Antonio Deltoro
(Ciudad de México, 1947)
Primavera
Me suenan a milagro,
pero en estos cantos
anida otra catástrofe.
¿Qué hacen silbando aquí?
Vienen de abajo,
en dirección contraria
a las barrancas;
¿conquistando la cima?
Su aparición
parece buena señal
para la piel friolenta
y los frutales,
pero algo me dice
que son malas noticias.
Los pájaros de voz más grave
volarán hacia el norte
desplazando, a su vez, cantos nativos.
Los seguirán los árboles
que poblarán el Ártico.
Zopilote
Descubrí que era el mismo
el doctor de los signos silenciosos,
sereno, resistente, infatigable,
sosegado maestro de los giros,
y el retórico, histérico, rijoso,
pequeño saltarín endemoniado,
danzante en la carroña
con sus patas y pico:
los dos zopiloteando;
pendientes de las vísceras,
de lo muerto o lo herido.
Pero en lo alto del calor,
en Cuernavaca,
encima de la barranca y la alberca,
planeaba, para mí, sólo el artista.