octubre 2025 / Inéditos

Lo íntimo de lo extraño



¿Se habla del retorno como de una cicatriz

—violenta, muda

        larga en el tiempo—?

Con los pasos y la edad atados al sol

con nuevos surcos abiertos en la tierra de los ojos

todo vuelve

todo revive de su recuerdo empañado.

Una ciudad es un reflejo —Tezcatlipoca—, humo sobre la cara

de tu espejo perdido.

Extrañas cosas pasan

cuando se extraña de veras

incluso el rumor ruidoso de lo ajeno

el vómito agrio de tu luz verdecina

en las nubes lila de primavera

la piel del volcán —esas costras eternas—

y todo el mundo de restos

que yace bajo los pies —Historia:

Alguna vez dormí

en una habitación gris

con una mujer hermosa. Me llevó al bosque a través de una grieta

abierta en el temblor. Me dejó descubrir

como tesoros o ruinas, cada uno de sus tatuajes.

—El primero —me dijo— dice “desierto”. Se ha borrado tantas veces

con caricias

y ahí sigue…

Se afirma a menudo que el tiempo nos devora

como un pedazo de leña tendido a la lumbre.

Pero la acción del tiempo, un oleaje obsesivo

consiste en devolver:

tanto construir, tanto elaborar

espejismos de futuro

para regresarlo todo

íntegro

al presente.

¿Adónde

se regresa, entonces

si no hemos sido una sola vez

siquiera los mismos cuerpos

las mismas promesas enterradas

en el sedimento del tiempo?

¿Quién acaricia hoy tu sueño con mis manos

donde no fui yo

quien se quedó en este cuarto

en esta ciudad

a construir con fragmentos

de amores pasados —como costras eternas— el magma vivo de un corazón

o a cuidar tus cabellos del vómito después del alcohol

o a trenzar nubes lila en sus remolinos de vértigo?

¿Quién permanece hoy de todo esto? ¿adónde va lo que no vivimos

lo que no vimos caerse por dolor

o por pereza?

La ciudad se inscribe en los ojos

como se escribe la vida:

violenta, muda

larga en el tiempo.

¿Son siempre ajenas estas playas vacías?

¿Esta sombra desnuda, cargada de agua

por ejemplo?

¿Esta brisa que casi previene de perderse:

vestido rasgado a la talla de su inmensidad?

Las olas que ensayan un refugio momentáneo

con la curvatura de su cuerpo

ensortijan los tobillos.

Ya estamos dentro:

rompamos

dejémonos volar fragmentos

en la espuma recién parida del presente.

Lo íntimo de lo extraño en lo íntimo

la luz que amansa o agudiza las esperas

la casa soñada y guardada en un estuche

de sal y arrugas

es un verso (beit):

un zumbido que persiste

en las playas vacías

de cada palabra.

Un cocodrilo es un termómetro geológico

hidrómetro que mide sus flujos

al tiempo de sus lentas inmersiones cotidianas.

En él, las llagas abiertas de los incendios brotan

por las crecidas densidades de su sangre-mercurio.

Un cocodrilo es un termo-regulador de mundos

complejo sistema de válvulas

de glándulas

que secretan repentinas emulsiones anímicas:

miedo, enfado, excitación despiertan

su doble filo dorsal aguaterrestre

con la fuerza motora de un coletazo.

Piedra viva, piedra de sol

hasta craquelar su árida corteza de carne. Razón por la cual

algunas veces duerme con la boca completamente abierta.

Puede ser

que alguno que otro universo encuentre

por sus fauces

la salida.

Ser el gen recesivo en la doble hélice del alma

memoria lisa en el pliegue arrasado                                     

rascar de una voz-lagartija detrás del oído

  al amparo de un ruido mayor.

Polvo de huesos que el aire robó

a las manos antes

de transformarse en petróleo.

Humo

por donde el aire sangra

           tinta

de pulmón ahogándose.

Ser el gen recesivo en la doble desgarradura del habla.

Palabra de fuego que el silencio aprehende

sin rastro de combustión.

Una instantánea


Combien de fois j’ai mis les appareils par terre pour pleurer
Sebastião Salgado


escribir:

cavar el blanco con palabras simples

hacerse polvo del bullicio

cribar

cridar

desgarrarse la garganta

    desatarse la estridencia obscura de una parvada en llamas

derramarse en tentáculos las letras

la tinta marina

de toda tempestad.


*

Temblar

    rebaños tumultuosos de palabras

hatos rumiantes de palabras ciegas

que balan

que arriman

      su animalidad nocturna

toda su sed y su niebla

su espera que pasa

pero no apacienta.


*

Sembrar

saberse inclausurable surco

árida ruta surcada de resuellos

de norias arrastradas por el viento.

Donde acaba la palabra

           se propaga el grito.


Quedarse:

recoger los frutos del destierro

plantar un bosque donde antes estaba.


Al final    
                                            
disparar al vacío.

Dar en el blanco de lo que siempre estuvo.

Dejar allí, donde no hubo sutura

una impronta de luz:

* Poemas pertenecientes a Donde no hubo sutura, Guadalajara, Mantis Editores, 2024.


Autor

Dánivir Kent

Guadalajara, Jalisco, 1987. Poeta y ensayista. Autora del libro Fuego en la pupila: un acercamiento a El libro de las semejanzas de Edmond Jabès (2023) y los poemarios Donde no hubo sutura (2024) y Caducidad (2014). También ha publicado diversos ensayos académicos en revistas y libros colectivos. Ha impartido cursos en el Colegio de Letras Hispánicas de la UNAM, en el Programa de Cultura Judaica de la UIA y actualmente es docente de tiempo completo en la Universidad de Guadalajara.

octubre 2025