31 agosto, 2018

Y Dios creó a la Diosa del Eros del siglo XX

de Carmen Berenguer | Inéditos

Un día me hice este moño que vi en una película de la Brigitte Bardot
era un nuevo moño iluminando los años sesenta
en mi despertar sensual.
Es un moño tubular de lado con horquillas
unos mechones en el rostro
mechas sueltas
un desorden
unas lianas enrizadas
locos adornos sensuales y libertarios.
Viendo cine europeo y gringo aprendí
el fulgor de los espejos.
Tomar el pelo en tus manos
y hacer como si estuvieras realizándote.
Luego mirar tu rostro y encajarlo en la cabeza
usando sutilmente las horquillas.
Y como si pensara en ese recogimiento
vas reafirmando el rostro indígena
tomando un manojo al derecho
otro al izquierdo
lisos y ondulados como la Diosa del Eros:
peinarse
era una forma de dialogar en torno al rostro
consciente de que no era solo
un deseo efímero de parecer
ella
creada por dios.
Quién me habría creado a mí? El dios Lautaro?
Hacerse un moño es un arte
una estética del objeto pelo
en el contorno de tu simetría de ojos
pero me había acostumbrado
a que no todo lo que veía existía
prevaleciendo mis descomposiciones
en mi nariz ñata
mis ojos orientales rompiendo una necesaria armonía
en mis mejillas altas redondeadas
me espejeaba unos labios
a veces triste
a veces sonriente
mis orejas solícitas al sonido
mi cuello desaparecía en el cuerpo
según su compostura
mis manos eran únicas en lenguaje
remedo de congojas
mis labios se juntan son amigas
mi cintura
y Narciso frente al espejo.
De súbito cae esplendente un manojo de pelos
sostengo en mi mano un tiempo de brisas
un invierno de temporales
una lava intensa desde el volcán
un verano de sol y candente.

Y un día te conocí sentada en las gradas de la universidad tragándonos
se quedaron pegados mis pelos negros en tu abrigo
intempestivamente nunca más nos separamos
ni pa miar
ni pa comer
nos alejamos
cesábamos hasta llegar a la esquina
y abrazados y calientes veíamos imágenes e historias universales
“tan cerca y tan lejos”
que me instaban a corregir mis mechas
a la par de los años de representaciones de imágenes del primer mundo en el que reparaba mis dilemas de ser  y dejar de ser la muchacha
que lloraba mirando el velador creado en el siglo XVIII
para alumbrar con velas este paraíso.


Carmen Berenguer Santiago de Chile, 1942. Es poeta, artista visual y activista cultural. En Obra poética (2018) reunió su obra escrita entre 1983 y 2015. Ha obtenido la Beca Guggenheim en 1997 y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2008.