Se inclinaba hasta el espejo:
Oye, tú, tú ahí, despiértame,
dime que nada de lo que he dicho es cierto.
Mark Strand
Componente Uno
El Recolector de botellas
despierta la jornada
con la fanfarria quebradiza de su oficio
Comparte horario
con el raptor de esquinas que acecha
atento a la fragilidad
Galgo que huye entre vehículos
Rápido como un guepardo
después de arrebatar el celular
a su presa
La garra más afilada
cambiándose de manchas
mientras corre
seguida por gritos que se confunden
con el despertar
de botellas y vidrio.
Componente Dos
El Despertador
es el último chillido
de un animal pequeño y nocturno
Es el ave de caza que maniobra
guiada por la tecnología de su estómago
no tripulado.
Componente Tres
El Espejo
espera el rostro de su nuevo dueño
para mirarse en él y confiar
en que nada cambiará
En que la gente
no saldrá murmurando cosas
como las que dicen de la mano
Cuentan que pasó tantas veces
despidiéndose
hasta que el paisaje olvidó sus caricias
Que cuando se aferra a otras manos
y comparte con ellas sus planes
nombrándolos con los dedos
apenas
puede contar hasta cinco
mientras que con sólo uno
es capaz de señalar
en cualquier dirección
Que si muestra el dorso
no es para ofertar la juventud
en sus venas
o desafiar el castigo al querer tocar
sino para ignorar un futuro que ―Dicen―
lleva cifrado en la palma
(Al mirarla de frente, se deja leer
bajo la condición de no acercarse más)
A veces la mano se convierte en puño
o se tiende
para constatar la lluvia
A veces duerme
sobre la cara de su cuerpo
―El dueño del espejo, ése que no llega―
y le cubre los ojos
pero con sus dedos entreabiertos.
Componente Cuatro
La Luz de los motores
Disparando un misil de largo alcance
Amanecer artificial
no tripulado.
Componente Cinco
La Pantalla
―como el espejo―
Siempre se actualiza
Hoy informa de heridas que se alimentan
de otras heridas; las más tiernas
las que recién aprenden a cicatrizar
En otro canal del cable
pasan Documentales de guerra:
Un convoy de carga navega de noche
bajo ataque
―Los submarinos muerden―
Hay armonía en la zozobra
Entre cada impacto se escucha silencio
―Olas de auxilio, que exhalan los barcos
mientras se ahogan–
Sobre el telón de fondo pintado de hielo
los estallidos desatan festejos
Es fuego boreal
pirotécnico
como en Final de Campeonato
donde celebrar las explosiones
y evaluar el cómputo de naufragios
en sus distintos grados de hundimiento
Parecen copas de helado metálicas
luchando por mantener a flote
su Estado Sólido
Porciones de helado indefensas
entre una mano sedienta
y el sol.
Componente Seis
La Colección de piedras descansa
Alguien que las observaba
dejó la habitación
Las piedras saben más de lo que pesan
Portan sentidos adicionales
Detectan el silencio que emite el público
ante un escenario
no tripulado.
Componente Siete
La Torre del Centro Comercial
se ve enorme a la distancia
Como los edificios ya demolidos
que sólo buscaban ganar tiempo
―Esa droga que transcurre rápido
…imposible de reparar―
También la botella se vacía
después de un rato
o se derrama en la alfombra y se esparce
como manadas de herbívoros que migran
vistas desde arriba
De pie
la mancha crece:
animales líquidos en reproducción.
Componente Ocho
La Habitación y la Puerta
Una desconoce cómo se ve por fuera
cuando los extraños
imaginan su interior
La otra sabe
lo que ha dejado escapar.
Componente Nueve
La Baja temperatura
brinda la oportunidad de huir
Con dedos fríos
toca primero la espalda antes de llegar
―suplanta al invierno―
Los recipientes con comida olvidados
no valen
Sólo después de vaciar el congelador
o de encontrar un cuerpo que
habitaba esa grieta en el aire
El domicilio no tripulado
extendido entre paredes de Hospital
y el borde de la cuneta.
Después de la escarcha
Identifican las sobras
Pasan el arado sobre sus pertenencias
Demuelen
Desinfectan.
Componente Diez
Los Astilleros
contemplan sus logros desde tierra firme
El mar relincha en tonos graves de sal
―violento… vacío de náufragos y peces―
Lucha por arrancarse del lomo
un navío
sin bitácora
sin tripulación.
* Poemas pertenecientes a No tripulado (en preparación).

Autor
Víctor Hugo Díaz
Santiago, Chile, 1965. Ha publicado, entre otros, La comarca de senos caídos (1987), Lugares de uso (2000), No tocar (2003), Antología de baja pureza (1987-2013) (2013), Hechiza, poemas anticipados (2015), Lo puro puesto (2018) y El suelo pesa (2023). En 1988 obtuvo la primera Beca de Creación Taller Pablo Neruda; en 2002, la Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. En 2004 ganó el Premio Pablo Neruda por trayectoria y obra, otorgado por la fundación del mismo nombre.