La cotidianidad ha ejercido, desde siempre, una gran atracción sobre la poesía. Sin duda porque el hombre percibe que en ese actuar, en las menudas cosas que forman nuestras rutinas acecha algo de nuestra esencia y nuestra sensibilidad a la belleza.
pienso que yo no era un monstruo/ arrogante recorriendo el mundo llevando la palabra a chicas y chicos/ no era el monstruo del salón de belleza con uñas rosa para atacarte
la ceniza de documentos quemados prensada en un anillo/ el humo azul llenando los pulmones de los recién casados/ los huesos de los sin nombre muertos bajo los campos de arroz/ el hermano que nunca fue encontrado
La poesía redime desde su capacidad de nombrar. La palabra y el verso, el lenguaje y las letras son posibilidad de reconstruir el mundo y comprenderlo, de hacerlo uno nuevo.
Es raro volver a la casa paterna, recorrer el espacio cubierto de sombras que se desprenden/ de la copa de los árboles, que se mueven entre las máquinas,/ bajo las ramas del encino,/ y dibujan un tiempo tan diferente a éste que se desborda con la noche.
Sabines construye su obra como un registro de los días que alude llana y sabiamente a la crianza de sus hijos, al lloro de sus muertos, a sus amistades, a sus amores y cuitas, a sus ocios y sus juegos. Por eso, los temas que surcan su obra pueden resumirse en los grandes trazos del amor y el sufrimiento
La búsqueda de “su imagen en los bordes del colchón” nos lleva al inconsciente, esa agua primigenia donde “más líquido” significa “más probabilidades” de encontrar las respuestas que permanecen suspendidas entre el sueño y la vigilia.
El lenguaje de los afectos Mi perro renuncia al rayo.Deja al sol en su sitiopara despedir el naufragio de lombricesque abandonó la lluvia. Se cansa y chilla.Me mira a los ojos. Yo le entiendo. Por él renuncio también al rayo,tomo la vasija sag …
Cada día de la semana cuenta con su particular carga emocional. Esto no es igual para todos, está claro. Para mí los domingos, por ejemplo, representan el reseteo del mundo.
Para celebrar los cien años de esa prodigiosa correspondencia, queremos compartir con los lectores algunos pasajes de la relación epistolar mantenida durante los cuatro meses del verano de 1926 entre Marina Tsvietáieva, Rainer Maria Rilke y Borís Pasternak
La metapoesía carneriana bebe fundamentalmente tanto de tesis estructuralistas como de algunas postestructuralistas que permeaban el ambiente intelectual de las décadas de 1960 y 1970.
Éramos fantasmas de la Revolución/ en una ciudad inmensa y pampa./ Fantasmas endocrinológicos de mala digestión,/ noches de sueños colorados,/ mástiles, barcos con la quilla en alto/ en el Báltico.
Si todos fuéramos al mismo lugar,/ sería porque Buda nos ama/ más que a nadie./ Porque iríamos al mismo lugar al que van/ las hermosas flores/ y las aves que nos dan su canto/ y a las que luego les disparamos
Para nuestro autor, la experiencia del mundo está relacionada, no con lo que se sabe del mundo, sino con lo que se intuye del mundo. A fin de cuentas, no hemos podido resolver, como humanidad, los asuntos verdaderamente importantes: ¿qué es el tiempo?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es la muerte?
porque si el hijo ambicioso debe asesinar al padre/ con el método más cruel posible/ ¿qué deberá hacer la niña cuando descubra que los espejos también son pozos?
Esta palabra alguien la tenía antes que yo. Era en mi familia,/ ya murieron./ No nos queda más lágrima para llorarlos./ Desde entonces, la palabra, desconfiada del tiempo, anda muy esquiva.
En el fondo de todo ese universo que el infante utiliza para mostrarnos sus visiones metafóricas, la obra nos enseña, por un lado, a una figura paterna que se eleva inquebrantable, amante de las ciencias exactas, incapaz de reconocer una emoción ante el hijo, y por el otro, a un niño frágil, fantasioso, que se dobla ante el dolor y siente compasión por los seres que no pueden defenderse.
Sepan que los niños afuera me llaman “Agua mala”. Yo he visto el futuro de su descendencia fluir en su hueso más largo hasta alcançarme. Sepan que en el ombligo del reino ella es agua mala.
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.
goteando leche de la teta / quiero decir / gorriona estrangulada que no habla de los símbolos / sino más bien de los actos de fuga / del descuartizamiento del desarraigo
Aunque, como es su caso, muchos de estos autores (hombres y mujeres) han sido capaces de hacer del exilio el lugar de la creación, su poesía no ha dejado de verse afectada por cierto grado de desaparición, y continúa oculta para lectores y críticos en su país natal y también en España.
Desde los inicios del poemario se traza una ética y una estética del desgarro. No hay lugar para la nostalgia reconciliatoria ni para la imagen sagrada de los vínculos.
Hombre de estado, dicen,/ bobo empotrado en una sinecura/ que vacía las despensas del vecindario./ Altavoz de mentiras oficiales que escala desde el don señor mío/ hasta grata excelencia
Ríndete, dice la voz./ Ríndete a la amalgama de colores de las imágenes/ que te poseen en sueños ininteligibles y recurrentes/ al caos mental de haberte expuesto a tantas experiencias lejanas/ a la marisma al cansancio a los circuitos que se desconectaron/ y se volvieron a conectar.
Detrás de la superficie blanca/ la pared se pudre/ la vida crece en el abandono/ como si no hubiera pasado nada en mil años/ como si el proceso de la evolución apenas comenzara
El primer testimonio público que David Huerta dio de su admiración por la obra y la figura de José Gorostiza data de los días posteriores a la muerte del poeta tabasqueño, ocurrida el 16 de marzo de 1973. Se trata del escrito “A José Gorostiza. Esquema para desarrollar un homenaje”, publicado en La Cultura en México
Los dioses les conceden/ a sus calmos creyentes/ el que nunca les tiemble/ la llama de la vida/ perturbando el aspecto/ de cuanto la circunda,/ sino que esbelta y firme,/ como preciosa/ y antigua piedra,/ guarde su calma/ belleza continua.
Hace varios días/ soñé que mi cabello se convertía/ en mierda de pájaro,/ pude ver claramente/ cómo me veían todos con asombro,/ con un morbo extraño,/ con los ojos fijos/ en mis brazos cortados,/ en mis hombros raídos por la depresión/ y en ese patético gesto de tortura.
Afuera, las ramas de la noche incierta/ arrullan sus frutos en brutal mansedumbre./ Son mis pasos los que se agolpan/ en la frialdad del solado,/ industria de mis ojos/ que atisban la luz del resquicio.
Carlos A. Colón Ruiz San Sebastián, Puerto Rico, 1997. Poeta y editor. Fundador y director de Editorial Pulpo. Estudiante graduado de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico recinto de Rio Piedras. Autor de Hambre nueva (2019), Visión de …
Para que el mundo exista se necesitan por lo menos tres, siempre tres. Todos los amantes quieren volver al Paraíso, lo que equivale a prescindir de Dios y de la serpiente.