5 noviembre, 2018

Una forma oscura galopando por el bosque

de Heinrich Heine | Traducciones

Selección, versión del alemán y nota preliminar de Andrés Kusminsky.

Libro de las canciones (Buch der Lieder), la primera colección de poemas de Heinrich Heine (1797-1856), apareció editado en octubre de 1827. Aunque ni el poeta ni el editor, Julius Campe, le dieran demasiada importancia —es bien sabido que éste adquirió el volumen por casi nada, y que la publicación era una forma de asegurarse al ya célebre escritor de los Cuadernos de viaje (Reisebilder), publicados en 1826—, Buch der Lieder había sido reeditado doce veces al final de la vida de Heine. Su popularidad le debe mucho a la del género del Lied y a la profusión de compositores románticos y posrománticos que se dedicaron a él: Schumann, Schubert, Mendelssohn, Brahms y Strauss son apenas un puñado de músicos que hicieron, en distintos momentos, Lieder a partir de poemas de Heine.

¿Qué esperaba, más o menos, un lector alemán de poesía en la tercera década del siglo XIX? Heine forma parte del experimento estético del romanticismo, aunque suele decirse que llegó para cerrarlo; una época en la que los poetas redescubrieron, reivindicaron y actualizaron la tradición romántica europea. El lector de entonces se encontraba con baladas o romances, poemas gnómicos populares, canciones de amor a la manera de villancicos. El Volk no solo era un concepto académico de cuño reciente. Los románticos habían comprendido la falsedad de la distinción entre alta cultura y cultura popular, y se habían volcado a los materiales míticos del romancero español, las crónicas medievales, las sagas, los cancioneros populares. Esto puede sonar extraño a un lector moderno; sin embargo, esta tradición se proyecta a W.B. Yeats, Robert Frost y Robert Graves, por nombrar a unos pocos. En nuestra tradición, naturalmente, Lorca y Neruda. Pero también el raro Borges, que prefería a Heine antes que a Goethe y escribía romances disfrazados en cuartetas.

En todos esos géneros Heine escribió poemas extraordinarios. La crítica reciente ha querido rescatar al autor de poemas irónicos, historizando, a menudo, algo que en realidad corresponde no al fin del romanticismo, sino a la originalidad del propio Heine. Hay buena cantidad de epigramas amorosos que, en cierta medida, lo emparentan con Catulo. En ellos emerge con mayor nitidez la personalidad del poeta y la situación del affaire pasional, aunque nunca son confesionales ni demasiado descriptivos.

La presente selección toma poemas tanto de sus libros tempranos como de su producción tardía.

El viento mueve los árboles

El viento mueve los árboles,
está húmeda la noche.
Voy solo: una forma oscura
galopando por el bosque.

Mientras galopo, galopa
más rápido lo que pienso
y me lleva hasta mi amiga,
al lugar de su aposento.

Ladran perros, los criados
se acercan con luz de velas.
El caracol de la torre
subo con ruido de espuelas.

En la habitación de alfombras,
luminosa y abrigada,
allí me espera mi amiga;
yo voy corriendo a abrazarla.

Dice algo el viento en las hojas,
el roble viejo está hablando:
“Caballero, ¿qué porfías
con este sueño porfiado?”

Der Herbstwind rüttelt die Bäume

Der Herbstwind rüttelt die Bäume,
Die Nacht ist feucht und kalt;
Gehüllt im grauen Mantel,
Reite ich einsam im Wald.

Und wie ich reite, so reiten
Mir die Gedanken voraus;
Sie tragen mich leicht und luftig
Nach meiner Liebsten Haus.

Die Hunde bellen, die Diener
Erscheinen mit Kerzengeflirr;
Die Wendeltreppe stürm ich
Hinauf mit Sporengeklirr.

Im leuchtenden Teppichgemache,
Da ist es so duftig und warm,
Da harret meiner die Holde –
Ich fliege in ihren Arm.

Es säuselt der Wind in den Blättern,
Es spricht der Eichenbaum:
Was willst du, törichter Reiter,
Mit deinem törichten Traum?

Hombre, no se burla al diablo

Hombre, no se burla al diablo.
La vida se hace muy corta
y la perdición eterna
no es cosa de poca monta.

Hombre, hay que pagar las deudas.
Muy larga se hace la vida
y habrá que pedir prestado
como tantos otros días.

Mensch, verspotte nicht den Teufel

Mensch, verspotte nicht den Teufel,
Kurz ist ja die Lebensbahn,
Und die ewige Verdammnis
Ist kein bloßer Pöbelwahn.

Mensch, bezahle deine Schulden,
Lang ist ja die Lebensbahn,
Und du mußt noch manchmal borgen,
Wie du es so oft getan.

La muerte, eso es la noche fría

La muerte, eso es la noche fría.
La vida, el día bochornoso.
Es tarde, tengo sueño;
me cansó tanto el día.

Sobre mi cama crece un árbol.
Adentro canta el ruiseñor.
Canta de amor nomás.
Yo lo escucho, soñando.

Der Tod, das ist die kühle Nacht

Der Tod das ist die kühle Nacht,
Das Leben ist der schwüle Tag.
Es dunkelt schon, mich schläfert,
Der Tag hat mich müd gemacht.

Über mein Bett erhebt sich ein Baum,
Drin singt die junge Nachtigall;
Sie singt von lauter Liebe,
Ich hör es sogar im Traum.

Había una vez un rey

Había una vez un rey.
Le pesaba el corazón,
era blanca su cabeza.
El pobre rey se casó
con una muchacha bella.

Había una vez un paje;
era rubia su cabeza
y ligeros sus sentidos.
Él ayudaba a la reina
Con la cola del vestido.

¿No conoces la canción?
Es dulce y al mismo tiempo
amarga, cómo negarlo.
No podían ir muy lejos:
se querían demasiado.

Es war ein alter König

Es war ein alter König,
Sein Herz war schwer, sein Haupt war grau;
Der arme alte König,
Er nahm eine junge Frau.

Es war ein schöner Page,
Blond war sein Haupt, leicht war sein Sinn;
Er trug die seidne Schleppe
Der jungen Königin.

Kennst du das alte Liedchen?
Es klingt so süss, es klingt so trüb!
Sie mussten beide sterben,
Sie hatten sich viel zu lieb.

La carta que me escribiste

La carta que me escribiste
no me asusta para nada.
No me quieres más, me dices.
Bien, pero la carta es larga.

¡Doce hojas muy prolijas!
¡Un manuscrito perfecto!
Uno no se esmera tanto
cuando se despide en serio.

Der Brief, den du geschrieben

Der Brief, den du geschrieben,
er macht mich gar nicht bang;
du willst mich nicht mehr lieben,
aber dein Brief ist lang.

Zwölf Seiten, eng und zierlich!
Ein kleines Manuskript!
Man schreibt nicht so ausführlich,
wenn man den Abschied gibt.

En el jardín hay un árbol

(Ella habla:)

“En el jardín hay un árbol
y hay una manzana, adentro,
y por la rama se enrosca
una serpiente, y no puedo
dejar de mirar sus ojos
de serpiente, aunque me esfuerzo,
y es imposible no oír
lo que me dice en secreto.”

(La otra habla:)

“Es el fruto de la vida.
Vamos, prueba su dulzura,
que no sirve para nada
toda una vida en ayunas.
Paloma blanca, m’ijita,
no tengas miedo, ¿qué dudas?
Sigue mi consejo. Es bueno
tener una tía astuta.”

Steht ein Baum im schönen Garten

(Sie spricht:)

Steht ein Baum im schönen Garten
Und ein Apfel hängt daran,
Und es ringelt sich am Aste
Eine Schlange, und ich kann
Von den süßen Schlangenaugen
Nimmer wenden meinen Blick,
Und das zischelt so verheißend
Und das lockt wie holdes Glück!

(Die andre spricht:)

Dieses ist die Frucht des Lebens,
Koste ihre Süßigkeit,
Daß du nicht so ganz vergebens
Lebtest deine Lebenszeit!
Schönes Kindchen, fromme Taube,
Kost’ einmahl und zittre nicht –
Folge meinem Rath und glaube,
Was die kluge Muhme spricht.

Así van las cosas

Si uno tiene mucho, pronto
tiene mucho más que antes.
Quien tiene muy poco, espera
que el muy poco se lo saquen.

Pero si no tiene nada
lo mejor es que lo entierren.
Derecho a vivir, compadre,
tienen sólo los que tienen.

Weltlauf

Hat man viel, so wird man bald
Noch viel mehr dazu bekommen.
Wer nur wenig hat, dem wird
Auch das Wenige genommen.

Wenn du aber gar nichts hast,
Ach, so lasse dich begraben –
Denn ein Recht zum Leben, Lump,
Haben nur die etwas haben.


Heinrich Heine / Düsseldorf, Alemania, 1797 – París, Francia, 1856. Considerado por la crítica el último gran poeta del romanticismo alemán, fue autor de varios libros de poemas y ensayos, cuadernos de viaje y textos memorialísticos.


Andrés Kusminsky / Buenos Aires, Argentina, 1989. Poeta. Es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ha traducido, entre otros autores, a J. W. von Goethe y a Heinrich Heine. Actualmente es miembro del equipo de dirección de la revista argentina Hablar de Poesía.