septiembre 2026 / Reseñas

Lo que siempre resiste sin quebrarse

Mónica Nepote, Las trabajadoras, Ciudad de México, Editorial Heredad, 2024, 64 pp.

En Las trabajadoras, Mónica Nepote (Guadalajara, 1970) escribe como quien conjura. Une, hila y cose una obra sobre la experiencia femenina, atravesada por la máquina de escribir, la maquila, el cultivo de plantas y la búsqueda de los desaparecidos. Estos quehaceres se entrelazan para mostrar cómo las flores, las oraciones y las máquinas, movidas por manos femeninas, sostienen no sólo la estructura del libro, sino también una genealogía que conecta lo emocional, lo familiar y lo espiritual con nuestras ancestras.

El poemario, publicado en 2024 por la editorial Heredad, en la colección Siembra de Lluvia, transita por distintos géneros —verso, narración, ensayo y epístola— diluyendo sus fronteras, pero manteniendo tanto su poética como el tono político, que denuncia la invisibilización del cuerpo y del trabajo de las mujeres como mecanismo de supervivencia dentro de un sistema capitalista-patriarcal. Esta postura se muestra en la escena de una niña cuya mayor rebelión consiste en volverse borrosa para “fugarse del depredador”, pues “el monstruo siempre radica entre la familia”. Esta idea también se sugiere en “Hoy no trabajé”, donde una mujer falta a su empleo, pero en casa limpia, lava y ordena. Aun así, la voz concluye que “fue un día perdido”, revelando cómo el trabajo doméstico se borra incluso para quien lo realiza. Estos poemas reflejan la forma en que las mujeres se convierten en sombras para sobrevivir, aprendiendo a ser una “mujer-lámpara-objeto-plancha-lavandera”.

Más adelante, leemos: “Serás la mujermáquina que sueña libertad de moneda”. Aquí se impone la necesidad de recordarle al consumidor y al sistema de mercado el deseo de estas mujeres por ser reconocidas como humanas y no como recursos humanos: “un ven rescátame/ me vuelven máquina/ ven tú de un lado vivo/ desconéctame”.

La autora nos enfrenta a estas mujeresmáquinas que tienen hambre, cansancio, lutos, dolores o enfermedades, y que quieren manifestarse en medio de un sistema que exige producción infinita, sin rostro ni pausa. En otro poema se recupera la frase: “Yo hice esta prenda que vas a comprar pero ¡no me pagaron por ella!”, escrita por trabajadores y colocada en etiquetas de marcas como Zara, Next y Mango, quienes buscaban visibilizar su labor. Así, el poemario no sólo expone la explotación laboral, sino que reivindica la humanidad y la voz de quienes, para el sistema, son traslúcidos y mudos.

En el libro se construye un eje cautivador en torno a la memoria textil femenina, expresado en el poema: “Los colores de los vestidos que me gustan dicen tanto de las bocas silenciadas”, donde advertimos cómo las mujeres confeccionan o adquieren prendas con tanto esfuerzo que terminan por configurar una memoria compartida, reconocible en la costumbre que tienen algunas madres, de conservar los vestidos de bautizo o de boda como parte de la herencia a sus hijas. Son prendas que tocaron el cuerpo de otras mujeres, y desde las cuales —desde la tela que acompaña y protege la piel— la ropa se convierte en una extensión del cuerpo femenino, registro de su historia y territorio donde se disputan el reconocimiento, el resguardo y la continuidad.

Los escenarios del libro se desplazan hacia otros ámbitos femeninos como las máquinas de escribir y el cultivo de plantas, que, lejos de configurarse como espacios de control, se transforman en zonas de creación, encuentro y resistencia donde las mujeres se sostienen unas a otras. Cunas de Moisés, Hortensias, Camelias, Begonias y Aralias resuenan como quien nombra a sus hijas. Se escuchan igualmente oradoras, abuelas y rastreadoras que remueven la tierra en busca de un indicio de sus hijos desaparecidos, tratando de hallar “algo habitable, una vibración”. Paralelamente, otras rascan la tierra para sembrar una planta heredada, con “su botón y su promesa”, que se convierte en noticia y charla. Esto me recuerda un diálogo familiar entre mujeres: “¿Te acuerdas de aquella rosa que me diste? Ya tiene hijitos”, con el que juntas celebran la vida. La tierra deja de ser paisaje: se vuelve herida, huella y esperanza pero, también, vida, crecimiento y transmisión.

Nepote construye en Las trabajadoras una poética del trabajo femenino donde el cuerpo, la máquina y la memoria se conjugan para mostrar que la resistencia de las mujeres ocurre incluso en la invisibilidad. El libro es un reconocimiento y un homenaje a aquéllas que, pese a una sociedad que intentó quitarles el nombre y convertirlas en máquinas, resisten desde las trincheras de lo cotidiano: “cantando, furiosas, en la fatiga/ de lo que siempre resiste sin quebrarse”.


Autor

Esbeidi Lara

Xalapa, Veracruz, 1996. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas y en Derecho por la UV —especialista en Promoción de la Lectura— y maestra en Estudios de Literatura Mexicana por la Universidad de Guadalajara (UDG). Cursó el diplomado en Escritura Creativa en NOX Escuela de Escritura Creativa. Es autora del libro de poemas Contragolpe (2024) y fue becaria del PECDA-Veracruz en ese año. Ha trabajado como promotora de lectura, gestora cultural, docente y tallerista de creación literaria en diversos espacios culturales y educativos. Actualmente estudia el doctorado en Literatura Hispánica en El Colegio de San Luis.

septiembre 2026