22 agosto, 2018

Cinco poemas de Ausencia

de Luljeta Lleshanaku | Traducciones

Presentación y versiones de Lucia Duero.


La maldición generacional en un país aislado y la poesía que cruzó fronteras

Luljeta Lleshanaku nació en Elbasan, Albania, en 1968, y su condena comenzó al nacer. Su infancia transcurrió bajo el arresto domiciliario y, tras alcanzar la mayoría de edad, el gobierno le asignó un trabajo: primero en una granja, luego en una fábrica de conservas, y finalmente en una fábrica de alfombras, en Kruja. Se le prohíbe estudiar.

¿Por qué todo esto? Su tío paterno, Alush Lleshanaku, educado en Italia, era el líder de la sedición anticomunista albanesa con sede en Bari, Italia, después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en 1950 cayó en una trampa del servicio secreto albanés y fue ejecutado. La versión oficial de su ejecución difiere de la historia real. Su cuerpo fue embalsamado y expuesto cinco días más tarde, cuando se comenzó a difundir el informe oficial sobre su muerte. Su familia fue deportada a campos de internamiento en Berat, donde murieron sus padres sin aspirar a una tumba. El padre de Luljeta tenía seis años cuando fue deportado, y la hermana de éste terminó en otro campo de trabajo.

Abaz Kupi, hermano de la abuela de Luljeta por el lado materno, fue el cabecilla de la resistencia antifascista contra la ocupación italiana en 1939. Y fue también el líder del partido Legaliteti, declarado ilegal cuando llegó al poder el partido comunista. Kupi fue condenado a muerte. Él, como muchos políticos de alto rango que no se adhirieron al partido comunista, se vieron obligados a huir de Albania en 1944. Como consecuencia, la familia de Kupi fue deportada a los campos de Berat y Tepelena (este último considerado como «el campo de la muerte»). En Berat coincidieron las familias materna y paterna de Luljeta. Su tío y su abuelo fueron encarcelados a los diecisiete y diecinueve años, respectivamente.

Intentando poner fin a este calvario, el hermano mayor de la madre saltó desde tercer piso de la prisión para acabar con las torturas que era ya incapaz de soportar, pero sobrevivió. Lo apresaron de nuevo poco tiempo después y, mientras tanto, torturaron al resto de la familia: la madre de Luljeta sufrió descargas eléctricas a los ocho años, mientras que su tío fue colgado boca abajo y golpeado. La misma situación de persecución se repitió durante los siguientes cuarenta y siete años.

Por todo esto, Luljeta no estudia. Trabaja en la fábrica. La vida pública es para los demás, para ella está vedada. Escribe poemas. Un día, a sus veinte años, Luljeta envía esos poemas a la radio nacional: un acto sin esperanza. Sabía que el peso de su apellido no permitiría que fueran leídos públicamente. Pero al cabo de tres meses sin noticias, la familia entera queda petrificada cuando en la radio suena el nombre de Luljeta Lleshanaku. Sus poemas resuenan en la radio nacional de Albania, y nadie entiende por qué. La incomprensión se convierte en esperanza; esperanza de que haya algo más allá del castigo recurrente que conocía. Suficiente motivo para vivir. Suficiente para tomar el autobús a la capital, a Tirana.

Luljeta, llena de determinación, va sentada en el autobús a Tirana para dar una lectura pública de sus poemas por invitación de la revista literaria Zëri i rinisë. Sin embargo, el evento se cancela sin mayor explicación. Furiosa, llama a la revista, que no ha cumplido su promesa. El hombre que le contesta será en unos meses su marido, de quien no habrá de separarse ya: el conocido escritor albanés Lazer Stani.

Se casan en Tirana en 1989, a Luli le prestan un vestido de novia. Lazer insiste en que no cambie su apellido. Unos días más tarde, Luljeta va a recoger su nuevo pasaporte pero, en esa ocasión, la interrogan, la amenazan y le piden colaborar con el servicio secreto. Trémula, Luljeta se marcha, sin pasaporte.

Al día siguiente, su esposo, en ese entonces periodista en uno de los tres periódicos nacionales de Albania —que era también el órgano del Comité Central de la Juventud—, visita al oficial que amenazó a su esposa. El escritor cuestiona el comportamiento del oficial dentro de las normas del régimen comunista, pues se supone que no está permitido interrogar o castigar a los familiares de quienes han cometido actos considerados criminales por el régimen. En represalia, el oficial informa a la administración sobre el matrimonio sospechoso de un periodista. El esbirro del régimen gana. Lazer tiene dos opciones: abandonar a su esposa y mantener su trabajo, o dejar Tirana.

Lazer y Luljeta parten camino hacia Pult, el pueblo de los padres de Lazer, en las montañas del norte de Albania. Es 1990 y la economía albanesa está en banca rota; el pueblo carga, como siempre en estos casos, con el peso de la crisis. El sueldo promedio de un granjero en aquel entonces correspondía a menos de 30 dólares al mes. La población se vio a un paso de la hambruna. Precisamente aquel verano, 5,000 albaneses entraron ilegalmente a las embajadas de los países occidentales en Tirana. Tras varias semanas de un tira y afloja diplomático internacional, y de gestiones por parte de la ONU, estos 5,000 disidentes fueron evacuados del país. La mayoría de ellos terminó en los Estados Unidos, Italia y Alemania. Fue el primer acontecimiento que expuso al mundo la miseria albanesa.

Cuando Lazer y Luljeta arriban al pueblo de Pult, no hay más que dos patatas en toda la casa. Y Luljeta está embarazada. Sin embargo, se quedan allí. Luljeta adelgaza cada día. El pan de maíz y la carne de puerco no bastan (al animal lo alimentan en secreto: la propiedad privada es un delito en la Albania comunista). Allí esperan la llegada del invierno con la esperanza de cruzar la frontera con Yugoslavia.

Mientras tanto, el gobierno no pierde tiempo y difunde la noticia sobre la muerte de Lazer y Luljeta: una estrategia para aislarlos por completo. Su familia en la casa en Elbasan llora en secreto: deciden ocultar la noticia ante su madre y su hermana. Pero algunos albaneses conocían las tácticas del gobierno. Un día, en el pueblo de Pult suena el teléfono. Son unos amigos de Lazer, que llaman para averiguar entre los aldeanos si están muertos de verdad. Finalmente hablan con Lazer y le dan buenas noticias: le consiguieron trabajo y tiene que volver a Tirana. Pero, ¿cómo? Sin dinero, sin un vehículo que pase por las montañas…

De camino a Tirana se detienen en Elbasan. Cuando Lazer desciende del camión, uno de los primos de Luljeta empieza a gritar “¡Lazer, Lazer!”, como si de verdad se tratase de una resurrección, y la madre no entiende la felicidad exuberante de toda la familia. Al llegar a Tirana viven en secreto en el dormitorio de los chicos, el único lugar donde se pueden hospedar. Luljeta, con su primera hija Lodia aún en el vientre, entra y sale por la ventana.

En 1991 cae finalmente el régimen comunista de Enver Hoxha en Albania y Luljeta comienza a estudiar en la Universidad de Tirana, ya con una segunda hija a su cargo, Lea. En 2002, Henry Israeli traduce su poesía al inglés y la prestigiosa casa editorial estadounidense New Directions publica su primer libro de poesía en inglés, y en 2010 la misma editorial publica su libro La hija de la naturaleza. Desde entonces, Luljeta ha sido traducida a una docena de idiomas.


Fresco

Ahora no hay gravedad. La libertad no tiene sentido.
No peso más que un cabello
sobre un cuello almidonado.
Unos labios se encuentran en la elipsis al final de una confesión
asfixiante; en la arena, un cangrejo cierra herméticamente sus pinzas
y da un paso adelante y dos pasos a la derecha.
Hace mucho tiempo que me rompí por primera vez en un temblor
con el toque de tus dedos;
no más timidez, no más curación, no más muerte.
Ahora soy ligera como una pluma india, y puedo fácilmente alcanzar la luna,
una luna limpia como el sexo de un ángel
en los frescos de la iglesia.
A veces puedo incluso ver asteroides muriendo como zánganos
en éxtasis por su amor, su reina.



Se apresuran a morir

Mueren uno tras otro;
echar paladas de tierra sobre ellos se ha vuelto tan normal
como espolvorear sal sobre el pan.

Son de la misma generación, mi familia, o más exactamente, de una época,
y los hijos de una época son como los perros amarrados al trineo:
en búsqueda del oro
o corren juntos o caen juntos.

No es matemático,
pero se parece más a los peines, los peines que doman la rebelión de cualquier cabello
después de un flirteo loco frente a un espejo.



El tejado de la casa de la mujer loca

Es medianoche, y el trabajador que vuelve
del segundo turno en la fábrica de conservas
comprueba qué fuerzas le quedan

tirando piedras contra las tejas
de la casa de la mujer loca.

«¡Malditos seáis todos, hijos de puta!»,
maldice desde el interior.

Ella es la historia, incapaz de culpar a nadie.
Ella es la llave maestra, la maldición colectiva
en una noche que apesta a sardinas y enzimas.



Cuando el amor empieza a…

Entra en mis días arrogantemente
como el silencio después del golpe
de mazo del juez.

Me balanceo en la brisa más ligera
a lo largo del campo de trigo
aguardando la cosecha.

Llega cuando pienso que estoy segura
cuando pienso que todo lo que soy es sólo espina,
fuerte, sin pecho ni vientre,
sin ombligo —
como una bodega repleta de alimentos
almacenados para el invierno.

Titubeo un instante
preparada para empezar de nuevo
con la paleta limpia de un pintor
huella oscura en su centro.

Luego emprenderé el mismo viaje
cuyo final tan bien conozco:
una bala fría llena mi bolsillo
la que cada buen soldado guarda
para el día en que se encuentra sitiado.



Libro amarillo

En épocas sin verdad no hay tabúes.
Quizá este libro amarillo es uno de los pocos que sobrevivió
aunque el acto de esconderlo
vive en nuestras mentes.

En medio de un calor achicharrante, la cena se sirve torpemente cada noche
a la misma hora, la hora en la que luz y la oscuridad nos cubren por igual.
Algo se cocina rápido; quizá la cabeza de un ternero, del que me voy
a llevar la lengua.
Dicen que si te la comes tu lengua crecerá
y si te comes los ojos serás un francotirador
y si te comes los libros te comerás a ti mismo
poco a poco, desde los bordes hacia el centro
como tractores cosechando en granjas colectivas.

Desde lo alto de la mesa, el cabeza de familia
toca sus verrugas mientras sermonea acerca de la evolución:
«El más fuerte muere, el más débil sobrevive.»

Nada distingue esto de una cena santa
en la que la comida y el vino se reparten por igual –
sólo la verdad es leída en secreto
por el perplejo, compartiéndola
como un libro amarillo.[1]






[1] Los “libros amarillos” estaban prohibidos durante el régimen comunista, en especial durante la llamada revolución cultural en Albania. Eran de literatura clásica rusa o literatura occidental que el régimen consideraba decadente. Estas obras se denominaron simbólicamente «libros amarillos» por el color amarillento que adquirieron mientras se mantenían ocultos. [Nota de la traductora].

* Ausencia se publicará próximamente en editorial Argonáutica.


Luljeta Lleshanaku Elbasan, Albania, 1968. Estudió Filología y Literatura Albanesa en la Universidad de Tirana y una maestría en el Warren Wilson College. Fue becaria en la Universidad de Iowa en 1999 y del Black Mountain Institute en la Universidad de Nevada, Las Vegas, entre 2008 y 2009. Es autora de ocho libros de poesía traducidos a trece idiomas. Ganó el premio internacional Crystal Vilenice 2009, Premio Nacional Pluma de Plata, Premio Autor del año otorgado por la Feria del Libro de Tirana en 2013, Premio Kult 2013 y Premio Feria del Libro de Pristina en 2013. Fue finalista del Best Translated Book Award en 2011 en los Estados Unidos.


Lucia Duero Eslovaquia, 1988. Es escritora y traductora literaria.