13 enero, 2020

Un látigo para domar la lengua

de Carmen Nozal | Inéditos

Libertad

Íbamos a tocar el viento
pero salieron a nuestro encuentro árboles
y nos dijeron:
“No se puede tocar el viento con las manos”.
Las manos fueron hechas para tocar el barro.
Para tocar la tinta.
Las hojas fueron hechas para ser tocadas por el viento.

 

Natal

La palabra aguacero
venía a caballo entre la niebla.

 

Nada de lo que quería sucedió

Si digo ven, me lanzas tres palabras como dados:
infusión, tarde, trasatlántico.
Si dices ven, yo no lo dejo todo.

Las tardes sin mayores contratiempos.
Al menos aprendí que estoy en mi lugar.

 

Y

Qué ganas de correr
en un campo
de palabras libres

 

Doscientos años

Tarda la luz en llegar a la tierra.
Doscientos años, el amor.

Si no fuera por la vida
sería piedra,
concha,
un objeto cósmico más.

 

Un fuego

Sin preocupación, la llama
observa la ceniza
y olvida.

 

Tengo una voz

Tengo una voz oscura y triste
por la ausencia del mar.

La palabra llega y sucede otra palabra
que nombra las cosas tangibles de este mundo.

Las deshace al pronunciarlas
y el agua se vuelve gota.

Una lágrima surca el rostro de la roca
y esa piedra adentro de mi pecho se conmueve.

Algo de humanidad habita en lo que nombro.
Y me llaman las cosas ajenas a este mundo.

Aquéllas que parecen no estar nunca
cuando todo se derrumba.

Un susurro palpita en mi pecho,
se desvanece y surge.

Es una estancia breve
esa vibración en este cuerpo.

La voz viene de la profundidad
desplegándose como las alas de un ave desconocida.

Alguien se aproxima a ella:
no existiría la voz sin un oído.

Algunas letras cortan flores, las desangran.
La lengua es un látigo para domar la lengua.


Carmen Nozal / España, 1964. Ha publicado catorce libros de diversos géneros (poesía, narrativa, teatro y cine), y recibido diversos premios nacionales e internacionales. Reside en México desde hace décadas y actualmente trabaja como directora de comunicación, difusión y prensa del Museo Nacional de Arte (MUNAL).