y hasta José Antonio Mazzotti, con un arco pleno de nombres y poéticas dispares.

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Diccionario lopezvelardeano (2)

Da la impresión, al leer los versos, que a López Velarde se le quedó vívidamente el ahogo del deseo y algunas imágenes en el recuerdo: los ojos verdes y el vestido enlutado, la prima que teje en el corredor, la voz de Águeda a la hora de comer acompasando el sonido de la vajilla, el cesto de frutas sobre el viejo armario.

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Los pequeños mundos de Kaneko Misuzu

La melancolía y tristeza, tan presentes aquí, apelan también a la niña y al niño que cada uno de nosotros fue, y la soledad que transmiten refuerza a su vez esa sensación de descubrimiento infantil al servir de ventana a los pequeños mundos que nos rodean. Sin embargo, esta mirada no carece de malicia: Kaneko sabía que los niños pueden ser crueles y egoístas; e incluso aquellos poemas impregnados de cierta inocencia, las más de las veces implican, justamente, la pérdida de esta a cambio de tomar consciencia de la vida de los demás —a cambio de la empatía y la destrucción de ese egocentrismo pueril—.

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