Los pequeños mundos de Kaneko Misuzu

La melancolía y tristeza, tan presentes aquí, apelan también a la niña y al niño que cada uno de nosotros fue, y la soledad que transmiten refuerza a su vez esa sensación de descubrimiento infantil al servir de ventana a los pequeños mundos que nos rodean. Sin embargo, esta mirada no carece de malicia: Kaneko sabía que los niños pueden ser crueles y egoístas; e incluso aquellos poemas impregnados de cierta inocencia, las más de las veces implican, justamente, la pérdida de esta a cambio de tomar consciencia de la vida de los demás —a cambio de la empatía y la destrucción de ese egocentrismo pueril—.

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Diccionario lopezvelardeano

López Velarde creía que desde Sor Juana hasta Manuel José Othón y Manuel Gutiérrez Nájera había un enorme vacío en la lírica mexicana. Parece no haber leído, o muy de paso, o tal vez porque no circulaban bien, ni a Ignacio Rodríguez Galván, ni a Ignacio Ramírez, ni a Laura Méndez. A Manuel M. Flores y a Manuel Acuña apenas los mencionó y fue para descalificarlos. Es decir, ningún poeta de los tres romanticismos mexicanos se salvó del cadalso.

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Un sastre que es su propia tela

En la poesía de Valerio Magrelli (Roma, 1957), advertimos que las formas más primordiales de ver y estar en el mundo son las que nos aportan la mayor riqueza en términos de sensibilidad y consciencia, sin prescindir de la complejidad natural de todo lo que nos rodea: “Esto no es un trabajo/ sino una confección./ Primero del papel, luego del cuerpo”. Esto es, ante todo, la sorpresa y el asombro ante la vida —y, en ocasiones, de estar vivo—; también es la fascinación ante la correspondencia entre el cerebro humano y una dimensión espacial. Lo grande frente a lo pequeño… combatir o sucumbir.

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Nombres que me gustan para plantas que me gustan

Las personas saben el nombre de las plantas y/
yo no sé el nombre de ni una sola./
Las personas no saben el nombre de las plantas y/
yo sé los nombres de unas cuantas. /
Es por eso que yo se los puse,/
nombres que me gustan para plantas que me gustan.

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La belleza que huye a primera vista

“Regreso cada día a los fuegos de estación./
Y me retuerzo contra el tiempo que me tuerce/
el cuello: hoy se vuelve de pronto ayer/
hoja de diario que se arremolina/
en la alcantarilla, nieve hecha/
del mismo material que los sueños”.

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Como una ráfaga en una estancia cerrada

La niña que camina bajo los árboles/
no tiene más que el peso de su trenza,/
un hilo de canto en la garganta./
Canta sola /
y salta por la calle: porque no sabe /
que nunca tendrá un bien más grande/
que ese poco de oro vivo sobre los hombros,/
que esa alegría en la garganta.

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El “hecho sonoro” en la poesía de Idea Vilariño (2)

Es manifiesto que la autora posee mayor dominio de sus herramientas técnicas. Señala Ana Inés Larre Borges, investigadora de la Biblioteca Nacional de Uruguay, editora de Vilariño en vida de la creadora y a quien ella legó la administración de su obra: “En la material sonoridad de los versos, en sus ritmos, sus simetrías sonoras y acentuales, guiada por el estudio y por su ‘oído absoluto’, Idea dedicó un sostenido esfuerzo al estudio de lo que domésticamente llamó ‘mis ritmos’, sintiendo que era ‘lo único que tal vez sé hacer mejor que nadie’”. Sí, es inequívoca su obsesión por la cadencia.

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El “hecho sonoro” en la poesía de Idea Vilariño

Este 2020 se cumplen cien años del nacimiento de la uruguaya Idea Vilariño (1920-2009), poeta notable que también fue traductora de inglés y francés, ensayista, editora, crítica literaria, maestra de letras y figura central de la Generación del 45 en su país. El Periódico de Poesía me pidió amablemente un ensayo sobre la obra de esta, una de mis autoras predilectas, de modo que en las siguientes líneas exploro la relevancia del ritmo y el entramado de sonidos en tres escritos representativos: uno de su juventud (1942), uno de su primer libro, Nocturnos (1955), el tercero de Poemas de amor (1957). Busco arrojar luz sobre dónde comenzó su poesía y en qué ruta se decantó.

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El valle de las mariposas: un réquiem (2)

La mariposa y su lengua de imágenes/
sobrevive a través de aquello que hurta./
¿Por qué yo habría de ser menos hábil?/
Se calmaría mi angustia al vacío,/
de llamar mariposas a las almas/
y visiones de los muertos perdidos.

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