1 abril, 2019

Verlaine y Henry Kistemaeckers

de Alejandro Merlín | Ensayos

Quizá no reparemos lo suficiente en el gran favor que han hecho a la cultura los editores valientes —en ocasiones por publicar obras invendibles, en otras por publicar lo que la censura prohibía—. La valentía de Henry Kistermaeckers —editor nacido en Amberes, francmasón, socialista desesperado y profundamente antirreligioso— fue de naturaleza impúdica y temeraria. En 1873 abrió una librería en su ciudad y más tarde la “Librairie contemporaine” en Bruselas, donde comenzó a publicar, años después, ediciones de lujo y, por qué no, publicaciones políticas, sindicalistas, una colección llamada “Pequeña biblioteca socialista”, para luego, después de fracasar, dedicarse sólo a las obras literarias de escritores de su generación. Durante casi quince años, se dedicó a reeditar obras ligeras, siguiendo los pasos de otros editores, como Poulet-Malassis o Gay et Doucé, incluso llegando a copiarles ediciones sin empacho. A él le debemos algunos libros que se encuentran en el Infierno de la Biblioteca Nacional de Francia: La Chanson des gueux: pièces supprimées, de Jean Richepin, obra por la que autor y editor fueron sancionados por ultraje a las buenas costumbres, y Femmes [Mujeres], de Paul Verlaine.

La edición del poemario de Verlaine fue clandestina, una publicación sous le manteau. Eran dieciocho poemas escritos entre 1888 y 1890 que, se suponía, eran la continuación de los poemarios Amies y Filles. Se tiraron tan sólo 175 ejemplares; tan pronto como apareció fue confiscado por la policía belga, quienes muy probablemente destruyeron la mayoría de los ejemplares, o todos los que pudieron. Sólo hasta 1989, en la edición de la Pléiade, se incluyeron por fin en sus obras completas. En el Infierno de la Biblioteca Nacional de Francia se encuentran las pruebas de imprenta en papel verjurado que Pierre-Lucien Martin encuadernó. También está la edición de Henry Kistemaeckers —sin su crédito, naturalmente, y con otras dos aclaraciones de que la obra no estaba destinada a la venta.

Los poemas son elogios o exaltaciones del sexo, los miembros sexuales, las partes pudibundas, los fluidos, etc. Hay sonetos, odas y versos que recuerdan a las coplas. Existen un par de versiones en español, una con el nombre publicitario de Obras prohibidas, publicadas en España y Argentina, pero queda pendiente una versión en verso, que imite realmente los originales. Gracias a la temeridad del editor belga Henry Kistemaeckers sobreviven los versos soeces del poeta maldito, Paul Verlaine, quien antes se lamentaba del sonido monótono de los violines del otoño.

Como muestra para el lector, ofrezco una traducción del sentido, no de la música, que refleja bien la procacidad del original.

 

XVI
Hommage dû

Je suis couché tout de mon long sur son lit frais:
il fait grand jour; c’est plus cochon, plus fait exprès,
Par le prolongement dans la lumière crue
de la fête nocturne immensément accrue,
Pour la persévérance et la rage du cu,
et ce soin de se faire soi-même cocu.
Elle est à poils et s’accroupit sur mon visage
Pour se faire gamahucher, car je fus sage
Hier et c’est —bonne, elle, au delà du penser!—
Sa royale façon de me récompenser.
Je dis royale, je devrais dire divine:
Ces fesses, chair sublime, alme peau, pulpe fine,
galbe puissamment pur, blanc, riche, aux stris d’azur,
cette raie au parfum bandatif, rose-obscur,
lente, grasse, et le puits d’amour, que dire sur!
Régal final, dessert du con bouffé, délire
de ma langue harpant les plis comme une lyre!
et ces fesses encor, telle une lune en deux
quartiers, mystérieuse et joyeuse, où je veux
dorénavant nicher mes rêves de poète
et mon cœur de tendeur et rêves d’esthète!
et, maîtresse, ou mieux, maître en silence obéi,
Elle trône sur moi, caudataire ébloui.

 

Merecido homenaje
(Honor a quien honor merece)

Acostado estoy a mis anchas en su cama fresca,
como a la intemperie; la franca luz
de la extendida fiesta
hace todo más sucio y conveniente
para la perseverancia y el ímpetu del culo
y esa diligencia de ponerse el cuerno a uno
mismo. Está encuerada
y se agacha en cuclillas en mi cara
para que se la chupe, porque ayer tuve juicio
y esa es su manera —su mejor servicio—
de ofrecerme su regia recompensa.
Dije regia pero debí decir divina:
sublime carne, sus nalgas,
fuerte y pura curvatura, piel provechosa,
estrías de azur, blanca y copiosa,
lenta, regordeta, la raja rosa oscura
de perfume afrodisiaco murmura
¡qué rico bizcochito!
Último y placentero postre de la cómica panocha,
delirio de mi lengua que toca su fisura
como arpa y lira, y sus nalgas todavía,
como una luna menguante,
misteriosa y exultante,
¡adonde quiero llevar mis sueños de poeta,
y mi corazón cogelón y mis sueños de esteta!
Además, mi amante, o mejor, mi amo al que en silencio
obedezco, está sobre mí en su trono sentada,
y soy su caudatario perplejo.


Alejandro Merlín / Durango, 1988. Traductor y editor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM, donde también enseña traducción. Ha traducido a Heinrich Heine y Jean Starobinski, entre otros. Actualmente trabaja para el Fondo de Cultura Económica.