1 abril, 2019

Una constelación insólita

de Bruno Darío | Inéditos

El lugar vivo
(Habla el lugar de la fiesta)

Abarcar es acariciar el vacío.
El corazón cabe en la física de las cosas
cuando celebramos continuidad en las dimensiones.

La imagen, invasiva, acecha mi narración.

La percepción es aliada y configura;
busquemos desenvolver la experiencia y desenfocarla sensitivamente,
volviéndola inclasificable.

Hazme compañía.
Lo imaginabas distinto pero este es tu hogar ahora:
aquella piedra será tu lámpara y aquella otra tu cama.
Si la decoración duerme no hagas ruido…

Compartirás con las ventanas,
son tranquilas y se la viven asomadas por ellas
con la fascinación de estar descritas en el paisaje.

Crúzame con los pasos hasta cubrir el último centímetro;
el movimiento de tu cuerpo al avanzar me acelera,
cuando lloras también lloro…

Quédate a dormir,
en el rincón hallarás consuelo.

La habitación se refugia en el brillo de tu visita.

 

El ladrón
(Una vez concluido el festejo, entra el ladrón a la Mansión Mística)

Cuando el all rights reserved queda vacío
mis amigas entran por la puerta principal,
          y con los ojos vestidos de gala
roban todos los derechos,
arrojan las ventanas por las ventanas:

no sé qué robamos
pero algo / algo borramos

Mis letras al ritmo de lo que estás pensando ahora;
algún golpe sugiere morar el idioma que atraviesa los huesos
—aquel que no habla de nada.

Que la identidad se convierta en ausencia vulnerable,
que alegre un verso descalzo mendigue:
es la mañana alucinante
          con un sol que no es solo uno
          con los dulces llenos de bolsillos
es la mañana alucinante,
que carga estrellas con una mano
y con la otra agita el pañuelo a manera de gracias por el cumplido de sus caras
mientras va dejando desnudo el ambiente
          sin clima
          sin hora

porque pedir es demasiado.

 

El imán incontenible que atrae a los ríos se ha nublado de cazadores y recompensas; arrecia la ventisca… con el poemar exahusto, la gravedad arriesga una última llamada.
(No se sabe quién habla)

Las órbitas se han desplazado y el año dura un viaje al sonoro rumiar del camión desde la preciencia hasta esa caricia que nos ocurre cuando con el aliento agitamos el fuego de una vela interior. La cera permea las oficinas, los salones de clase
interrumpe los informes de gobierno
las matemáticas

emerge un magnetismo
rumor de Pangea
asta hueca

una constelación insólita en la bóveda celeste de Metro La Raza

caminar es moverse años luz
dijo entrando a la discoteca
cuida tus pasos de baile

las mangas cubiertas de pólvora estelar
doblez acumulando brillantina
etiqueta vacía que me distingue por esquivar generaciones
corro tan rápido como un carro nuevo
pues corté la cabeza de mis ocho caballos

y llevo solamente su fuerza.

 

 

* Éstos poemas pertenecen al libro Celebración, espanto, de próxima publicación.


Bruno Darío / Cuernavaca, Morelos, 1993. Estudiante de la licenciatura en filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Es autor de El opuesto de la flor (Taller Ditoria, 2016) y Poemas muy tarde (RAZ éditions, 2017; edición bilingüe francés-español).