Aire conocido
1
Mamá me hizo hoy
la misma pregunta
diez
quince veces
luego
volvía a borrarla en su cabeza
dejando una nube de gis
entre nosotros
Y cuando le respondía
me miraba con asombro
preguntándose
tal vez
si yo era yo
su hijo
su más extraño
Conozco esa pregunta
también esa cara de sobresalto
y esto es lo que tengo que decir:
tampoco yo lo sé, mamá
Bajo ese pacto de ignorancia nos parimos.
2
Con ciega
obstinación
cada noche
cerrabas
una a una
las puertas
De niño
te vi tapiar las ventanas
temerosa de la luz
y del deseo
Mamá loba
terca idea
de la felicidad
mi feroz ternura:
siempre fue demasiado tarde.
Es noche otra vez
la casa se estira para olvidarse
y tu corazón
precavido
como tus geranios reumáticos
quiere dolerse
y ya no sabe.
3
¿Cómo se fue metiendo mi madre
en ese bosque aterrador?
Vamos siguiéndonos en silencio
y cuando ve una puerta conocida
grita
nomás por escuchar su eco
moronas del pan familiar
echadas al azar
como en aquel primer día
que le seguí los pasos
para meterme al mundo.
(Archimboldo, otra vez)
Mientras preparo la cena
y rebano las cebollas y los jitomates
y pliego la lechuga
como si le bordara una cofia al plato,
pienso en mi madre,
en su tristeza de los últimos años,
cuando ya no podía cocinar para nosotros.
La cocina se le llenó con el denso vapor
de los calores que la ganaron
cuando aún era una mujer hermosa.
Pienso en sus hijos
devorándola con rabiosa mansedumbre,
y vuelvo a su silencio,
y me pregunto qué pasaba por su cabeza
cuando habíamos terminado de comer
y ella se iba a bregar
con la devastación grasosa de la costumbre.
¿Había alcanzado sus confines?
¿Era buena esa Arcadia
que se empeñó en levantar
tres veces al día,
como si una riada
destruyera su hormiguero una y otra vez?
¿Fue yegua o loba en ese amamantar sin descanso?
¿Tuvo nervios para el amor?
¿Tuvo amantes?
¿En qué pensaba al picar las verduras,
al macerar la carne, al templar el fuego?
¿Tenía estas ganas de dejarse vencer, como yo ahora,
por el picor de la cebolla, por el desangramiento de las remolachas?
Estas ganas de derrumbarse entre la despensa,
en medio de los frutos feroces y las yerbas de insoportable olor,
quieta al fin,
como un Archimboldo en escorzo
al centro de la cosecha salvaje,
lejos del ruido y su maligna felicidad,
para hacerse un retrato,
un retrato en clave baja,
de serena
y purísima soledad?

Autor
Juan Carlos Bautista
Tonalá, Chiapas, 1964. Poeta y narrador. Beneficiario de las becas Salvador Novo en 1986 y 1995, y del Programa Jóvenes Creadores del FONCA en 1993 y 1995. Autor de los libros de poemas Lenguas en erección (1990 y 2008), Cantar del Marrakech (1993 y 2005), Bestial (2003) y El horroroso caso y otros poemas (2017), así como del libro de aforismos Aluvión de pensamientos inútiles y sublimes (2010) y de la novela Paso del Macho (2011).