Héctor Iván González
(Ciudad de México, 1979)
Elogio de la forma
Traer a cuento ciertas formas
presenciar la danza de la luz
a través del ígneo calidoscopio
Guardar silencio y oír el agua
que salta en la frente granítica
Seguir con pasos huraños
ahora que insiste el pensamiento
y se aleja entre muros vacíos
entre taludes interminables
que desciende como un puño de arena
como el elogio de la forma
hacia mi certeza resquebrajada
como un pájaro ocre en medio
de una rama
está herido o de tocar claqueos
pía su canto agostado
Una suerte de llanto
un manar latente que no ceja
un difundir un trasiego oscuro
Blanca caligrafía que despunta
da un rodeo y sigue declinando
Espalda que se hiere y se leviga
como un riachuelo
Frescura umbrosa que festeja
gruta olvidada que infiere
mordida al festín pétreo
Monumento a la concavidad
bajo su follaje deslizo palabras
hasta invadir sus hojas de seda
Abandono la conciencia que ase
llego hasta mi silencio neutro
donde el lenguaje pierde sentido
Un vaso de agua
Un vaso de agua
noctámbulo
enemigo de la noche
testigo de un crimen secreto
Corriente congelada
en su sitio
Agua que se ahoga
como el que llora y bebe
sus lágrimas eléctricas
Así el vaso besa el aire
Aire que horadaba
que gemía en penumbras
matiz martirizado
Elemento
Altivo eslabón de luces grises
Y sus sueños
dictan el compás silencioso
Me dices que la corriente suena
yo sólo oigo sombras
mi ojo de agua es el Nilo
Solo una vez
Vaso
Urna que no necesita
tanto el agua lo posee
Alondras en el vaso
ahí quedan quietas
una nube les da nombre
Y debajo del puente
frente a un parque abandonado
pienso una vez más
en un vaso de agua
noctámbulo