Textos

 
María Negroni, Exilium, Vaso Roto Ediciones, 2016, 64 pp.

“No hay poesía sin silencio”, dijo en una entrevista la poeta argentina María Negroni (1951). La autora de Exilium responde que el silencio y la poesía son las dos caras de una misma moneda. Entonces, para que suceda el poema, primero es necesario que haya una salida, una ruptura, una grieta, un exilio. Para Negroni la infancia es el paraíso, pues no hay lenguaje y por lo tanto no hay tiempo. Todo está suspendido y ocurriendo. Por medio del balbuceo se llega a la palabra, al lenguaje, a la idea y, después, al entierro. Para la poeta el lenguaje nos entierra, sepulta lo que alguna vez fue. Y para volver a lo primero es necesaria la poesía:

¿Adonde estamos?
¿A mitad de la muerte?
¿A grandes pasos
de haber sabido?…

El oficio poético está en la interrupción de ese lenguaje convencional que se instala cuando aprendemos a hablar. Para la autora, la poesía es una epistemología del no-saber y con Exilium explora el desconocimiento desde un exilio colmado de lenguaje. Entre verso y verso —grieta y grieta—, Negroni hace un intento por volver a ese lugar sagrado. Entre las letras se cuelan resquicios de luz que nos señalan lo que pudo haber sido:

Tanto esfuerzo para llegar
   a esa lengua
donde alguna vez fuimos
   niños
de aladas palabras.

Es bien sabido que la poesía es resistencia, una exploración violenta en ocasiones, un intento por devolvernos al paraíso del que hemos sido despojados. Negroni, como Eva ―culpable de la expulsión del paraíso, consciente de la necesidad de pérdida, de que la poesía será, bajo esta mirada, un duelo constante―, se aventura y se enorgullece de hacer ver que el lenguaje es la más grande herida, pero también una herramienta poderosa. La cruz de Negroni es la poesía porque sólo desde ahí se puede hablar de la pérdida, del entierro, de la ausencia. A través de las páginas de Exilium, la autora quiere recordar lo que se ha olvidado, busca volver a ese pensamiento primero, al balbuceo. El poemario es “una militancia a favor de las cicatrices” porque el regreso supone aceptar la pérdida, rendirse ante los pequeños retazos que quedan y buscar hacer algo con ellos. Una desarticulación del lenguaje que oprime el paraíso interior.

   Nada hay
que no siga viviendo,

   incluso
   la muerte.

Negroni insiste y reafirma la necesidad de ruptura, de romper con lo establecido para encontrar los resquicios sagrados, las ruinas de un paraíso que se escondieron detrás de la formalidad de las palabras, la contención y el significado. La autora siente una necesidad de retorno hacia lo sagrado porque es éste el lenguaje universal. Dicho mundo se encuentra más allá de la sintaxis, de un solo significado, de una sola explicación. Volver a pesar del dolor de la derrota significaría tomarnos la mano como antes ―antes de la explosión, antes del mundo―. Reconectar para suprimir la ausencia, para volver cercano lo lejano, para comprender la belleza de la complejidad.

Es escaso lo humano
  en lo humano

Insolvente el afán
de escribir y seguir
  muriendo.

Tanta nerviosa insistencia
 para una acústica
  muda

Tanto renglón ingenioso
 y ninguna caricia

La palabra exilium, según la entrada de “exilio” en el Diccionario de la Lengua Española, viene del latín tardío exiliāri que significa ‘vivir en el destierro’. ¿Quién no vive en él?, ¿quién no vive un destierro constante, todos los días a todas horas? Vamos al exilio con el destierro dentro. Nos movemos en todos los niveles de exilio posible. Sin ese exilio interior, sin esa pérdida de inocencia y de paraíso tal vez no existiría la poesía ni la vida; no habría, entonces, necesidad de resistencia. No encontraríamos la fuerza para querer pasar del otro lado, ver qué hay más allá del lenguaje, qué templos se esconden en los recovecos de nuestra memoria. Del exilio nace la poesía y Negroni busca ayudarnos a regresar a esa infancia perdida, a volver a ser dueños de nosotros y de nuestras palabras. A lo largo del libro queda implícita la insistencia de siempre tratar de ir de regreso para que, mediante la suspensión poética y las ruinas de la memoria, podamos rehacer un lenguaje y vivir a pesar de la insatisfacción, del vacío y la ausencia.

todavía es posible
  amueblar
 una infancia

    eso
 que el lenguaje
entierra y sigue vivo
 en el escándalo
  del mundo.

Hay quienes rechazan la idea de que la infancia sea un lugar feliz; sería muy atrevido sentenciar de manera categórica que así es, pero la recuperación de esa infancia perdida, de ese lugar, nos pertenece. Nos pertenece a cada uno de nosotros revelar si fue feliz o infeliz. Dudar de lo que nos han contado, dudar de nuestro lenguaje. Saber que no alcanza y que el lenguaje es un artificio muy peligroso. Querer hacer poesía porque nunca nada es suficiente. Nos pertenece buscar el asombro del exilio porque “así comienza la biografía de las cosas: como una histeria luminosa, un error impecable de largo aliento”.

 

 

 
Aquí puede leerse la entrada anterior de este dossier.
 
Versiones al español de la autora.

Soy una mujer xty’añ

Soy una mujer xty’añ,
nacida en la zona fría de la selva,
territorio de tan hermoso y amplio
se convierte cárcel con todos los tonos verdes de la historia.
Vengo de aquella lejanía,
donde los ríos, manantiales,
silencios y oscuridades hacen que las mujeres sean tímidas,
firmes dibujando el camino del miedo,
los secretos de la montaña
y la encrucijada de la ciudad.
No pasa nada:
fuera de nuestras selvas
traemos música
para convidarle a la humanidad.


Joñoñ xty’añonbä x-ixik

Joñoñ xty’añonbä x-ixik,
tsa’ kilaj pañumil tyi tsuwañbä matye’lum,
uts’atybä kolem lum,
mi isujtyel che’ bajche’ ñu’p’oñi’bäl tyi pejtyelel yäxty’ulanbä oño’ty’añ.
Tyilemoñ tyi’ tyamlel lum,
ya baki jiñi pa’, wuty ja,
ñäch’tyälel yik’oty ik’yoch’añbä
lichikñaj mi imel jiñi x-ixikob,
tsäts mi iboñob majlel ibijlel bäk’eñ,
mukulbä icha’añ matye’el
yik’oty its’ojtyäklel tyejklum.
Ma’añik chuki mi icha’leñ:
tyi’ ñajtylel kmatye’lumlojoñ
woli kch’ämlojoñtyilel soñ
cha’añ mi ktyijikñesañlojoñ pañumil.

Corazón intacto

Lejos, como el corazón intacto del silencio,
marchita como la espuma de la ausencia,
esquivada por el tornasol del río,
aquí estoy, gota de sueño,
vestida en la red de nube y mar,
hundida en la fría tarde
del viernes en la luna de muertos.
Esencia del aire
trascurro paulatina,
átomo del pueblo Ch’ol.
Soy.


Maxtyobä tyälbilik ipusik’al

Ñajty, che’ bajche’ maxtyojbä tyälbilik ipusik’al ñäch’tyälel,
chämeñ che’ bajche’ ilojk jochkälambä,
puts’em cha’añ ixojo’lel pa’,
wä’äch añoñi, che’ bajche’ jumpäjk’ ñajal,
mosbiloñ tyi chim tyokal yik’oty tsajbä ja’,
ochembä tyi tsuwañ ik’ajel
che’ tyi yernes la kch’ujuña’ icha’añ chämelob.
Tyi yujts’il jiñi ik’
k’uñtye’ mi kñumel majlel,
ich’äk’tyälel
tyejklum xty’añob.
Joñoñ.

Soy alfabeto

Dicen que huelo a hierba nacida en esta selva,
que mi cuerpo tiene fragancias de montaña.
Dicen que esparzo un ambiente de huerto,
que mi piel está impregnada de perfume de río.
Dicen que soy alfabeto y luz de esta tierra.
Dicen que soy, y que así me manifiesto.


Tsolts’ijboñ

Mi’ yälob cha’añ xojokñäyeloñ matye’el lok’embä ilayi,
mi yälob cha’añ itsajakñäyeloñ kolem matye’ wits.
Mi’ yälob cha’añ mik puk ñumel itsajakñäyel xotyñu’p’ulbä
mi yälob kpächälel tsajakñaj tyi pa’.
Mi’ yälob cha’añ ts’ijboñ yik’oty säkjamtyäleloñ ili lum.
Mi’ yälob cha’añ joñoñäch, chä’äch mi kmujlañ mel kbäj.

Voy a crecer más que el dolor

La música lúgubre viaja con el viento,
el corazón de la compañera calla,
sus lágrimas pequeñas y transparentes raíces,
un cuerpo destrozado en el ataúd.

Cobarde son las manos del hombre,
convertidas en flechas enemigas,
cruzando el cuerpo indefenso,
éste yace siempre, siempre día a día bajo el sol.

El cuerpo velado,
su rostro pálido y su espíritu entristecido,
el llanto se confunde con el rezo
y el rezo se convierte canto doloroso.

Aquí los poetas tsotsiles,
allá los poetas tseltales,
más acá los poetas choles vagan con su verdad por el cementerio.

Tanto coraje en los pensamientos
por la lluvia de sangre el día entero.

Ella, recia mujer, hecha y protegida con el lenguaje chol,
temblorosa, cae pesada al banco,
en sus labios resecos, una frase:
“Voy a crecer más que el dolor”.


Ñumeñ mi jkajel tyi kolel bajche’ k’uxel

Jiñi bä’bäk’eñbä soñ woli tyi xämbal yik’oty ik’,
ñäch’al ipusik’al la kpi’äl,
che’ bajche’ alä säkäñañbä wi’tye’ iyuk’el,
ya’ much’ty’ojbil bäk’tyaläl tyi kajoñtye’.

Mach uts’atyik ik’äb jiñi wiñik,
che’ix bajche’ jek’oñib mi iñumel tyi’ bäk’tyal p’ump’umbä,
iliyi yajach-añ, yajach-añ,
tyi k’iñ tyi k’iñ tyi ye’bal k’iñ.

Woli ich’ujutyesäbeñob ibäktyal,
säkpo’ts’añ iwuty yik’oty ch’ijiyem ich’ujlel,
woli ixä’bob ibä uk’el yik’oty ch’ujutsesayaj
jiñi ch’ujutyesayaj che’ bajche’ k’uxbä k’ay.

Ilayi xty’añ xtsotsilob,
Ixi xty’añ tseltalob,
wätyobä añob ilayi xty’añob woli imukbeñob isumlel tyi mukoñi’bäl.

Ka’bäl sokembä ña’tyi’bal,
che’ bajche’ ja’al woli tyi yajlel jiñi ch’ich tyi pejtyel k’iñ.

Jiñi ch’elbä x-ixik, melbil, mosbil tyi’ ity’añ xty’añob,
tsiltsilñaj mi iyajlel tyi ibuchlibäl,
ya’ tyi tsileñtyikbä ityi’ jump’al ty’añ:
“Ñumeñ mi kajel tyi kolel bajche’ k’uxel”.

¿Cómo desafiar el silencio?

Quisiera acabar con las injurias contra este pueblo.
¿Quién escucha una voz desde los interminables cerros de la selva?
camino, sólo ecos reverberantes.

¿Hasta dónde se escucha mi voz de auxilio?
¿Cómo desafiar el silencio?
De la selva a la ciudad
no hay salida dicen los choles, los tseltales,
los tsotsiles, los tojolabales.

¿Será que los poetas le escriben a los poderosos de la tierra?
No, los poetas elevan su canto al espacio, a la obscuridad,
a las lluvias torrenciales, a la vida y a la muerte.

¿Qué nos hace falta para revelar la razón de los morbosos?
La sangre de nuestras venas fluye al viento
con la misma fuerza del canto.

Elevemos la voz,

la música de nuestras selvas apacigua los odios,
el silencio de nuestras brechas derrumba muros,
con la unión de nuestros idiomas,
busquemos fundir el oro que desea nuestra muerte.


¿Bajche’ mi imäjlel ili ñäch’tyälel?

Komkatsa’ kisañ ili machbä uts’atyik tyi tyojlel ili klumal,
¿Majki mi yu’biñ ili ty’añ ila ba’ ma’añix ijili’bal matye’el?
Mi kxäñ, käñlawjach mi imajlel.

¿Baki jaxäl mi’ k’otyel ili kty’añ?
¿Bajche’ mi imejlel kmälbeñ ili ñäch’tyälel?
Ila tyi matye’el k’äläl tyi tyejklum,
ma’añik mi la kmejlel tyi lok’el, che’eñ xty’añob,
tseltalob, tsotsilob yik’oty tojolabalob.

¿xTy’añob jiñbatyika mi ts’ibubeñob xñuki e’tyel tyi lum?
Mach jiñiki, xty’añob mi letsañob ik’ay icha’añ pañumil,
cha’añ ik’yoch’äyel, cha’añ ja’lel, cha’añ bäk’tyaläl yik’oty chämel.

¿Chuki yom cha’añ mi isujbel machbä weñik ijol lak piälob?
Jiñi ch’ich’ wolibä iñumel tyi la kchijil,
woli iñumel tyi ik’ lajal bajche’ ip’ätyälel la k’ay.

La’ la kletsañ lakty’añ:

Ili soñ icha’añ la kmatye’el,
mi ixuk’tyesañ la ktsukulel
iñäch’tyälel la kmukulbij mi yäsañ majlel tye’tyak,
che’ mi imotyk’iñob ibä lakty’añ
yom mi la ksäklañ la kyäp säklemañbá wolibä ik’atyiñ la kchämel.

Chajk

Invoco tu fuerza, chajk,
soy el ímpetu de tu relámpago,
desgarra de mí lo imposible.
Descíframe.
Interrógame con el soplo del viento,
yo no soy
el cielo sin horas,
busco en mis sueños
el nacimiento de mi palabra.


Chajk

Mi k’ajtyiñ ap’ätyälel, chajk
joñoñ ik’äk’aloñ axu’chajk,
lok’sabeñon jiñi machbä tyalbilik.
ña’tyañoñku.
k’atyi’beñoñku yik’oty iwujtyaj jiñi ik’,
mach joñoñik,
jiñi panchañ machbä añik ityamlel,
woli ksäklan tyi iwäyel,
iyilo’ pañumil kty’añ.

Tiempo

Tiempo.
¿A dónde va nuestra libertad?
¿Dónde encuentro el ritmo de nuestro nacimiento?
Día tras día se sepultan ríos, montañas y el eco de los cerros.
¿Dónde está la tierra fértil?
Te encuentro ausente, tiempo.
¿Cuándo ha de volver el cántico de tu voz enardecida?
Desde ayer te busca mi alma,
desde ayer, en medio de tu ausencia,
ha escrito palabra a palabra
una dulce lluvia de música.
¿Quién si no tú, tiempo,
ha de decir a la multitud de los pueblos mayas, zoques
y a sus descendientes del caos de la eternidad?
Mira desde aquel paraje ch’ol,
los cedros y las ceibas se consternan
por tu paso sigiloso,
retroceden a ti haciendo juramento.
Un vasto dolor de pena se acerca.
La hoguera del día se despliega sin rumbo,
cenizas esparcidas por el torbellino de la tarde.
Aquí, allá, más allá,
la sombra de la danza se vuelve fúnebre,
la distancia se hace infinita como la misma distancia.
¿Qué ha pasado?
Nuestras manos trazan el horizonte
como una carga sin fe y sin espíritu,
sin aportar el aroma de la fuerza,
obedecen como siervo haciendo reverencias segundo a segundo,
son como días filtrados en el odio.
¿Por qué?
La soledad se despierta pálida, gris,
sumerge su cabeza en una batalla sin fin,
se desploma como ángel muerto,
como ángel en la noche sin luna,
en la noche sin noche.
La soledad, sólo la soledad,
el silencio y la indiferencia en nuestros días contados.
El giro de la noche es el soplo de una locura de tempestades,
el grito de mi pecho se tropieza con los huracanes en la víspera de la lucha.
¡Qué peso tan pesado!
Las tormentas de hoy se vuelven como el poder del relámpago,
el ty’oxja’ no como la señal que sueña días perfectos,
sino como el átomo de la bomba que se esparce en el infinito.
Espacio, sí, espacio, se hace espumoso, negruzco,
se cierra en nuestra frente sudorosa, como enemigo despierto de la débil conciencia.
¡Ay, tiempo!
Pareciera que la batalla del sacrificio fuera inseminada en nosotros.
¡Qué importa el dolor!
Si sólo somos imágenes,
si sólo somos viento de sueños que oprime su vuelo sin lugar.
Nuestros ojos yacen enfermos, destruidos y perseguidos en la sangre húmeda.
Nos imponen la mediocridad.
¡Tiempo!
Entrégale a la mujer ch’ol tus letras y símbolos, ella escribirá
contra la muerte que nos ahoga,
así le cantará a los pueblos del mundo.


Tyamlel

Tyamlel
¿Baki mi imajlel la kamtyälel?
¿Baki mi ktyaj ityip’tyip’ñäyel la k’elo’ pañumil?
tyi k’iñ tyi k’iñ mi imuk ibä pa’,
matye’el yik’oty ikäñlawlel witstyak.
¿Baki añ jiñi k’ok’tyobä lum?
Ma’añik tsikilety, tyamlel,
¿Jalajtyo mi kajel isujtyel ik’ay aty’añ tsuk’ulbä?
ak’bix tsa’ kaji isäklañety kch’ujlel,
ak’bix, tyi yojlil che’ ma’añik tsikilety
tsa’ its’ijbaj tyi p’al tyi p’al
tsajbä ja’al soñ,
¿Majki, mi mach jatyety, tyamlel,
mi asubeñob iyoñlelob ityejklum mayajob,
zokejob, yik’oty pejtyelel ibutsob cha’añ
ili pojochejelel k’iñil?
K’elej ya’ tyi alä lum icha’añ xty’añob,
jiñi ch’ujtyetyak, yik’oty yäxtye’ mi ibäk’ñanob
che’ ajñel woli añumel,
mi cha’ sujtyelob tyi atyojlel mi melob ity’añ
kolem wokol cha’añ tyojmulil woli tyi tyilel.
Ik’äk’äl k’iñil ma’añix ibijlel mi tyilel,
pujkembä tyañ cha’añ sutysuty ik’ che’ tyi ik’ajel.
Ilayi, ixi, ya’ tyo ixi,
ixojo’lel soñ mi sujtyel tyi weñ bäbäk’eñ,
jiñi ñajtylel weñ tyam che’ bajche’ ñajtylel.
¿Chuki tsa’ ujtyi?
la k’äb woli ijäx majlel ibijlel
che’ bajche’ kuchäl machbä añix iñopbal yi’k’oty ma’añix ich’ujlel,
ma’añix woli iyäk’ ixojo’ñäyel ip’ätyälel,
woli jak’ xik’ol che’ bajche’ xyaj e’tyel mi’ ñokchokoñ ibä tyi jujumuk’,
che’jax bajche’ k’iñil ochem tyi mich’ajel.
¿Chukoch?
jiñi bajñelil säkwosañ, yäxwosañ mi ityejchel,
mi ts’aj ijol tyi letyo machbä añix iyujtyi’bal,
mi yajlel che’ bajche’ iyaj-etyel la kyum chämeñixbä,
che’ bajche’ iyaj-etyel la kyum che’ ma’añik la kch’ujuña’,
che’ tyi ak’lel machbä añix tyi ak’lel.
Bajñelil, ibajñel bañelil,
jiñi ñäch’tyälel yik’oty imäy wuty tyi tsikemljaxbä la k’iñ,
ixotyxotyñäyel ak’lel jiñäch iwujtyayaj sokembä kolem ja’,
iyoñel ktyañ mi ikujob ibä yik’oty kolem ja’al che’ tyi yoralel letyo.
¡Weñ al ili kuchäl!
wäle ili kolembä ja’al,
mi sujtyel che’ bajche’ ip’ätyälel xu’chajk,
jiñi ty’oxja’ mach che’ix bajche’
yombä uts’atybä k’iñ,
chejachix bajche’ yaläj bäk’ yujilbä tyojmel
muk’bä ipujkel tyi joytyäklel pañumil.
Jocholbä, isujm, jocholbä
loklokñaj mi imel ibä, ik’jolañ,
mi’ iñup’ ibäj tyi la kwuty ts’ujlawbä tyi bu’lich,
che’ bajche’ kañalbä iwuty xts’a’leyaj
icha’añ k’umbä iña’tyi’bal.
¡Tyamlel!
che’ix bajche’ otsä’bil,
ili letyoj tyi lak tyojlel,
mach iwenta ili lak k’uxel,
che’oñjachlaj bajche’ iyejtyal,
che’oñjachlaj bajche’ ik’bä cha’añ ñajal
mi’ ty’uchtyañ letsel iwejlib che’ ma’añix baki.
La kwuty ñolol cha’añ k’amix,
asiyemix yik’oty ajñesäbil tyi ach’päk’añbä ch’ich’.
Mi la xik’beñtyel machbä weñik.
¡Tyamlel!
ak’eñ jiñi xty’añbä x-ixik ats’ijbayaj, yik’oty ak’äñi’bal, jiñ mi kajel its’ijbañ
tyi’ tyojlel tsäñsäñtyel yombä imiloñlaj,
che’ ja’el mi kajel k’äybeñ pejtyelel tyejklum tyi pañumil.

Mi nombre ya no es silencio

La música de la selva viene a mis manos,
el ritmo del día camina en mí,
soy mujer aroma de la montaña
firme y sencilla palabra ch’ol: X-ixik,
y como los campos, transcurro en el tiempo,
el tiempo fluye en mi voz.

Desde que nací mujer en el umbral de la noche,
mi mirada se volvió horizonte,
las hojas de mi destino se volvieron manantial,
mi pensamiento comenzaron a florecer,
desde entonces mi nombre ya no es silencio.


Jk’aba’ mach chäñ ñäch’älix

Isoñil matye’el mi ityilel tyi k’äb,
Jiñi tyip’tyip’ñäyel k’iñil woli tyi xämbal tyi ktyojlel,
x-ixikoñ its’äkal matye’el,
tyoj yik’oty k’uñbä ity’añ xty’añob: x-ixik,
che’ bajche’ matye’el, mi xäñ tyi tyamlel k’iñil,
tyamlel k’iñil woli tyi ñumel yik’oty ty’añ.

Che’ tsa’ kilaj pañumil che’ tyi tyejchibal ak’lel
tsa’ ch’uj k’ele iñajtylel pañchañ
iyopol ili kañi’bal tsa’ sujtyi tyi yäxty’ulañbä ja’,
che’jiñi tsa’ kaji tyi ñich kñatyi’bal,
k’äläl che’jiñi jk’aba’ mach chäñ ñäch’älix.

 

 

 
Aquí puede leerse la primera entrada de este dossier.
 
 
La imagen es común pero siempre potente: mujeres que se reúnen, y en esa reunión se crea un mundo. Se reúnen a hablar, a leer lo que han escrito para compartirlo, a discurrir sobre lo que les preocupa del mundo, las letras y las ideas. Son mujeres poetas las que se reúnen, mujeres poetas que escriben en alguna de las muchas lenguas que se hablan en este país, lenguas que hablan los pueblos indígenas aunque esta etiqueta a menudo sirva para ocultar una extraordinaria diversidad. Esta reunión, que se va recreando en diversos espacios y lugares de Michoacán, tiene un nombre: Originaria. Mujeres que escriben fuera de la hegemonía. Son mujeres las que han auspiciado, arropado y cuidado este proyecto para que crezca, se multiplique y trastoque el orden común de un mundo que ha negado históricamente a las mujeres la voz pública para compartir sus creaciones, sobre todo si se trata de mujeres indígenas.

En los últimos años, el movimiento de mujeres poetas en lenguas originarias se ha fortalecido y son muchas las voces que se escuchan con más fuerza. El proyecto que crearon Mara Rahab, Ateri Miyawatl y Celeste Jaime es parte fundamental del fortalecimiento de este movimiento, no existe a nivel nacional un espacio semejante. Originaria tiene tres características que la hacen única: es un espacio de encuentro en el que las mujeres que hacen poesía en lenguas indígenas pueden conocerse e intercambiar reflexiones sobre sus procesos creativos, el contexto político y social en el que realizan su trabajo y los futuros que van construyendo; en otra dimensión, este proyecto comparte el trabajo poético de mujeres indígenas con el público que asiste a recitales y charlas, es decir, difunde estas creaciones literarias y amplifica el disfrute de las tradiciones poéticas de los pueblos originarios de los que las creadoras formas parte; además, Originaria es también un bello y necesario proyecto editorial. Publicar poesía ya es una tarea difícil; publicar poesía de mujeres indígenas en ediciones bilingües implica otro nivel de dificultad. Es por eso que la colección de publicaciones que este proyecto ha creado a lo largo de estos años es también inédito. Hay que considerar también el cuidado en la edición, diseño e ilustración de estos materiales que ahora tienes en tus manos.

Ante los retos que los pueblos y comunidades originarias de este país han enfrentado y enfrentan actualmente, la voz poética de las mujeres se alza y toca todos los temas que dan cuenta de luchas, de resistencias, sobre todo de poesía: poesía de mujeres ante un mundo que arde, poesía necesaria siempre para alimentar la vida, para regresar al origen y ahí tomar fuerzas. Todo esto crea y nos ofrece Originaria. Mujeres que escriben fuera de la hegemonía.

―Yásnaya Elena Aguilar Gil

 


 

Natalia Toledo

Versiones al español de la autora
 

Para Olga, mi madre

La sombra de la muerte te quiso siempre.
Se enrolló en tus tobillos, como la hoja de maíz
que te perseguía de niña por las calles de tu pueblo.

¿En dónde estás ahora?
Te extraño mientras mis ojos abrazan montañas lejanas.

¿Tomarás chocolate mientras te llamo?
¿Es cierto que nunca más volveré a verte?
Si la muerte me soñara,
le pido que me sueñe contigo.
Cuando la tierra estalle en añicos,
el cielo abra su boca y nos abrace a todos,
tengo dos deseos para mis ojos:
encontrarme con tu sonrisa eterna
y con tu cabellera negra como el tizne.

Nuicaa Olga, jñaa’

Bandá’ xti’ guendaguti nabé gunaxhii lii.
Birenda yanni ñeeu sica xa bacuela
guzananda lii dxi gucu’ badu dxaapa’ lade neza xquidxilu’.

¿Paraa nuulu’ yanna?
Cabana’ lii laga ca guielua’ riguidxidxiichi’ guirá’ dani zuhua zitu.

Re’rou’ dxuladi laga cabidxe’ lii la?
Ñee dxandí’ ma’ qui ziuu dxi guuya’ lii la?
Pa guendaguti guiní’ xcaanda’ naa
rinaba laa guiní’ xcaanda’ guiropanu.
Dxi guidxilayú gaca’ dé,
ne guibá’ guxhale’ ruaa quiiidxi’ guirá’,
chupasi ni ribeza’ guidxagalua’:
 guendaruxidxi qui ñapa dxi
ne guicha ique nayaase’ lana lu’.



 
El reloj de las cicatrices

La luna es la arena del tiempo
en la mirada del gato
Hué, hué, hué.

La noche bebe el suero en la boca leporina de su conejo.

Día y noche, la nieve pertinaz
cubre las hojas tejidas en la casa del viento.

Una palmera danza mientras las hormigas le llevan comida a sus hijos.

Tu tenate está colmado, la soga del tiempo asfixió tus años.
La muerte huérfana danza sobre el ojo del océano,
desgranadas están las palabras de tu boca;
te preparas para llenar el silencio.


 
Bia’ dxi xti’ ca lutiiba’
 
Beeu nga yuxi xti’ ca dxi ziyaba
ndaani’ guielú mixtu’
hué, hué, hué,1

ca gunaa ruzabaca’ niidxi xti’ ca’ lu ni.

Dxigueela’ cayaba xubaguie
ruchii ca bandaga daapa ndaani’ lidxi bi.

Ti yagaziña ruyaa laga ca birí zineca’ ni go ca xiiñi’ca’.

Dxá’ tipa rubalu’, ma xi’ yani ca xhizalu’.
Guendaguti bizabi ruyaa ndaani’ guielú nisadó’,
ma’ bixubalu’ guirá diidxa’ bidxá ruaalu’;
caba’quichahuilu’ ra chi guidxá guirá’ ni ma bigani.

 


 


1 Onomatopeya en zapoteco que corresponde al sonido que hace la arena del tiempo cuando cae (s. XVI).

 
Philip Larkin (Coventry, 1922 – Kingston upon Hill, 1985) escribió “Aubade” en un noviembre, sin duda helado, de 1977, ocho años antes de su fallecimiento. El tema del poema es precisamente la muerte o, mejor dicho, la reflexión en torno a su cercanía. Por este motivo, los versos de Larkin se desvían de lo que suele hallarse en una alborada tradicional, que es una composición destinada a celebrar la mañana. En cambio, el tono de “Aubade” no es celebratorio, pues se percibe una gran melancolía en la voz lírica. No es para menos: además de sentir que se aproximaba la última etapa de su vida, Larkin sufrió la muerte de su madre ese mismo año. Este evento trágico propició la escritura y conclusión del poema, el cual había dejado tres años en el tintero.

En “Aubade”, la voz lírica se enuncia desde una habitación a oscuras en las primeras horas de la madrugada. Ante el insomnio, los pensamientos acerca de la muerte llegan de manera repentina, lo que da cabida a una reflexión sobre su inevitabilidad. Hay cierto consuelo en la sabiduría de que todos los humanos habremos de morir, pero este conocimiento no basta para remediar el miedo. No obstante, la conclusión es obvia para la voz lírica y se enuncia en la penúltima estrofa: “Death is no different whined at than withstood” [“Ningún quejido o quiebre detendrá la muerte”]. La actitud hacia la muerte es de poca importancia: no habrá quejido que pueda detenerla. Aunque este tema, que es todo un tópico en la poesía, se presta para la solemnidad, las palabras elegidas por Larkin son de uso común, apegadas a lo cotidiano. El uso más directo del lenguaje es coherente con la producción poética de Larkin en sus últimos años, como se refleja en Ventanas altas, su último libro publicado en 1974.

El aspecto formal llamativo de esta albada que sí es una constante en toda la poesía de Larkin es la rima. Considero, por ende, que ésta es el principio rector del poema a la que una traducción debe apegarse en la medida de lo posible. La rima al final de verso es la columna vertebral del ritmo en “Aubade” y se enlaza con el tono de una manera inesperada. Acompañada de un pentámetro yámbico más o menos consistente, el poema conserva la ligereza del ritmo de una canción popular; sin embargo, lo lúgubre crea un contraste interesante que bien puede deberse a la ironía, común en la poética de Larkin. Aun cuando el temor a la muerte es cercano y profundo, la voz poética reconoce que no hay nada que se pueda hacer al respecto: los días continúan, hay que trabajar, emborracharse y repetir el ciclo.

Cabe mencionar que el poema se estructura también como una reflexión o meditación en torno a un tema filosófico, por lo que cada estrofa termina con una sentencia o síntesis que se vuelve memorable gracias a la aliteración: hold/horrify, terrible/true, from/come/round, whined/withstood, house/house. Aunque no siempre corresponden con su posición en la versión inglesa, conservé estas aliteraciones dada su importancia para el tono. En cuanto a la métrica, me decidí por una estructura libre y rima asonante para procurar la eufonía en español.

“Aubade” es una muestra de la apertura que Larkin deseó mantener con sus lectores a través del lenguaje. Como él mismo escribió en 1950, lo importante era “preservar las cosas que he visto, pensado, sentido, tanto para mí mismo como para los otros”,1 percepción que lo emparentaba con otros poetas del grupo Movement. Pese a que Larkin se posicionó como prestigioso escritor y bibliotecario en sus últimos años, su compromiso con mantener una escritura accesible es evidente. En un poema que trata sobre la muerte, la condición que une a toda la humanidad, es invaluable conservar esa claridad conmovedora de tono y lenguaje.

—Marcela Santos


 
Albada

Trabajo todo el día y por la noche me emborracho.
La madrugada me despierta con muda oscuridad.
Pronto entrará la luz por la cortina del cuarto.
Hasta entonces, observo lo que no deja de estar:
la muerte indócil, cada día más próxima, vuelve
inútil cualquier otro pensamiento urgente
excepto el final y su hora.
Árido interrogatorio y, sin embargo, el miedo
de morir, y de estar muerto,
parpadea otra vez, aprieta y me sofoca.

La mente resplandece en blanco. No hay culpa
por el bien no hecho, el amor no dado, el tiempo
que se arranca; ni desconsuelo, pues no hay duda
de que una vida no basta para un escape lento
de los malos inicios y eso quizá nunca pase.
Nos aguarda la extinción al final del viaje
hacia el fondo de un total abismo eterno
para engullirnos siempre. No estar aquí,
no estar en ningún lugar, y, de repente,
nada más terrible, nada más certero.

Es una forma especial de tener miedo
que ningún truco disipa. La religión lo intentaba.
Este vasto brocado musical, de polillas alimento,
creado para pretender que nada nos mataba
y aquellos sofismas secos: No hay ser racional
que tema algo que no va a sentir, sin adivinar
lo peor: se van la vista y el ruido,
no hay tacto o gusto u olfato, nada con que pensar,
nadie a quien amar, nadie con quien conectar,
una anestesia de la que no se sale vivo.

Y permanece ahí, al filo de la mirada,
el pequeño borrón sin bordes, un frío animal
que alenta cada impulso y lo vuelve suspicacia.
Casi ninguna cosa sucede: ésta lo hará
y tal realización nos abrasa
en un horno de horror cuando nos halla
sin compañía o alcohol. No sirve ser valiente:
calmar al otro y enfrentar lo que asusta
no sacará a nadie de la tumba.
Ningún quejido o quiebre detendrá la muerte.

La luz se aviva y el cuarto toma forma.
Claro como grietas en el muro, lo que sabemos,
lo que sabremos y, aunque no hay escapatoria,
no podemos aceptarlo. De algún modo decidiremos.
Los teléfonos, agazapados, se alistan para sonar
en oficinas cerradas, y comienza a despertar
el mundo indiferente, en renta. Se desgasta
cual arcilla el cielo blanco.
No hay sol. Es hora del trabajo.
Los carteros, como doctores, van de casa en casa.


 
Aubade

I work all day, and get half-drunk at night.  
Waking at four to soundless dark, I stare.  
In time the curtain-edges will grow light.  
Till then I see what’s really always there:  
Unresting death, a whole day nearer now,  
Making all thought impossible but how  
And where and when I shall myself die.  
Arid interrogation: yet the dread
Of dying, and being dead,
Flashes afresh to hold and horrify.

The mind blanks at the glare. Not in remorse  
—The good not done, the love not given, time  
Torn off unused—nor wretchedly because  
An only life can take so long to climb
Clear of its wrong beginnings, and may never;  
But at the total emptiness for ever,
The sure extinction that we travel to
And shall be lost in always. Not to be here,  
Not to be anywhere,
And soon; nothing more terrible, nothing more true.

This is a special way of being afraid
No trick dispels. Religion used to try,
That vast moth-eaten musical brocade
Created to pretend we never die,
And specious stuff that says No rational being
Can fear a thing it will not feel, not seeing
That this is what we fear—no sight, no sound,  
No touch or taste or smell, nothing to think with,  
Nothing to love or link with,
The anaesthetic from which none come round.

And so it stays just on the edge of vision,  
A small unfocused blur, a standing chill  
That slows each impulse down to indecision.  
Most things may never happen: this one will,  
And realisation of it rages out
In furnace-fear when we are caught without  
People or drink. Courage is no good:
It means not scaring others. Being brave  
Lets no one off the grave.
Death is no different whined at than withstood.

Slowly light strengthens, and the room takes shape.  
It stands plain as a wardrobe, what we know,  
Have always known, know that we can’t escape,  
Yet can’t accept. One side will have to go.
Meanwhile telephones crouch, getting ready to ring  
In locked-up offices, and all the uncaring
Intricate rented world begins to rouse.
The sky is white as clay, with no sun.
Work has to be done.
Postmen like doctors go from house to house.

 

 


1 Blake Morrison, The Movement: English Poetry and Fiction of the 1950s, Oxford University Press, 1980, p. 108.

a

Ojalá podamos amarnos entre tornados.
Que se nos borren los cuerpos al tocarlos.
Y lo que era un faro, sea una estrella
una luciérnaga entre la niebla.
Que el silencio nos perdone amarlo tan profundamente.
Que el amor sea nuestra guía
allá, lejos entre las manos
cerquita, en la arena
que gotea nuestro corazón.

Que sea el vacío el aceite de nuestra lámpara
para que en la caverna de la ballena
sepamos no estamos solos.
Ay, bien dicta
ésa es la única condición de la libertad,
una soledad tan inmensa
como para que en ella el infinito arda
y cada ojo que nos mira
sea el espejo de nuestro amor.
Qué palabra tan bella “nosotros”
tan absoluta, en donde caben todos
aunque no haya nadie.
Qué paradójico es el amor
que es cada vez otro
por reconocer, reconocer por otro,
cada vez es el amor, paradójico,
donde aunque no haya nadie,
caben todos: “nosotros”
qué bella palabra.

Que nuestro amor sea el espejo en cada ojo que nos mira
que el infinito arda como para que en él
una soledad inmensa, la libertad
sea su única condición, ay, bien dicta
sabemos no estamos solos en la caverna de la ballena
porque nuestra lámpara es el aceite del vacío
que gotea nuestro corazón, cerquita, en la arena.
Allá lejos, entre las manos, sea nuestra guía, el amor.
Amarlo tan profunda mente que el silencio nos perdone.
Una luciérnaga entre la niebla sea una estrella
y lo que era faro, al tocarnos se nos borre en los cuerpos.
Entre tornados, ojalá podamos amarnos.

b

Hay quien guarda al sol en una ventana.
O quien olvida ver el amanecer,
aún teniéndolo enfrente:
a algunos les fue mutilado
y lo conocen sólo en sueños.
Otros más lo prefieren en una pantalla
para no sentir su ardor.
Dorar o chamuscarse bajo el astro
a estas alturas pareciera ser lo mismo.

Ya venden el agua, ya vendieron la tierra.
El viento ya lo metieron en una careta
y el sol, que pareciera no tiene precio
vale la mitad de una moneda.

Quizá la poesía sirva, para decir
que nada es de nadie.
O para decir, mira ahí, y mostrar algo
que alguien no había visto
aunque siempre hubiera ahí estado.

Eso es lo primero que llega a mi mente
cuando respondo a Borges en silencio
y ustedes recuerdan la cita exacta
con la que sacó un flor de la ceniza.

c

No tengo nada, es verdad, ni quiero tenerlo.
Por ello lucho cada día y me bato
contra la coraza de mis manos
contra la infección de mis pulmones
contra la dentadura de mis miedos
y sé, no hay otro camino que el de
la planta de mis pies, que se abre
en miradas, en danzarinas palmas.
Porque un día me fui a la guerra
y la guerra, se sabe, es la capacidad
de cercar al adversario –hacia dónde vas
cuando todos los caminos llevan a ti.

Y ahora cercados en la isla de nuestra insolación
cada quien canta su traviata para hilvanar la vida.
Si hay una corona que nos quiere cautivos
en la cárcel de nuestros huesos, podemos decirle
nosotros vivimos sin barreras o cautiverios.
No tememos la muerte, porque la vida salta

justo a tiempo.

d

Desde las raíces del lóbulo izquierdo, entre la constante de Euler, o el triángulo de fuego, siempre a la mitad de todos los caminos, corazón elástico a la velocidad del pensamiento, o del sonido que nos alma, astillero de las esphiras que acaricia el sol. Crines de luz, te miro, arco, atravesarme, iris, abrirme abanico al color, al dolor. Porque construí un día una flor y me estalló en la pupila. Y era mi madre el rojo, y era mi padre la espina. Y entre las columnas me tambaleé para levantar del suelo un barco de polvo, una hoja seca en la que giraba una palabra, un caracol que me indicó el camino en la oscuridad de su párpado cerrado. Diluvia esta voz una tormenta de arena, un rostro de infinitos sépalos. Sostengo una sonrisa al palpar en la oscuridad el tubérculo de nuestra lengua. Enramada estría, porque vengo naciendo, en la inscripción de las infinitas criptas del olvido, ahí donde las estrellas son tangibles, como el as que un día desprendieron, como la materia de la que un día estuvieron hechas, y ahora, sumo, lodo, arcilla, suave y profunda es la densidad de Sidérea. Carne o pulpa, pulpo o mano, medusa, pura mente, erizo, aleteo o diente de león, nebulosa que parte de una rama, ceiba que detenida se fragmenta en algodones de semillas labradas, ovas negras, nada ahí sucede, porque de ahí viene todo. Nudo que nos abres los brazos, corazón que nos dejas hundir en tu horizonte. Grieta o relámpago, escalera o túnel, puente o abismo, henos cayendo lentamente entre tus dedos, Sphira, siempre al centro de tu trazo, hilandera cósmica, e infinitamente repetidos, sombra de nuestra sombra, te cantamos, porque somos el esqueleto de tu canto, te cargamos en cada poro porque en cada poro nos sostiene tu vacío. Y algo se está quebrando, algo que se abre, algo brota de lo concreto. Es la vida que radia en nosotros, para nosotros, desde nosotros, por nosotros, con nosotros, hacia nosotros, de nosotros.

Señora de la putrefacción, gracias por la composta que nutre los pétalos de nuestros labios.

Telescopio para leernos en una página en blanco

Alguien que lee es un ser
que se queda congelado
al mirar una hoja:
su esqueleto, su carne
su color o textura, los espacios
entre las espinas, la secuencia
de los movimientos, la distancia
entre los puntos: el blanco
entre sus pixeles

lee la corteza de las iguanas
obsesiva mente mira el cielo
y encuentra letras en la sopa
aunque sea de habas

estrellas en el horizonte
aunque sea de espejos

es una esfera
o alma de una

cierra los ojos
y halla en la oscuridad
mundos imposibles
o posibles estratagemas
para resolver un problema
que aún no existe

quien lee a veces habla como si
vislumbrara el futuro

la gente a su alrededor le pregunta
sobre lo que contiene
en su bolsa de pensamientos
y le graban en madera o papel
con la memoria veloz
o en un celuloide

alguien que lee incluso, a veces
escudriña libros o los escribe
o dicta secreta mente a otros
que escriben lo que otras mentes
leen en el silencio
y sus infinitas tachaduras

son personas habitadas por personas
una especie de hervidero que vibra
y a veces se desborda en palabras
que dan mensajes confusos y directos

casi no hablan ni estudian
leen lo marchito de las flores
son como una mujer que entiende
en su cuerpo el funcionamiento del cosmos
o las sibilas que tejen el manto sidéreo
] en donde nadie oye mas que ellas [
y comprenden todo por un instante
y luego ante la dicha del amanecer
comienzan a deshilvanar la luz
en hilos de extraños colores

cada día es un lienzo
que sirve a otro de chal
toga o vestido de noche

las lectoras son niñas
pupilas que danzan entrecruzadas
y traducen como las piedras
cada flujo en cada cosa que pasa
y las anudan al hábito de su cuenco
en donde reciben la luz del día

parecen vestidas aunque caminan desnudas
son un libro que flota en el agua, un lirio
que baila, ese ojo que miraba
y se hunde en la nada

manos que palpan el papiro del atardecer son
y las deltas que dejan los barcos leen
igual que las grietas sobre la arena
o las arrugas de una sonrisa
o la espina dorsal del navío
que se hunde en el horizonte

les cautiva la vela en el lomo de un pez
o el asta más alta al fondo en un vaso

leen las sombras
y entienden la sinfonía de los grillos
cultivan el caos del ruido
y lo silencian

he ahí su página en blanco

 

 

 
Debilidad con flores

Imagina que invitas una flor a cenar. Le agrada tu compañía, pero tiene celos de la flor unigénita que adorna el centro de la mesa. ¿Se acercará a ti o se distanciará para competir con los candiles, para robarte una mirada piadosa? No lo sabes, como tampoco aciertas a decidir qué comer en esas circunstancias. ¿Carne en flor? ¿Peces en flor? ¿Aire en pétalos? ¿Pistilos y estambres para ensangrentar tus dientes?

Las flores son el misterismo de las plantas. Las hay carnosas, leves, gruesas. Imitan todas las formas y colores. Muchas despiden aromas; otras son fétidas y desencadenan alergias y putrefacciones. Son máquinas de seducción para que los insectos lleven su simiente. Reclaman seres alados que sean compañía y anulen la distancia de las otras flores.

Ah, efímeras. Ah, deleznables. Aquí estoy como un insecto con ustedes. Flores para la recién nacida, para la novia, para los innúmeros muertos de peste. Flores en plazas, en jardines cuadrangulares, en los floreros que son féretros. Una flor en la solapa del saco que necesite hablarte, otra para la monja que regresa a la capilla con un pétalo entre los dedos. Abre los labios y lo engulle. No sabe a dulce, ni a res o peje o ave. Solo a flor, a lapidados colores.

Algo más. Una flor sirve para retrasar el tiempo o acelerarlo. Imanta o excluye.

Es Vehemencia
        Exilio
               Herida


Gran Nudo de Pétalos Arácnidos.


Zozobra para demorar la vuelta a casa.


 
Misterismo

C & C. Un cristal amoroso los separa.

Un pájaro, dice C, viene en las tardes alrededor de las seis. Picotea la ventana. Parece un emisario que trae un mensaje decisivo para mí. Me acerco al vidrio. Alargo los labios y trato de besarlo, pero él se aleja inmediatamente.

C escucha a C y recuerda que en la mañana encontró un organillero en la plaza. Su mono viejo tenía la cintura marcada por la cadena, saltaba al ritmo de la musiquilla con su casaca roja y su pequeño sombrero. Le alcanzó un mensaje que decía:
                ¿cuál es vuestro deseo?
C no puede precisarlo. Piensa en el mono preso en su casilla y en sus ansias de huir.
Piensa en orangutanes, gorilas, hamadríades, macacos japoneses, mandriles que estallan en colores.

Un pájaro, un mandril.
         Allí están las correspondencias.
C quisiera llamar a C con otro nombre atravesado de misterismo:
         Lunerosa, Luneruda, Lunereida.
Sustantivos para atizar colores que son sentimientos o escudos de protección.
¿Cuál es vuestro deseo?
                 ¿Y el mío?

C ama a C a través del cristal.
Es un amor envolvente, lleno de bucles, un amor en sí y para sí.
El pájaro no es un emisario, se acerca revoloteando al vidrio para picotear su reflejo que lo confunde: sigue una señal atávica y debe ahuyentar a los otros machos. Aleja a un adversario fantasma que es él mismo, porque en el árbol está la hembra en un nido con dos huevos del mismo color que el rostro y el culo de un mandril.

C es una Pájara irisada en la superficie del vidrio.
C es un Mandril.
          Los colores son un reclamo prístino, un anhelo.
¿Cuál es vuestro deseo?

El mío, simio medroso, lo perdí.

Tomo una piedra y trizo el vidrio.

Los fragmentos son mi última lluvia lustral.


 
Debilidad por la Virgen de Lourdes

Un regalo que me señale.
Quizás esa lata de sardinas de chocolate
   que compré en el aeropuerto Schiphol
   la primera vez que viajé a Europa.
Tenía dieciocho peces dormidos en su platina celeste
   y una sardina elegida entre tantas sardinas
   que contenía la multiplicación de mi amor.
Al comerla engullirías mi debilidad más íntima
   una espina para cambiar la extrañeza de tu mirada.

Me las devolviste con cortesía
Cada sardina era una dulce afrenta.

Un pez no me señala:
hubiera sido mejor una violeta venida desde África
arrancarla con precisión de cirujano
   depositarla en un campo blanco de neblina
   de papel de arroz
   de paredes brillantes de quirófano.
Una violeta sobre las sábanas que cubren al convaleciente
   cerca del cartel en la puerta que ordena:      
   Sólo personal autorizado.
   Prohibido el ingreso de violetas
   De sardinas
   De debilidades.

Inadmisibles obsequios para mi fiebre.
Necesitaba refrescar mi rostro y busqué un baño:
   alguien había fijado sobre el espejo
   una estampa de la Virgen de Lourdes.
   Se le apareció dieciocho veces a María Bernardette
   y a mi ninguna.

Fue una apropiación venial.
La hurté.
La escondí en el bolsillo
una imagen fría en el cielo protector de mi mano
   mientras caminaba en la tarde hacia tu casa.

La Virgen de Lourdes puede ser un regalo que me señala.


 
Minuet

Llega el día en que el murciélago elige un hogar, lo usurpa hasta volverlo uno con su ceguera de orante o poeta mítico. Cada noche entra por la ventana de la terraza, atraviesa los corredores del aire, devora insectos, mordisquea la fruta de la cocina y siempre busca la cúpula del comedor que es el capricho neurótico en la arquitectura de mi casa.

El murciélago ama su media esfera blanca y rugosa. Le da vueltas, la acaricia con sus alas barrocas. Necesita cubrirla con un tumulto de imágenes que narran la creación y la destrucción, pinta mi historia en colores indecisos, sombras huidas de Baudelaire, minuet de autómatas que refractan los prismas de la lámpara

      murciélago                                         híbrida pieza de plafones
            que cae para arriba
               que teme

que abre las pantallas inconsolables de sus orejas y deja en la superficie de la mesa un hilo de semillas, de excrementos negruzcos:

marcas para el camino que no sé si empieza o termina.


 
Gran hombre mosca

¿Quién eres?

   Una agitación. Un color verde metálico y negro.

¿Dónde estás?

   En una habitación que puede ser la mía. Hace una hora que regresé del mercado
   que se abre a todos los horizontes.

   Había moscas en las frutas, en las verduras, en los trozos de carne parecidos
   a murallas sangrientas, en los pollos arrinconados en sus jabas.

   Cientos de ellas me siguieron zumbando porque yo era un gran hombre mosca.

   Mi habitación es también una jaba y no soy javanés. Sé que Java es una isla que
   ha resistido cientos de erupciones. Sé que nunca viajaré allí, ni a Borneo o
   Sumatra.

   El aire caluroso de mi casa está lleno de moscas. Revolotean incansables, se
   acicalan las alas, las cabezas, los ojos facetados que deben verme como a un
   monstruo cubista. Se reproducen en la cáscara del plátano que comí ayer.

   Una de ellas, la más pequeña, se posa en mi sexo flácido. Hoy será mi grata o
   ingrata compañía.

La dejo estar.

 

 

Rafael Courtoisie, Manual de poesía para resolver problemas domésticos, Animal Sospechoso, Barcelona, 2024, 82 pp.

 

 

Cauteloso, la miro con ternura y espanto:
en el fondo, sé que tampoco 
podría hacerle frente 
a esos diminutos problemas domésticos.

Gustavo Yuste

Si atendemos a los distintos autores y filósofos que han abordado la “cotidianidad”, encontramos que este es un concepto vago, problemático y polisémico y que por lo mismo se presenta inasible o incluso imperceptible. La tarea de abordarlo desde su vigente carácter narrativo, en su heterogeneidad y necesaria normatividad, se afronta, según el medio —estudios literarios, culturales, sociología y humanidades en general—, desde el cuestionamiento de interrupción o quiebre con el concepto de rutina, aunque, en realidad, más allá de su cercanía o distancia al desencantamiento y el aburrimiento, es en sus posibles motivaciones donde lo propio del relato cotidiano (que nos contamos) puede encontrar, en lo (in)significante de las pequeñas acciones habituales, la posible universalidad del concepto.

Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958), miembro correspondiente de la Real Academia Española, miembro de número de la Academia Nacional de Letras del Uruguay, poeta, narrador, traductor y profesor de literatura Iberoamericana, medita en su nuevo libro, Manual de poesía para resolver problemas domésticos, sobre lo cotidiano desde la perspectiva de quien observa detenidamente las vivencias (in)significantes diarias, la cultura propia y la historia actual para hacernos partícipes por medio de las incontables situaciones cotidianas de las distintas sensaciones que, debido a su condición habitual, el ser humano obvia. De esta manera, el autor uruguayo se compromete a auxiliar al ser humano en lo que acontece en nuestra casa, que ―domus o morada― es también nuestro Mundo, dado que ésta, como la aldea global de Marshall McLuhan, en la interconexión humana generada por los “nuevos” medios de comunicación, abarca todo el globo, aboliendo tiempo y espacio. Si “el medio es el mensaje”, como postuló el filósofo canadiense en su famoso aforismo, y la aldea global supone la desaparición de las distancias físicas para generar conocimientos, Courtoisie, en la hibridación del poema, la prosa y el ensayo, se propone mostrar que hay “Un fantasma que recorre el mundo:/ el fantasma de la poesía”,1 ya que ésta, más allá del ornamento, es necesaria y práctica para la vida, pues no hay conocimiento que no contenga elementos metafóricos. Inspirado en lo que hay alrededor ―como la fotógrafa estadounidense Sally Mann a quien nunca se le ocurrió dejar su hogar para hacer arte―, Courtoisie expande la mirada a situaciones mundanas mediante la reflexión casi mística desde “una erótica del alma, una erótica mayor, traspasada por todos los silencios de la lengua. Una erótica de la sustancia del lenguaje”2 para “hacer arte con lo cotidiano, con la vida diaria”,3 porque la poesía, parafraseando el conocido Art happens (“El arte sucede”) de Whistler, sucede sencillamente a diario, y “los frascos vacíos que se acumulan en la alacena” (p. 47) pueden enunciar su contenido: “Soledad”, “Sabores de la infancia”, “Aquel amor del verano de 2026, en la playa” o el “Aire de la noche del primer día de la dictadura” (p. 47).

El Manual poético courtoisieano, que consta de dos partes diferenciadas ―la primera, de la que toma la obra el título, Manual de poesía para resolver problemas domésticosy la segunda, Desescritura―, se entiende en su conjunto como un sentir y hacer sentido desde la indagación de las estrategias generativas de la experiencia doméstica a partir de los efectos, las sensaciones e irregularidades a temas normalizados; empero, también de lo distintivo, lo representativo o simbólico para el individuo y la sociedad de nuestro momento. Su discurso poético es una invitación a buscar sentido a la vida por medio de la observación a lo consuetudinario, tanto a partir de los objetos de uso que en él circulan como de las sensaciones y percepciones que se abren a miles de gestos, de acciones pequeñas, mínimas, imperceptibles, que, olvidadas tan pronto como se realizan y a pesar de estructurar lo usual —la vida—, se vuelven invisibles para la Historia.

Desde lo predecible, lo confiable o lo que Cortázar llama en su “Manual de instrucciones” “la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio”,4 donde nada es inesperado y, por tanto, donde lo nada nuevo nos sitúa en el ambiente de lo esperable y de lo que se sabe, la tradición de pensamiento sobre la vida cotidiana ligada a la fenomenología ha sido tradicionalmente vinculada con los trabajos fundacionales de Husserl y la tarea de elaborar una ontología del mundo de la vida con la idea de la cotidianidad como lugar de vida inauténtica heideggeriana. Ahora bien, la realidad es que en cualquier sociedad actual o antigua, moderna o premoderna, occidental u oriental, subdesarrollada, perdida o incluso inventada, encontramos que el enigma de lo cotidiano, donde la mayoría silenciosa se expresa, se revela desde la perspectiva de lo que Humberto Giannini llama una “arqueología de la experiencia”,5 es decir, en un perpetuo e ininterrumpido cotidianizar en cada gesto, acción o verbo que, tan efímero como cualquier relato, en cualquier momento se puede alterar. Es por ello que en este “Manual poético” se presentan los aspectos básicos y esenciales que nos permiten comprender el funcionamiento y acceder de manera ordenada y concisa al conocimiento de lo habitual cuando los pequeños instantes que conforman la cotidianeidad, a veces, incluso, van desapareciendo y solamente dejan una vaga huella de lo que fueron en nuestra imaginación o recuerdo. Devoto de la ironía, pero alejado del ludibrio, Rafael Courtoisie presenta un Manual de poesía para resolver problemas domésticos y así mostrarnos con humor que donde se encuentran los inconvenientes también puede obrar el milagro, y que lo importante no es la solución de un problema particular sino el sentido del camino recorrido al “Separar el peso/ del cuerpo que lo produce/ sacar de las piedras/ el peso de las piedras” (p. 59), cuando “Ibas a decir no/ pero porfiada/ la vida dijo sí” (p. 31). La tensión entre lo que permanece y lo que cambia constituye el espíritu de la obra y bosqueja el itinerario lírico, cotidiano y mítico del lector hacia lo incondicionado, pues si la lengua del poeta, acaso por las tentaciones sobre la materia del signo, nunca dice del todo, el lector ―en el asombro platónico de la disposición primera del conocimiento que antecede al deseo de conocimiento y también lo posibilita― encontrará algo nuevo en cada metáfora, donde la síntesis de lo conocido es a la vez un paso hacia lo desconocido, necesario para llegar al descubrimiento de la verdad: que en un grifo que gotea “cada gota es una perla/ una gema del río/ de Heráclito” (p. 20), y es en ese manantío que “eres dueño/ de las nubes/ de los ríos y de los océanos” (p. 20).

Imagen y metáfora nos abren a los símbolos y a la profundidad del signo de aquello que trasciende espiritualmente en una metafísica del tiempo, donde el artista dota de una poderosa realidad el sentido de la vida a través de su creación. El poema es un acto de conciencia con intensidad y dignidad, en el que la belleza de la insignificancia por la significancia absoluta concilia la precisión de lo natural: imagen y metáfora que persuaden de eludir la búsqueda de la verdad. Con ayuda de la palabra, unas veces entre líneas y otras a pesar de ellas, la poesía de Courtoisie comunica y nos brinda la posibilidad de una comprensión que vela y desvela al mismo tiempo la riqueza inesperada de sentidos. A través de un lenguaje en apariencia sencillo, al socavar el significado, abre un espacio a la interpretación en la propia experiencia del lector porque, para el uruguayo, “Después del punto/ comienza el poema” (p.65).

En la fragilidad significativa de las palabras, el escritor defiende la idea según la cual las mejores expresiones artísticas literarias —aquellas que llegan a conquistar la universalidad— son el trabajo formal de la palabra íntimamente ligado al sentido, en el que, como expresaría el argentino José Bianco, “la expresión sólo es formalmente bella cuando es justa, es decir, cuando las palabras cumplen su verdadera función: borrarse ante la idea que intentan enunciar, convertirse en vehículos imperceptibles de un significado”:6

Fuera de las palabras hay otro mundo
que las palabras no alcanzan
aunque a veces logran
señalar

esa parte del todo
es más
que todo (p. 76)

El autor, en la constante sospecha de la teoría del significado como equivalente a sentido y referencia, juega con las palabras más allá de la lingüística pragmática contemporánea y la filosofía del lenguaje ordinario con una poesía que es “Una puesta del sentido más allá de la frontera de la piel, de la física del pensamiento”.7 Al llevar al lenguaje a sus límites, Courtoisie nos presenta la poesía como una suerte de revolución para, como sentenció Wittgenstein, expandir nuestro mundo, ya que, al aceptar la fragilidad del sentido como intersticio espacial entre lo abierto y lo cerrado del lenguaje, y eliminar los límites significativos y expandir las posibilidades de sentido, da una nueva vida a las palabras y, con ello, aporta un nuevo valor para el conocimiento del Mundo y el Ser, en la posibilidad de cuestionarnos determinadas verdades, aunque puede que anquilosadas.

Creamos con la palabra para conocer el Mundo, pero las palabras no pueden aprehender la totalidad de lo nombrado ya que cada Ser deposita en ellas sus propias creencias y experiencias, realidad relativa y ajena a la totalidad sustancial o material de lo nombrado que, como postulaba el filósofo estadounidense Saul Kripke, es en sí y por sí misma: “las cosas son las casas/ donde habitan los nombres imposibles” (p.55). Precisamente, desde el orden en que cada cosa está en su lugar, al “comenzar a destejer/ cada línea de la noche, desnudar/ las cosas” (p. 51), la cosa en sí kantiana, pese a ser absolutamente desconocida para nosotros, admite considerarse como el fundamento de la materia de las representaciones sensibles y al igual que aquella que afecta a la sensibilidad al corresponder a nuestra facultad de representación y dar origen a la sensación: “Cada objeto tiene/ un nombre secreto,/ la letanía infinita” (p. 72). De esta suerte, la sensación producida por el sentido de los intersticios courtoisieanos se presenta como una suerte de pareidolia (del griego eidolon: ‘figura’ o ‘imagen’, y el prefijo para: ‘junto a’ o ‘semejante a’), al ofrecer al lector desde los elementos que componen la arqueología del Yo una respuesta que no radica en un objeto o el sitio mismo, sino en la relación del Yo con su entorno, se apercibe un estímulo vago por habitual e inadvertido de lo natural, debido a un sesgo perceptivo, como una íntima forma reconocible: una imagen donde son vagamente reconocibles nuestras figuras habituales entre los diferentes registros que pueden modelar cada situación o experiencia: “Al cerrar los ojos/ entiendo/ lo que callo” (p. 73). El autor hispanoamericano, al recuperar en el tiempo y en la memoria la importancia que tiene la conciencia sobre las costumbres y experiencias domésticas, busca la condición innata al ser humano al guiar la mirada hacia el comportamiento para permitir una trascendencia hacia una existencia diferente, con un sentido de la vida ampliado donde “La pregunta abre la puerta/ la respuesta la cierra” (p. 75).

Si “La luz es más misteriosa que la oscuridad,/ porque dentro de la luz duerme la noche” (p. 26), la verdad se vuelve más evidente en la abstracción que en las cosas tal como se ven o se nombran. La abstracción no es una síntesis en sí misma, sino que va en busca de la esencia. Y la humanidad, sumergida en un gigantesco caos, también se encamina finalmente a la esencia, pues, como pensaba el artista uruguayo Joaquín Torres García, “la historia del arte muestra que todos los pueblos pasan de lo puramente imitativo a lo abstracto. Esa evolución no fortuita obedece a la tendencia de la humanidad a seguir el sentido del universo, que en todo momento se encamina hacia la unidad”.8 Al tratar de expresar con su poesía la comunión del hombre con el orden cósmico, nuestro autor nos acerca el nombre escrito de la cosa y una imagen asociada lo menos aparentemente real posible, tal como un probable nuevo signo: “El vuelo llega/ más alto/ que el pájaro./ Así: no escrito” (p. 58)

Al “Apartarse del centro/ hasta el borde/ de lo no dicho/ y dar un paso” (p. 79), la poesía courtoisieana simplifica el lenguaje en la búsqueda de un lenguaje atemporal para evocar el orden universal en que se encuentra inmerso el ser humano desde su origen. Rodeados de las aguas del Leteo, moramos en lugares que se desvanecen sin dejar rastro; sentimos que los orígenes son secundarios, derivados, y que lo que desciende de ellos es lo primario y, por ello, prioritario. Pero nuestros antepasados se remontan y arraigan en nosotros, y emanan en nuestras crónicas diarias porque:

El tiempo no pasa: nosotros pasamos
a través del tiempo. El tiempo queda
en su sitio como una serpiente
de piedra:
Quetzatlcóatl (p. 64)

Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, nos recuerda que el universalismo ―desde la perspectiva de Hegel o Kant― no puede tener el carácter unidireccional que ha justificado la injerencia de unos pueblos sobre otros, sino que ha de ser desde la necesidad de tener una conciencia universal, es decir, una idea de lo que es la totalidad del mundo habitado y una noción clara de su diversidad por medio de la experiencia y el conocimiento empírico como pensaba Humboldt o como expresó el último Goethe, donde la pluralidad posibilita la unidad. En consecuencia, el escritor nos reclama: “Pon atención: (si) cada cena puede ser la última” (p. 27), y no debemos olvidar lo que “En el Talmud está escrito”. Un poema “(Hallado en el sótano de una sinagoga en Praga, durante la ocupación nazi)” (p. 69) nos recuerda que tenemos una deuda hacia el pasado y una responsabilidad hacia el futuro.

¿Y para qué sirve este poema?

Sirve para saber
que las palabras
viven y la muerte no (p. 19).

Toda una incitación a la elevación espiritual si reflexionamos en el poder de la palabra, pues “El lenguaje que fluye y se desplaza hacia nuestros semejantes. Este proceso de reflexión, de reconocimiento, es una forma de unirnos a los otros”,9 nos expone Emilio Lledó, quien a continuación nos interpela en una lúcida visión de la vida moderna: “hablar de democracia no es sólo emplear una serie de términos, una teoría, para construir los principios esenciales que organizan un sistema político. Democracia es, radicalmente, una forma de vida, una armonización del vivir, una conformación de la existencia humana. Una conformación, pero no un conformismo”.10 Se trata de valores identitarios de la cultura grecolatina del arielismo, creado por el escritor José Enrique Rodó, que subyacen en toda obra de Courtoisie al abordar la realidad social, política, cultural y humana para encontrar una aguja en un pajar y descubrir “esa espiga tuerta con el ojo abierto/ donde podría galopar una manada/ de camellos para que los ricos mantengan/ de par en par abierta/ la puerta de los cielos” (p. 15); que la quinta pata del gato, tan maleable como el lenguaje, “se trata de la cola/ apéndice místico que perdieron/ en mala hora/ los seres humanos” (p. 16); o que las hormigas, cuando aparecen en la cocina, “Representan un enemigo/ diminuto pero poderoso”, sin olvidar que “La alegría es un arma/ terrible para ellas” (p. 23), pues lo primero que nos ayuda a arreglar nuestro Mundo es una sonrisa, ya que ésta “concluye cualquier discusión” (p. 29) y nos recuerda que “A veces las palabras/ manchan el sentido” (p.80). En su origen, lejos de aludir a lo que nos diferencia, la identidad se refiere a nuestra mirada humana sobre el mundo y sobre nosotros mismos, y es un componente fundamental de la democracia. Desde “El día de la creación (receta fácil para un sábado de junio)” (p. 49) hasta “Cómo explicar en qué consiste la lucha por el poder a la hora de la cena” (p. 43), el arte culinario es la propedéutica para entender que “Un sólo instante/ hace de la bondad tiniebla/ de la ternura, horror” (p. 30).

Más allá de la tendencia a utilizar los objetos como generadores del recuerdo acostumbrado, Courtoisie, como hiciera Diderot, al introducir en la definición el elemento existencial y ontológico, da el paso de una estética del objeto contemplado a una estética del sujeto, donde la belleza se encuentra en la correspondencia de todas las partes de un objeto entre sí, de este objeto con su entorno, y de ese todo con la mirada que lo recibe para ofrecerse con un valor casi baudelairiano. Al desentrañar el mundo simbólico en estos procesos de articulación entre el sujeto, los espacios y las materialidades, el poeta alcanza a cuestionar “el razonamiento puesto en conserva” de Valéry en un texto sobre la lógica de las operaciones simbólicas donde, a falta de una referencia para compararlo, busca el concepto que no puede caracterizarse y así mostrar que, para alcanzar lo real, es necesario de antemano hacer abstracción de lo vivido:

Le cru et le cuit”, dice Lévi-Strauss:
al pronunciar
una palabra
se cuece
la carne del sonido (p. 78).

En el conocido ensayo antropológico de las mitologías de Lévi-Strauss, la observación puede prestarse al debate sobre el detalle: ¿qué es en sí lo real? En la lectura de la obra, el lector encontrará que el eje de la poética courtoisieana es la apertura a nuevas experiencias que permitan desarrollar nuevos paradigmas, pues los descubrimientos condicionan no solamente nuestros conocimientos, sino nuestra forma de pensar.

En un momento en el que la conciencia universalista y el cosmopolitismo han sido productos de los movimientos y de los intercambios cada vez más acelerados de nuestro mundo, nuestro hogar es una entidad multisensorial que se puede percibir, oler, tocar o escuchar. Con todo, la mayor parte del tiempo, al no ser conscientes de ello, al normalizar las situaciones comunes, éstas se banalizan. Desde la palabra abierta al sentido, Manual de poesía para resolver problemas domésticos es una llamada a la conciencia sensible de nuestra naturaleza frente a la automatización del individuo. Gracias al juego lingüístico, al gesto y a las cargas matéricas que nos rodean, el escritor se adentra en las sensaciones para crear una realidad insólita, directamente relacionada con las experiencias vividas a las que pretende dar un sentido frente a la nada y a lo incomprensible como posibilidad. Courtoisie consigue que el lector valore, de un modo casi ritual, algunos de esos momentos domésticos o diarios al desencadenar una reflexión profunda sobre asuntos y sujetos, y logra un estado de introspección sobre aquello que, parece, da fe de nuestra propia existencia y nos impulsa hacia un desarrollo personal cuando tomamos conciencia de lo cotidiano y lo doméstico. En ese lugar no sólo acontece casi toda la vida del ser humano, sino que también se define nuestra identidad. Una espiritualidad estética en la mirada consciente que se detiene en el tiempo para conectar con nuestra naturaleza y entender nuestro entorno, aparentemente estático y siempre cambiante. Lejos de la idea del cerebro como una tabula rasa que recibe estímulos externos —como afirmaban los filósofos del siglo XVIII—, hoy se sabe que este órgano predice, interpreta y configura nuestra experiencia sensorial, ya que el modo en que experimentamos algo a un nivel sensorial básico depende directamente de nuestro conocimiento previo sobre lo experimentado. Si cuando algo es predecible, nuestro cerebro no requiere procesar la información para evaluar su respuesta —como “Qué hacer cuando del juego de doce copas de cristal que heredaste de tu tía se rompieron once y viene a cenar a tu casa, por primera vez, la mujer de tus sueños” (p. 37), algo que “saben los lectores desde que empezó el poema” (p.37)—, lo impredecible, por otro lado, difícilmente puede ignorarse. Resulta indispensable incorporarlo y procesarlo para actualizar nuestro entendimiento del entorno, puesto que “La solidez es una forma extrema/ de la debilidad: mira tu cuerpo” (p. 38).

Paradójico y provocador, el poeta uruguayo nos brinda una poesía de admirable y cuidado lenguaje donde no sólo hay belleza y humor, sino también trascendencia significativa en un aparente nivel coloquial lleno de recursos retóricos y poéticos al “solucionar distintos inconvenientes caseros para el arte lírico: ritmo, metáfora, simbología, contrarritmo, silencio, polisemia, costuras invisibles entre versos, etc., claro, eso cuando se pretende escribir poemas con éxito, y por esto último, no me refiero a textos que agraden al lector y susciten el aplauso fácil, sino que lo interpelen, que lo conmuevan al punto de hacerle variar o incluso dudar de su opinión o sensación. Esto es lo más cercano que estaremos de la verdadera Poesía”, tal como prologa el poeta Mario Pera.

En la paradoja de que el lenguaje poético subvierte el sentido ordinario de los lugares comunes de otros lenguajes a partir de la aceptación de lo indecible, Rafael Courtoisie pertenece a esa clase de poetas que saben que su tiempo es ahora, y que el impacto más importante de la escritura en la historia humana es precisamente el cambio gradual de la manera en la que los humanos piensan y ven el mundo; por ello, se nos aparece como esa poca habitual suerte de albatros baudelairiano. Están presentes García Lorca, José Bergamín, Juan Goytisolo, Marosa di Giorgio, Quiroga, Baudelaire, “los fantasmas de Gardel y Le Pera, el espectro de Onetti, la degollada de la rambla Wilson, Juana de Ibarbourou declamando ‘Caronte, yo seré un escándalo en tu barca’” (p. 36); “sombras apenas de ángeles caídos” (p. 29) que no abandonan el navío de la sociedad, el Mundo, nuestra domus o morada, puesto que “cada pluma representa la escritura, el silencio” que se gesta y alumbra en el poema: el espacio creado donde la luz se manifiesta. Silencio que en poesía es el signo de que el receptor, el lector, importa.

Manual de poesía para resolver problemas domésticos se presenta como una mirada consciente del ahora, un presente que se oculta entre las vistas ensimismadas que lo rodean para hallar la belleza silenciosa en la vida ordinaria, pues si “La parte oscura del lenguaje/ ilumina/ la cara oculta de la vida”, entonces, como recoge Gustav Janouch en sus Conversaciones con Kafka, “La verdad es siempre un abismo. Uno debe —como en una piscina— atreverse a zambullirse desde el tembloroso trampolín de la experiencia trivial diaria y sumergirse en las profundidades, para tras esa experiencia salir de nuevo —riendo y luchando por recuperar el aliento— a la ahora doblemente iluminada superficie de las cosas”. La tarea de cotidianizar muestra, para Courtoisie, lo más profundo del ser humano mientras presenta al mismo tiempo una memoria individual de lo colectivo, pues si lo cotidiano es el relato efímero permanente que hacemos de nuestra vida, lo que une a los pueblos es la narración, y tal vez sea en el imperativo juanramoniano “Amor y poesía cada día” donde se encuentre la esquiva universalidad del concepto. De ser así, como augura el poeta uruguayo: “No te alcanzarán los envases/ del mundo/ para tanta vida” (p. 47).

 


1 Rafael Courtoisie, Hacer cosas con palabras. Los Libros del Mississippi, 2023, p. 67.
2 Rafael Courtoisie, Ordalía. Huerga y Fierro, 2016, p. 40.
3 Sally Mann, “Escuela La Cámara Roja”. Consultado el 26 de mayo de 2024 en:
https://lacamararoja.com/escuela/sally-mann/#:~:text=%22Siento%20un%20profundo%20respeto%20por.(Sally%20Mann
4 Julio Cortázar, “Manual de instrucciones”, en Historias de cronopios y de famas. Alfaguara, 1995, p. 2.
5 Humberto Giannini, “La pesantez de la vida cotidiana”, en Acción comunicativa y testimonio. Ética de la vida cotidiana. Actuel Marx, 8, 2009, pp. 69-75.
6 José Bianco, “Moral y literatura”. Revista Sur, 126, 1945, pp. 62-84.
7 Rafael Courtoisie, Ordalía. Huerga y Fierro, 2016, p. 41.
8 Enric Jardi, Torres García. Polígrafa, 1973, p. 150.
9 Emilio Lledó, Identidad y amistad. Palabras para un mundo posible. Taurus, 2022, p. 29.
10 Ibid., p. 31.

 

Ambas partes se reconocen en su personalidad y están de acuerdo en que el presente Contrato Colectivo de Trabajo se regirá y se aplicará en la Empresa Cadena Comercial Oxxo, S.A. de V.C., al tenor de las siguientes:

DECLARACIONES
1os nopalitos desos de papitas me
llevo cuando puedo son carísimos pero mis
favoritos

poreso me llevo autodescuento nopalitos del otzo
autodescuento o ajuste de cuentas
no temo al otzo tanto como ael ualmart
porque aquella vez dios perdona pero el ualmart no

repetían polis y mis rumis de canas concreto hierro por ganarse la vida
aplasta

la ley que aplasta persona moral grediste declara juicio
Nueva Wal-Mart de méxico S. de R. L. de C. V.

de cuando el descuento noslo dieron gratis

 
El trabajo prestado a la empresa, deberá ser desempeñado por los
trabajadores con la eficiencia, cuidado y esmero necesarios, en orden a
lograr la mejor calidad y la mejor productividad posible

ya sentí el ardor enlos ojos Colohua
de volver a la contaminacióm
de desear nopalitos queno alcanzan
de los descuentos
de la alza al costa dela vida
de llevarme nopalitos carísimos de otzos que podrían cobrárselos a les trabajadores cuando sabemos que ni los nopalitos son comida ni suficientes los 50 mil porsi se muere le entregarían apoyo sindicato prestación capital fallecimiento
beneficiarie quien recibe
beneficiade de quien vivió al costo

 
del ya el viernes le pagan a tu papá

 
 

Morelia, Michoacán a 1° de Abril del 2019

            Porla Empresa                                                          Porel Sindicato

 

Peque maldecide de rock argentino:
paraplegaria


maldición que llevaba incubando deste virus
desta fiebre como cuando peque tía madrina ya
entonces Soda Estéreo Julieta Venegas

recuerdo el crecer Soda a Sí Rosa Julieta
enel mueble del estéreo desde buelitos


Gracias Tía Madrina mía
por haberme incubado virus fiebre porel
rock argentino
que hoy día por más resistí
retumbaste Fito Spinetta García Gustavo
acá seguimos enesta fiebre
suavemente gastando centavos que allá echan de
falta


y acá también



pasa factura del costo delos golpes quenos bajan

pero con 1 poca de música argentina
se memoria el enojo
se disfruta algo al trabajar el domingo

no es para a pesar de
sino con

conel pesar bien tráido enlos óidos

 
dios de harto tal vez
en primeras comuniones institutas

me nacieron ya contía
serías, tía madrina?

 
ahijaste amadriné

 
 
gracias totalmente hoy
por ser tía madrina mía
hermana mayor siempre tuve

y con mi Tino dos hermanes sangre santificaron

y poresta maldición
queme inculcaste tiernamente
en nuestro convivir

te dejo esta plegaria
con tu niñe dormide
que dios quiso y prestó vida

 
Tía Toñi Madrina Mía
que me encariñas tanto

tanto

 
tanto

 
.

 
 

Cerillo de cabecita pegada  vas llegando?
/ Mójese parano prender la basura

 
no fuel cerillo quese rompió
tampoco aquel paral huembito cena delas 12 dela noche

 
menos

12:12 paraser exactes

 
no fuel cerillo quese quedó enla cajita
que pudo ser cualquiera
cualquiera menos aquellos dela cebecita pegada
no esos no
no era 1 delosque quedaron
ahí nomás
para prender la estufa
o romperse
y mojarlo antes deque encendiera la basura
y mojarlo antes deque encendiera
y antes de mojarlo
o dela fricción queno siempre prende

 

 

 

Excelente Cucho qué bueno que ya salió el camión       un abrazote

Por dónde vas hijito?
Buenos días hijo                                     que bueno         Dios te bendiga y cuide mucho
Ok     Dios te bendiga hijito

Ya vas llegando?
Ya llegaste? Gracias a Dios!!!
Wow!! Ok excelente      bendito Dios cucho sin mayor novedad
Cuchooo te amamos lo sabes
Que bueno hijo debes estar cansado cena y descansa        te queremos mucho
cena y descansa

no está enla cajita que podría ser cualquiera peroal salir encenderá por 1os segundos nomás

Cuchooo hijitooo como estás?

ese tampoco

no eseldelas próximas cajitas
ni elde todas las anteriores
sino

más que nada

es aquel cerillo que

 

 

 

cena y descansa

 
no eseldelas próximas cajitas
ni elde todas las anteriores
sino

 
más que nada

 
es aquel cerillo que

 

sagrada Deseo Desidere Desiderare familia
 
 
10/06/24 16:29
me siento feliz.

*No hacemos falta, estamos te
ha sido Un buen día
mis abuelitos enla cocina.
mi mami enel comedor.
mi hermano descansando.
mi papi decamino.
escucho a demi abuelita enla cama Acostade

 
Han sido

1 buen día.

 

 

 

Desvuelvo
ante ustedes
feliz

 
en ustedes         feliz        Desenvuelvo                    .

 
a nosotres buscarnos
habemos delavuelta
si hallarnos querernos

en nosotres

 
vuelves

*

 


 

El invierno en el animal

Si soy la parte blanda en la espesura
blanda de una montaña, si mi mano
alisa, entre toda esta frescura,
la base de la carpa, ¿dónde aplano

y dónde cedo? El pasto y su finura,
la roca y su firmeza. Es en vano
partir la parte blanda de la dura:
somos esta mixtura, este arcano

movimiento entre ser y ya no ser.
Toco mi cuerpo, toco la montaña,
y en lo que toco me hago aparecer:

un animal de invierno en la maraña,
un hombre solo al atardecer.
Soy lo blando, lo duro, lo que daña.

Un arte más febril

a Elizabeth Bishop y a Lota de Macedo Soares,
quien cuidó a la poeta cuando tuvo una grave reacción alérgica
por comer una castaña de cajú.

Una castaña de cajú en Brasil
te atrapa un día con su carne tersa
y dice éste es el arte más febril.

El arte de perder no es hostil,
es un dominio lento que lo siembra
una castaña de cajú en Brasil,

como el agua en la fiebre se deja ir,
como el verde se pierde en las ciruelas.
Y dice éste es el arte más febril

una nuez breve, lisa como un film,
que en la alergia se aferra sin reversa:
una castaña de cajú en Brasil

te deja sin la soga en un redil
pero enseña a perder. Lota se acuesta
y dice ¿éste es el arte más febril,

con paños fríos en tu frente huís
hacia un nuevo país? Acá se enfrenta
a una castaña de cajú —¡es Brasil!—
si dice éste es el arte más febril.

El ansia

a Mirta Rosenberg

Tenés una sextina con mi nombre, Mirta,
y mi nombre fue apenas dicho, tu mirada
fugaz sobre una lista algún día de otoño.
¿O es pura ansia? Sé que el nombre del padre es
el padre, ¿en seis letras de hijo cabe el hijo?

Después descubro que Manuel no es tu hijo, qué
parecido es Miguel, mi nombre suavizado
por una G, ¿tu padre era suave? Es parco
el mío, he dicho; qué desesperada es
siempre mi ansia de maestras, de mesura,

una lista de ajena certeza, una lista
de seres que me arropan como un hijo, guías
espirituales para mi ansia, cuánta hambre
por caber en un nombre, ¡querer ser, y basta!
Quién me habrá dicho “en la vida se anda con sed

de padre”. Mirta, y todo para hablar del padre,
te reirías con mi amplia lista de excusas,
sobre lo mismo he dicho cien veces lo mismo,
el canto de un hijo que busca entre cenizas
su nombre, que en el error mantiene intacta

el ansia. ¿Qué hacer para que no nos trague
el ansia? Pregunta típica a un maestro,
al padre nuestro que inventamos. A ese nombre
que besamos sin pausa, siempre lista nuestra
sed. Somos un cuenco de hijo. ¿Qué es eso?

Un barril pinchado, ha dicho Platón. El agua
entra y sale, ha dicho, y nunca alcanza. Para
mí, el ansia, Mirta, es un barril gastado, hijo
de otro barril gastado que fue padre. Un día
vemos que es larga la lista de huecos. Y todos

tienen un nombre. Mirta: he dicho en tu nombre
mi lista de obsesiones: el padre, el hijo,
una sed. El ansia que se muerde la cola.

El rezo en la trinchera

¿Huele? ¿Ese olor a heno enmohecido?
Diego Muzzio

En la segunda línea de trincheras
de los bosques de Bazentin, había
sobre el frío y el barro dos maneras

de abandonarse: la melancolía
y el rezo. Un joven oficial británico
que en su tierra estudiaba teología

alternaba los modos, un mecánico
anclaje entre lo previo y lo sagrado:
el rezo o el recuerdo, sino el pánico.

Cada cráter de obús ya era un vado
y el agua de la lluvia reflejaba
el cielo, los aviones, el puñado

de bombas que caían. Le temblaba
el pulso al oficial cuando alzó
el dedo hacia una nube: ¿qué brillaba

en ese punto, lejos? Señaló
un cuerpo que caía por el aire,
un piloto de avión que derribó

algún cohete alemán, arrojo de alce.
“Hemos asesinado al Señor”,
dijo y se disparó recto en las fauces,
la bala, el rezo, el eco en su interior.

 

 

 
Prólogo de la muestra Originaria. Mujeres que escriben fuera de la hegemonía, Alternativa Ediciones, Morelia, 2024. Selección de contenidos y coordinación general a cargo de Ateri Miyawatl, Celeste Jaime y Mara Rahab Bautista.

 

 
Originaria. Mujeres que escriben fuera de la hegemonía es el título de la más reciente propuesta del segundo Encuentro Nacional Originaria que reúne a ocho mujeres escritoras en su lengua y en español. Es también una propuesta a través de la cual se renueva el compromiso por generar espacios donde se escuchen y se lean las voces y la escritura bilingüe. Mujeres originarias desde su pertenencia a una cultura y lenguas propias, sus territorios y su potencia creadora, buscan otras formas de hacer poesía y crear narrativa. Desde su propia singularidad comparten sus sentipensares y resistencias.

La experiencia de la Gira de mujeres poetas en lenguas indígenas, cuyas dos ediciones se efectuaron en Michoacán durante 2018 y 2019, culminó con la realización del diálogo intercultural en el primer Encuentro Nacional Originaria en Pátzcuaro, Michoacán en noviembre de 2019 —al que tuve oportunidad de acudir—, resultó un esfuerzo inédito en su convocatoria al descentralizar las prácticas de lectura pública y acercar a las poetas a distintas comunidades locales en un diálogo horizontal. Tuvo un gran impacto al reconocernos entre nosotras a través de conversatorios donde coincidimos, compartimos y reflexionamos conjuntamente. De ahí su carácter comunitario abierto a todo el público.

En esta colección participan las poetas en estricto orden alfabético de su lengua: Diana Domínguez, ayuujk (mixe del alto centro); Susi Bentzulul, bats’i k’op (tsotsil); Natalia Toledo, diidxazá (zapoteco del Istmo); Juana Peñate Montejo, lakty’añ (ch’ol); Alejandra Sasil Sánchez, maayat’aan (maya-peninsular), y Araceli Patrani (náhuatl / mexicano de Guerrero).

Adicionalmente, la poeta Aleida Violeta Vázquez Cisneros de Cuajinicuilapa, Guerrero, nos ofrece cantos-poemas en español. La oralidad vigente a través del canto y la escritura versada y rítmica cuya temática alude a las mujeres afromexicanas. También están reunidos breves ensayos de Jumko Ogata Aguilar, afrojaponesa y chicana, originaria de Veracruz, quien escribe y reflexiona sobre la racialización y el racismo.

Las voces de las mujeres aquí reunidas nos comparten su profundo conocimiento acerca de su origen y el vínculo con la Tierra. Su lenguaje poético y simbólico está ligado a la Naturaleza. La presencia de las abuelas como la memoria ancestral latente en sus versos: “In chiiche’ jukúul x Nuk ya’axche u xit’maj u k’ab” (“Mi abuela es una gran ceiba de brazos extendidos”) (sólo por citar a Alejandra Sasil Sánchez). De gran acierto es colocar elementos propios de cada cultura en su lengua para construir su memoria, identidad y territorios al nombrarse “Mujer”: Siuakoatl (“Mujer serpiente”); Joñoñ xty’añonbä x-ixik (“Soy una mujer”); Mujer afrodiáspora y Ca binnizá (“Los zapotecas”). Lo anterior representa el lugar de la enunciación, la voz poética que es, al mismo tiempo, la voz personal.

Esta voz personal es también política. Expone con dolor y coraje las diversas problemáticas de injusticia social que viven los pueblos originarios y afromexicanos: la discriminación racial, ya antes mencionada; las desapariciones forzadas; el despojo de sus territorios y la violencia hacia las mujeres indígenas y afromexicanas; los feminicidios. Voces que se reconocen diferentes para ser en cuanto colectividad. Mujeres originarias que escriben e interpelan las hegemonías patriarcales, discursivas y lingüísticas.

Agradezco a Originaria, a las poetas y a la narradora convocadas en este segundo Encuentro, la búsqueda creativa para caminar juntas nuevos rumbos.

―Susana Bautista Cruz

 

Diana Domínguez

Versiones al español de Elena Gil (“Habla fuerte”)
y de la autora (“La muerte es una mujer con rebozo”)


Habla fuerte

Habla fuerte, Madre
Cuando yo no regrese al pueblo
Haz que tu voz se oiga aún más fuerte
Para que yo pueda escucharte hasta aquí
No sientas vergüenza si la gente te mal mira
Que tus entrañas no se descompongan si la gente se ríe de ti
No sientas tristeza si nadie te puede comprender
Siempre espero que el viento me traiga tus palabras hacia este lado
Y de esa manera hinchen de aliento mi alma
En el momento en el que muere y se apaga, en estas tierras
Que silencian mis palabras
Las mismas que tú le habías regalado a tu hija como ofrenda


Mëjk mkäjpxt

Mëjk mkäjpxt tääk
ku ka t ëjts jam käjpjotp njä’ätt
Jawaan mëjk ja m ayuujk xakanä’änt
Jëts yää  ëjts ja’ nmëto ott
Ka t mtsëyu nt ku jä äy wenk mjën’ejxët
Ka t mjotmä’ätt ku jä äy mtaxe ekët
Ka t mjotma aty ku ka t pën mmëtookukët
Ejtp ëjts n awijxy ku ja m ayuujk nyaspojët yäätsoo amy
Te n te’n mejts x akuxajët ëjts n anmëjä’än
Ku y o kn ku pye tsn  mää yä’ät etë’n
Mete’ep ttimyak’amonp ja ëjts n ayuujk
Mete’ep ojts mejts m u’nk xtamëyexy.



La muerte es una mujer con rebozo

Entra y toma café
no tienes que esperar bajo el frío
te he visto desde hace tiempo
acechar detrás de ese ocote
te he visto cada día acercarte lentamente
¿por qué tardas tanto?
¿por qué no tocas aún la puerta?
Entra
siéntate y descansa
hazme un poco de compañía
pareces más aterrada que yo
tal vez piensas que te has equivocado de camino
o tal vez solo te invade una inmensa lástima 

Extiende tu rebozo de bolita aun lado del fogón
deja que se entibie ligeramente
poco falta para que el carbón se apague
esperemos aquí, juntas
hasta que el adobe de esta casa se enfríe
hasta que mis pupilas encuentren la espesa negrura
entra
no pretendo retrasarte
hazme un poco de compañía
mientras, te platicaré sobre las soledades 
que en esta casa habitan
y tú puedes hablarme
sobre aquellos posibles reencuentros


Tëë ja o’ojkën yukwepy tyëjk’ayo’oy

Näx mkaweeuuky
ketee jam xux x’atan
jekyë’p ëjts n’ejxn ku mejts
mxeky jam tseenpatki’py
tëë ëjts n’ejxn xë´n japom apo maya’aky mjënkon
¿ja tii ku mkitimy jä’äty?
¿Ja tii ku tëjk’ää xkitimyjënkexy?
Näx
tsëën pokx
jamyët’äjtëk ëjts
mejts tsyää kyaxi’iky pety mtsë’ëjkëp
wa’ntejn x’ataty ku tëë mtu’utëkey
okwa’ntejn kajanaxy mejts xtimypa’ayeyy

Wejtstëë yë’ mkäjts yukwop jëënpa’äjy
wa’n në’netyë’n jo’kxtëk
japaan tyëkey jëts jëënpäjk pye’tsnët
jä’m nëmajtsk apijxyë’n
kowanë’m yä’ät muutsytyëjk tyaxuxë’t
kowanë’m ëjts nweenjujky koost’äjtë’n t’expäät
Näx
ka’t ëjts njënmay ku nak’jëxookë’t
ëjts jamyëët’äjtë’k
tsyää waan ntamëmatya’aky xë’nten yakjäw
ku apäk ntsënä’äyën
jëts mejts xtamëmatyä’äkt pën jantsy ku jatëkojk
yak’ejxp yak pätp pënety ojts yää naxwiiny tëë nyäjxnë’t