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Lenguas originarias
Sixto Cabrera González
Por Kalu Tatyisavi |
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No. 65 / Diciembre 2013 – Enero 2014 |
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Lenguas originarias
Sixto Cabrera González
Por Kalu Tatyisavi |
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Recuerdo el taller de poesía en Ihuatzio, Sixto fue el primer valiente en animarse a mostrar y leer el suyo y, como siempre, al primero o le va bien o mal, este es el riesgo. Nada más le dijimos que quitara la primera y la última palabra del poema. Ante la síntesis en los poemas de Sixto, imposible no recordar a Matsuo Basho, cómo no recordar la poesía breve japonesa —esto no quiere decir que ésta sea superior—, al ser humano curioso, inquieto, al niño que mira con ojos sinceros porque dice y descubre; el que está envuelto todavía con esa aura de naturaleza, el que pregunta el origen obtiene por respuesta la maravilla. Basho dice: “En medio del llano / canta la alondra, / libre de todo.” Como un símil, Sixto nos establece su poética: “Vestido de gala / entre la tarde y el sol / el ciruelo.” Vaya manera de condensar y observar, reducir el sentimiento porque no se desea decir más, por eso no queremos tocar eso que vemos, no queremos alterarlo. Queremos apresarlo (sic), qué palabra y manera de sentirnos dueño o de poseer algo que no deseamos su alejamiento o abandono. Quisiera preponderar el trabajo de Sixto con otro haikú, ahora de Kobayashi Issa: “Hasta mis pies / ¿cuándo y cómo has llegado? / caracolillo.” Cuando la hoja verde del árbol roza nuestras costillas y suelta la gota nocturna, ¿cómo capturar ese momento? Todo se vuelve sensación y duda, quien conoce realmente el equilibrio de la naturaleza, quien se pregunta por la sabiduría del ecosistema, no tiene más que admirar y observar lo visible, ahí está el tiempo acumulado, la sorpresa de la proporción y armonía; el misterio y la fuerza de la noche. Por eso Sixto dice: “Nocturna luz / nocturno sueño / en que el recuerdo / va cediendo / lejos de ti.” La inquietante noche que no es reposo para quien oye gritar el río, para los oídos atentos de los animales que salen a alimentarse. Noches de ausencia, noches diferentes en el campo a la de muchos jóvenes que ceden a la tentación del alcohol y drogas en las ciudades. El dolor de la tierra es nuestro dolor, así sea tu Atzompa o mi Yucuhiti estimado Sixto. El dolor por la marginación social y la conducta humana es la misma aquí o allá, por eso nuestro principio de esperanza es permanente. Tus montañas dialogan con la nubes por eso fundaste una biblioteca para escaparte y ser testigo al mismo tiempo; yo también hice lo mismo, tratando de buscar una salida a la realidad. Sixto parece ser la muestra de la constancia y la reserva, la paciencia y la no búsqueda de la autopromoción a como dé lugar. Ante tanta falsedad y mentira, la poseía real triunfará con el tiempo y a pesar de las mafias. Desde un espacio cerrado— que no está cerrado—, desde el silencio y la lectura se ve el afuera, se extrañan los momentos aunque uno está en esos momentos. La lectura y la quietud de una biblioteca ayudan a reflexionar sobre uno mismo. Pero hay otra realidad afuera, por eso a Sixto le parece asombroso la ventana: luz, bullicio, el otro. Si bien la biblioteca es la huida, el escape a la realidad, simultáneamente es, el saber sobre los demás en otra parte, el conocer lo que existe y ocurre más allá de uno mismo, de no sentirse el dueño de su momento y del mundo, de conocer que hay alguien más allá que nos mira, que nos habla y nos pregunta. Por eso la obsesión por la ventana, la necesidad también de no huir demasiado: “En la ventana canta el silencio, / a mi costado / en la silla vacía / sigue arraigada la esperanza / y el olor huérfano / de tu ombligo.” Atento y observador, profundo en lo más pequeño, mirada inquieta e inquirente hacia el otro y lo otro, sea mujer u hombre, árbol o animal. Sixto es caminante que no está sólo porque lleva y es, la ligera pluma; Sixto camina con su lengua en la lengua, porque se sabe centro de nada, porque desea, quizá, retomar la tradición del canto y de la flor, pero obviamente, este canto y flor jamás pueden ser los de Nezahualcóyotl. De aquél poeta, sabio y filósofo queda la constancia, ahí está su decir y la base de la tradición en lengua náhuatl, ahora, estos poetas deben insistir en esta realidad. Quien propone tiene posibilidad de fracasar, pero el fracaso tiene su contraparte.
Tlakuikal
Poesía
Youak
In xochikuikatl mochiua semjkak Itech tlajtol sisiototok
Itech tlaikximej momiktiaj
Youak tlauil
Nocturno
El poema se hace eterno En la palabra agrietada
En las pisadas suicidas
Nocturna luz
Panolistli moketsa itech amochkali
Ome
Eyi
El tiempo se detiene en la biblioteca
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Sixto Cabrera González (Atzompa, Veracruz, México), poeta en lengua náhuatl. Sus poemas: eróticos, breves. Él, sensible y expectante; sin escenarios y poses. Recuerdo a Sixto cuando caminábamos en silencio en las calles empedradas de Ihuatzio, Michoacán; fue aquí donde recién lo conocí y me recordó que, los viajes ilustran, pero no hay un método para adquirir conocimiento mas que la insistencia, por otra parte, se puede ser sabio desde un pequeño rincón —como en El Aleph de Borges—, sólo basta ser sensible, paciente y laborioso.