agosto 2026 / Inéditos

Estampas romanas



Porque la filosofía es una religión

En la Sala de los Filósofos no se ven multitudes
Pocos y amortiguados pasos
No es este lugar donde aguarden dioses y emperadores
Fijados para la eternidad en nobles mármoles
Ni la sala oval que ofrece la visión
De aquella sublime belleza
Que no recubre su vibrante humanidad
Tampoco está ahí el guerrero
Claudicando al final del estruendo de hombres
– Ya inútiles, su espada y escudo depuestos
bajo la herida que lo extingue por el costado –
O aquella otra donde aguarda
El niño robusto llamado Erakles
Retando al fatum con brío.

Lo que se contempla aquí – si acaso –
Es un senado de rostros y testas
Hombres de su edad longeva
Escrutando
Haciendo del silencio elocuencia
Desde sus blancas y hondas pupilas
Impregnadas de melancolía
Azoro parquedad
Porque la filosofía es una religión.



(Sala dei Filosofi, 65, Museo Capitolino, Palazzo Nuovo; líneas dedicadas a Matteo Mazzonetto)

La gaviota romana (Larus michahellis)

La Belleza está en mí
y yo en ella
el evangelista se confundió
por los siglos y hasta hoy y el futuro

No una paloma ordinaria       plebeya
sino la majestad que me anima
fue elegida por el misterio
para traer al orbe efímero
el mensaje de transparencia

Mi reino es el Mediterráneo
desde tiempos anteriores a imperios y repúblicas
que sucesivamente se desploman
bajo mis alas más blancas que el mármol
y más tenues que la seda de Oriente

No me rebajo a mendigadas migajas
de sandios turistas en tropel
a quienes afrenta mi estampa
garbosa como ellos nunca lo serán

Soy el nicho del Espíritu
cuando el instante celeste
desciende a los mortales
en el cenit de la creación

Soy el heraldo
llamadme Narciso
el cielo y los lujos de Roma
son el espejo en que me complazco

Ecos

Hacia el este de la ciudad
en esta urbe que camina sobre sí misma
bajando la falda del Esquilino
– lo atestiguan Horacio y Suetonio el escrupuloso –
ahí – ahora un atareado crucero
de la via Merulana –
se abre una placita arrinconada

El caminante ocioso advertirá la placa
tras la reja oxidada:
vestigios son estos
del Horti Mæcenatis
el residuo de la mansión del Consigliere
a quien César Augusto reclamaba
en intríngulis señalados

La placa promete que si se cumplen
trámites y rituales
una visita guidata franqueará el paso
a la construcción oval
lo que sobrevive del legendario auditorium

Siete escalones de mármol cipolino
retazos de frescos del tercer estilo
ventanas abombadas para atraer la luz
al ninfeo favorito de aquellos cuantos
cuando ponían un paréntesis al tráfago
negocios y acuerdos disputas
ellos también dando la espalda
al ruido la pompa y vanidad

*


Si yo la traspusiera
en alguna tarde a ojos impávidos
y atónitos preguntaría mirando
si el espíritu de aquellos banquetes persiste
resguardando tokens of immortality
de aquellos que sabemos favoritos de los dioses?

Sobreviven del maremágnum de imperios y reinos
los suficientes ecos y jirones de voces
como para formar una frase
acaso el santo y seña
de aquel tiempo de oro?

*


Sí, sí, afirma tenaz el poeta
Los días malignos no os acallan del todo
en alguna parte aquí mismo
se refugian vibrando los destellos visionarios
los fragmentos del sueño de la vida
cuando eran ellos los soñadores
Nupcias celebraciones
seguirán cantando su oda

en aquella lengua de oro y lapislázuli
que sin cesar reverenciamos
joya de los tiempos que fueron Roma

Aquel esplendor de academias y cenáculos
sigue volcando hacia todos los futuros
destellos de aquellos varones
hermanos de espíritu
cuando Mecenas los congregaba
en días de fausto y ocio


*


Manifiéstate nuevamente
brillando como tibia hierba otoñal
admítenos así sea tardíamente
en el banquete del huerto
al pie del Esquilino
Podremos escuchar la melodía
el pulso de la inmortalidad escandido
en armoniosos hexámetros
cuando poetas políticos y patricios
fueron bendecidos por la Musa



(En itálicas, ecos de “Intimations of Immortality” de Wordsworth)

Isola Tiberina

Deja al Tíber seguir marchando
con subrepticios pies de algas y yerbas acuáticas
lentamente sobre sus propias aguas pesadas
como una oruga hacia su destino de mariposa
mas como si calzase las alas de Mercurio en los talones
imitando los pacientes viajes de sus lubinas y carpas

Deja al Tíber seguir pasando
no le pidas que se detenga ni que sea una figura
en el emblema de tus días
ni de la inconsistencia de los siglos
despeñándose uno a uno en el seno insondable
de la noche sin retorno

Míralo seguir yéndose
sigiloso e indiferente
a las glorias y monumentos
que honran a Esculapio o Bartolomeo el Desollado
fastos y edificaciones que los Césares papas y potestades
han fincado en este montículo de paja arena y barro
templos hoy perdidos que Roma han sido
doblegándose al sino postrero
de enriquecer el regimiento de ruinas de la urbe
las más celebradas del planeta entero

A sus lados se han erguido
palacios basílicas foros y anfiteatros
arcos triunfales de victoria pretéritas y proezas arrasadas
mercados pletóricos logias y plazas como cornucopias
villas huertos y fuentes inimaginables
figurando alegorías de los cuatro mundos
para honrar tus aguas con mármoles espejeantes
recamados de ónix y pórfido
obligando tu corriente a reptar ocultamente
para arrojarse desde lo alto
brillando a la luz de Apolo protector

Calla y mira al Tíber desde la isla diminuta
incesante en su mandato
emisario de potencias supremas
cuyo verdadero nombre ignoramos
pues los dioses ignotos y el destino
son por siempre impávidos y terribles
cegando como el oráculo
que arrancó las pupilas a Edipo desdichado

Cuando la vendimia del verano cede
cuando el otoño empieza y cae la lluvia primera
cuando se recrudecen las heladas invernales
y potentados comerciantes sacerdotes
amantes clandestinos y filósofos
ateridos y temerosos
creen refugiarse en frágiles guaridas y hogares
oyen el incomprensible soliloquio
del agua con el agua
en monótonas sinfonías sin fin

Este puñado de fango y vegetación precaria
este apenas islote a media ciudad
que se presume inmortal
se somete desdibuja y humilla
al capricho del viento y turbios temporales
la incesante marcha de las oscuras aguas

Mira al Tíber seguir pasando!

* Poemas pertenecientes a Derelictos —Tercera serie—, Ciudad de México, Bonilla Artigas Editores, 2026.


Autor

Alberto Paredes

Pachuca, Hidalgo, 1956. Poeta, ensayista, crítico literario, editor y catedrático. Es doctor en Letras por la UNAM y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución. Algunos de sus libros de poesía son Cantapalabra (2003), Tres cuadernos (2010), Los soles del nómada (2023) y Derelictos —Tercera serie— (2026). Asimismo, es autor del libro de ensayos La poesía de cada día: un viaje al modernismo brasileño (2000).

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