| …………………………………………………………. |
|
|
| Por Andreu Navarra |
| …………………………………………………………… |
|
No. 56 / Febrero 2013 |
|
|
|
Lo primero que llama la atención de este atípico poemario es la alegría con la que retoma el lenguaje y los métodos de la mejor poesía modernista y vanguardista (Darío y Pound se cuelan con descaro entre el discurso) para construir un elogio de Barcelona constelado de experiencias gozosas. Este tono lo ha explorado también uno de los mejores poetas españoles actuales, Óscar Curieses, pero la poesía de Jorge Díaz no tiene (no ha querido buscar) esa angustia o tensión como ingmarbergmaniana que caracteriza la poesía alucinada de Curieses, sino que lo que ha construido Díaz es una colección de impresiones fugaces, instantes nacidos con vocación de fragmento, y les ha dado un tratamiento lúdico. La verdad es que se la ha jugado, en este tiempo de tristezas, y ha salido victorioso. Que al autor le dé igual revisitar un tópico de la literatura contemporánea, el metro, a través de un lenguaje fácilmente identificable, no puede ser más que un índice de salud, de valentía. Porque Díaz es un artesano del verso, no un asimilador de modas. Que es perfectamente capaz de escribir un poema melancólico lo demuestra la excelente composición que cierra el libro. Porque Díaz es un poeta de verdad, un trabajador, no un versificador. Que Jorge Díaz construye con todo rigor sus versos lo demuestra el hecho de que los recitara de memoria, hasta es posible que los leyera o releyera de memoria. En la presentación barcelonesa que se hizo del libro, el autor confesó haberse divertido mucho escribiendo Transbordo. Claro: esta es la razón por la cual el lector disfruta tanto también al leyéndolo. |
|
Leer poemas… |
|
|
