9 diciembre, 2019

Una estela de buenas intenciones

de Mercedes Cebrián | Inéditos

Muchacha de Castilla  

¿Pero qué te has creído, muchacha de Castilla,
que podías desear lo mejor en forma de país?
Te engañaron quienes aseguraban que el castillo en desuso
y la almena mellada le daban hidalguía a tu meseta.
Algo irrumpió hace tiempo y nos quitó
con muy malos modales
el arcabuz, la pica y el palillo atrapado
entre hileras de dientes.

Hoy tu meseta es un erial cuyo horizonte
no voy a describir.
Hay mal diseño en los campos de Castilla
y peor intención: se expanden
a lo ancho igual que tú y en ellos
solo brota, a raudales, la vida sedentaria.

Y mientras tanto, en otras latitudes ya no se dice
Colón descubrió América. Se dice la encontró
porque iba despistado por completo. Los rudos
señores extremeños que llegaron con él
a ese allí tan lejano, ¿a qué se dedicaban?
Entérate, muchacha de Castilla,
observa el disimulo con que esconden
puñados de esmeraldas en sus calzas.

Reconozcamos el valor de esos hombres
al viajar en un barco mugriento durante diez semanas.
Salieron en agosto, llegaron en octubre
y hasta febrero del siguiente año
nadie tuvo noticias de su paradero.¿Habrán
llegado bien nuestros muchachos? ¿O acaso
perecieron por falta de Vitamina C?

Son ellos tus ancestros, tu saliva lo indica. Los celtas
y los íberos te engendraron en un baile de pueblo.
Uno empotró a la otra junto al pozo
o detrás de una tapia: de ahí naciste tú, muchacha de Castilla.
Cuando cantas el himno de tu patria
te veo la campanilla y dos o tres empastes.
Tengo seguro médico, diles a los que muestren reparos
hacia tu anatomía. En España, todo bicho viviente
es atendido si se desploma ante un hospital público, insísteles
en eso.

Ya está bien de pronunciar barrotes, de farfullar tanta
reja oxidada. Yo hablo modernidad: mírenme
mis empastes, son de categoría. La odontóloga
que me los fabricó es más joven que ustedes y este fin de semana
se marcha a Copenhague solo por diversión.

El presidente de mi país nació después
que yo. En medio de un discurso nos pregunta: ¿Qué habría
que evitar, que cierren un quirófano o una biblioteca?
No busca una respuesta: él sabe que un quirófano
no puede convivir con un lote de libros: cualquier
mota de polvo que se encuentre en sus páginas
puede infectar la sangre del paciente.
El presidente de mi país
es más alto que el vuestro.

 

Ayer y hoy del kiwi 

Yo era una niña el día que desembarcaron
los kiwis en España. Yo era una niña española y ellos en cambio
eran calvos y verdes, cansados por el viaje desde Nueva Zelanda.
Probablemente llegaron en un contenedor
de ocho pies por cuarenta al puerto de Algeciras,
Barcelona o Bilbao
   (tenemos tantos puertos en los que recibir
   especies de otros mundos)
¿Cómo hicieron para evitar los golpes
durante el largo viaje?
Los primeros, recuerdo, estaban siempre duros.
Eran inmadurables, eran como yo ahora.
Para anunciarlos, ampliaban la foto de uno de ellos
partido a la mitad. De un verde extraordinario
y con esas semillas color negro: comérselo requería valor.
   (Dicen que hay una foto de Nikita Krushev comiendo un
kiwi en una recepción en los años cincuenta. No he podido encontrarla)

No olvidemos que el kiwi, además de una fruta
es el nombre de un pájaro. Recordemos también que ningún animal
sonríe a los humanos con ganas de intimar. A ver si sois capaces
de leer bien sus gestos: la mueca de ese chimpancé al descubrir la encía
es su preparación para el ataque.

               Mientras tanto, los inmigrantes
               que llegaron a España desde Pakistán el mismo día que el kiwi
               acordaron bajarle el picante a todas sus recetas
               y lograr que pasasen por platos de la India.

Tres décadas después, el curry nos parece
un plato regional y hay kiwis españoles
que nacen aquí mismo, bajo plásticos sucios
quemados por el célebre sol de Andalucía.
El kiwi ahora está devaluado, tuvieron que inventar
uno más dulce llamado kiwi Gold y así reconducir
nuestro deseo de nuevo hacia su pulpa.

 

           
Ultramarinos

Los hombres españoles son serios, éticos
   peléticos, pelimpimpéticos, pero poco lúdicos
   pelúdicos, pelimpimpúdicos
por esa razón yo nunca les daré
los libros más valiosos de mi biblioteca. Mis libros
son y serán para los hombres de Latinoamérica
   porque caminan en lugar de andar,
   porque soportan paradojas y devaluaciones
y porque me responden cuando les pregunto
si hay algo más ridículo que Panamá.
¿A quién se le ocurrió partirlo en dos?
      (Muchacha de Castilla, necesitas saber más
de logística y de barcos mercantes).

Mientras tanto, los hombres serios, éticos, peléticos,
pelimpimpéticos carraspean y creen pronunciar bien
y quemarían en la plaza pública
al que lleve sandalias.Y también quemarían
mi biblioteca entera, o más bien sus abuelos
habrían quemado a los abuelos de mis propios libros.
Para evitarlo, en mi maleta viajan
mis libros más preciados hacia los otros hombres.
Van por el cielo y dejan una estela
de buenas intenciones. Tienen su origen en una vehemencia
y a otra se encaminan, aunque más matizada
y con silenciador.

Se extraña la tripulación del peso desmedido
de mi bolso de mano: es el tú
y el vosotros de los libros que traigo.
      Pido perdón por esto, pido este perdón áspero
que sabe a polvorón y que es cristiano porque en sus ingredientes
hay manteca de cerdo. A cambio os doy mis libros,
para que fabriquéis verano con su invierno.

   (No, a bailar no me saquen,
   que yo bailo muy mal, que yo soy
   castellana.)

 

* Estos poemas pertenecen al libro Muchacha de Castilla (La Bella Varsovia, 2019).


Mercedes Cebrián / Madrid, 1971. Es poeta, narradora y traductora. Ha sido becaria de la Residencia de Estudiantes de Madrid, la Academia de España en Roma, Ledig House (Estados Unidos), el Civitella Ranieri Center (Italia) y la Residencia de Escritores del MALBA (Argentina), entre otros. Ha publicado los libros de poemas Mercado común (2006) y Malgastar (2016) y las novelas La nueva taxidermia (2011) y El genuino sabor (2014), entre otros.