16 diciembre, 2019

Un cielo después del cielo

de Víctor Jaramillo | Visual

Cuando dejé la Ciudad de México para mudarme a Xalapa, a una casa de grandes ventanales frente a un bosque, lo que comenzó como una incursión al paraíso pronto mostró sus horrores: casi cada día un ave se estrellaba en las ventanas, perdidas en ese cielo que, en su mirada, no tiene límites. Detener la masacre no fue fácil; me llevó meses conocer la casa y evitar que fuera una trampa mortal. Pero también cuando salía a caminar al campo me encontraba esos cadáveres: una vez fue un halcón cazado por un perdigón; otra, un pájaro carpintero, tal vez envenenado. Cierta tarde, Pelusa, mi amada pero fiera perra mestiza, me trajo entre las fauces un tlacuache. En la ciudad las aves casi no existían; aquí, su luminosa presencia no podía sino estar manchada por la catástrofe que es toda presencia humana. Para honrarlas, para darle a su muerte un poco de compasión, empecé a elaborar estos altares efímeros y a fotografiarlos antes de darles sepultura. Es mi manera de llorarlas y de confiar en que, para ellas, hay un cielo después del cielo.   

Cada año en Norteamérica decrece 2.5 % la población de aves; las causas principales son la deforestación, el uso indiscriminado de pesticidas y la pérdida de su hábitat. También en las ciudades han menguado las poblaciones de aves urbanas.

Este texto iba empezar con la frase “un pájaro es una forma de ser ángel”, pero es más bello ser pájaro.

  

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Víctor Jaramillo / Zacazonapan, Estado de México, 1973. Estudió Periodismo en la hoy FES Acatlán (UNAM) y ha incursionado en el videoarte y la fotografía; es fundador de la cantina Salón Marrakech. Su obra ha sido expuesta en Río de Janeiro, Berlín, Nueva York, Los Ángeles, Rotterdam, Buenos Aires, Xalapa y la Ciudad de México. Productor de documental Amor chacal (México, 2000), también dirigió el documental La noche abre su flor (Cuba-México, 2003).