Juan Carlos Bautista
Selma Ancira | Ensayo

Tsvietáieva me ha enseñado el arte de andar de oído, lo que sistemáticamente enloquece a mi computadora, que me subraya una y otra vez palabras que no reconoce, sugiriéndome otras que privarían a mis versiones del espíritu tsvietaieviano. Por ejemplo, la palabra “escalariego”. En Viva voz de vida hay un momento en el que comenta que Max Voloshin, a quien está dedicado el libro, era un gran conversador y un caminante inagotable que gustaba de recorrer las montañas de Crimea, y dice: “era el mismo caminante por los senderos del pensamiento y la palabra. Un andariego nato. Un escalariego nato”.

Traducción de Daniel Bencomo

Tomé contacto con la obra de Christian Morgenstern (1871-1914) a través de un poema ciertamente llamativo: “El canto nocturno del pez”, pieza extraña en su obra, pues el guiño que tiende a la poesía visual es único en ella. Una vez que pasa el primer asombro ante el objeto gráfico, es posible descubrir lo que la vincula al espíritu global de su trabajo, pues los trazos que proponen una figura a interpretar no son otros que los símbolos gráficos para las sílabas tónicas y átonas en los pies métricos.

Victoria Vaccaro García | Inéditos

Escalé las blancas cumbres de tus senos, / lugar de posesión de la palabra. / / Fueron ellos maestros de modulación, / lenguaje de leche y sangre, / primer intento de mordida. / / Clavé incisivos, caninos, premolares / en los manantiales íntimos, / / y las llagas te adornaron / once días y once noches / fulgiendo con el fuego líquido de mi saliva…

Maricela Guerrero | Reseña

Al terminar de leer Ventana cerrada me quedé dormida y soñé con el libro: una constelación de perlas que se transformaban en racimos de uvas que, a su vez, se desbarataban en una especie de vendimia donde chorreaban jugos, cáscaras y semillas iridiscentes; los cuales, como era un sueño, conducían por un camino a una especie de zaguán y a su aldaba, y se abrían —algo me aterraba y fascinaba al mismo tiempo—.

Gabriel Wolfson | Reseña

uno cuenta: “Cuando el amor se llama amor, entonces le ocurre lo mismo que a Medusa: se convierte en piedra. En una estatua de piedra que al poco tiempo se parte y se desmorona. Sí. Por eso nunca dijeron nada” (Cadena, 2005).
otro: “por ahora supongan, entonces, que hay una serie de inteligencias, humanas o no” [ilegible]
uno cuenta: “Él pagó con la excitación de quien es invitado por primera vez a una orgía, al rito de iniciación de una secta” (Palou, 2016).

Negma Coy | Inéditos

¿Llorar de amor? / Lloré a mi abuelo / lo mataron mientras hablaba con el fuego sagrado / lloré a Alberto / él entregó su vida por defender la casa de sus hijos / lloré a Pablito, tenía un añito / en la frontera lo arrancaron del pecho de Martina. / / Juanito, Matilde, José, Margarita /  encuentren su camino / sigan el aroma de las rosas rojas / sigan la alfombra de pino fresco / dancen en las espirales del pom / dancen con las volutas del puro de tabaco / y encuentren la luz del ocote…

[Un beneficio secundario de la alteración de la memoria] es que para tratar de ejercitar[la] empecé a aprender poesía. Yo me sentía muy cerrado a la posibilidad de ese género, y, como dicen, no hay mal que por bien no venga: me he convertido en ferviente lector de poesía.

—Emmanuel Carrère