El peso de la yegua

Animales encapuchados/
se paran frente al terrerío/
Observan cada movimiento/
listos para atrapar a sus presas/
Avanzan a zancadas/
levantan a siete/
casi adolescentes…

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Acarreando carbón en el paraíso

los niños que encierras/
tras las rejas y los muros y/
el alambre de púas no/
te tienen miedo, de hecho,/
sonríen/
en cada campo de refugiados/
en cada centro de detención/
en que intentas retenerlos/

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Em, eh

Em, quizás, este, podrías, eh, cubrirte esa, ajá, esa cicatriz? Em, no son, este, suficientes cigarros, eh, por una noche? Eh, este, no hizo, eh, Vito Acconci eso ya? Eh, no hay, este, otros lugares donde podrías, ajá, poner eso? Em, este, tu, eh, acento, este, nadie, ajá, nadie te está entendiendo. Em, no es eso, eh, pasta de dientes en el cuello de tu, mm, camisa? Eh, creo que, em, tu hermano es, ajá, ese que, eh, está deteniendo el tráfico.

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Mi cabeza rodará por una palabra grave

Escribir una carta es tan difícil como amar./
Escribir una carta es más difícil que amar./
Escribir una carta es agarrar a alguien de la mano, abandonar la casa, recorrer la vereda esquivando las grietas, buscando las sombras, hasta llegar al mar

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Merienda con Virginia Woolf

Te digo, madre, bebe la luz tibia que se agita en el vaso,/
come estas manzanas, guarda en tu boca un poco de miel y anís./
Tú prefieres regar los helechos, aplazar el hambre,/
lavar la casa, limpiar las grietas hasta que se derrama la noche./
Estoy segura: perseguir el polvo es un viejo truco/
para no escuchar la rabia de tu estómago.

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Un material perecedero es el cielo

Los libros han sido durante trillones de segundos la única forma de transmitir un susurro. Ya desde los tiempos de los antiguos ovnis que funcionaban a base de carbón, se esgrimían libros y libros ante la llegada inevitable de la Parca, la Peste y el Postre al hogar.

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Cinco poemas de Ora serrata retinae

Publicado en abril de 1980 como parte de la colección “amarilla” de Feltrinelli y reimpreso en julio del mismo año, Ora serrata retinae contiene noventa poemas redactados a partir de 1974. Algunos de estos materiales (en particular los relativos a la primera de las dos secciones que conforman el volumen) ya habían aparecido en revistas y antologías, pero con motivo del libro fueron modificados considerablemente. Hoy, casi diez años después de su aparición, la edición original se reproduce sin modificaciones, salvo porque se corrigieron algunos errores.

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Presagios de altura. La poesía de Mariela Dreyfus

Estos presagios de altura nos presentan de manera sucinta una poética que ha ido cambiando, renovándose y sorprendiendo, cada vez, por su puntería, la cual da al sentido su exacta dimensión. Es la poesía la que ha mantenido el vínculo entre Dreyfus y su tierra natal, superando el exilio y creando un cordón umbilical a través de aguas y ríos, hasta llegar al Hudson.

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No sé cuánto tiempo viven las flores

Desde hace algunos años mi padre duerme
en el panteón municipal

cada tres meses vamos a visitarlo
pero le lloro cada semana

viendo la tumba
pienso en las flores marchitas
y en el tiempo que nos queda
para seguir visitándolo

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Cristina Falcón Maldonado: poesía adversativa

Cuando alguien se desprende de la casa familiar, deja atrás el lar nativo, el entorno vital poblado de afectos, querencias, dinamismo existencial… para entrar en los vastos dominios de la errancia y el exilio, se topa de frente con la tragedia. No hablo necesariamente de angustias, temores, punzadas en el alma y en el corazón, ansiedades sin más futuro que el vacío, esperanzas sin visos de cumplimiento, sinsabores desconocidos, acedia espiritual… Hablo de tragedia: ese estado agonal —a veces, también agónico– en que se baten en tensión el sí y el no, la expectativa libre y el error fatal en potencia, la fuerza y la debilidad, la convicción de estar en lo cierto –de haber decidido bien– y los impíos desmentidos de las falsas tierras prometidas, en general, hoscas con el extranjero y todo avatar de “lo otro”, lo extraño.

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