7 marzo, 2022

Trece formas de ver un temporal de fantasmas (primera parte)

de Uljana Wolf | Ensayos

Traducción de María G. Tellechea y Martina Fernández Polcuch.

(Primera de dos partes.)

 

I

Este año, el lema de la Latinale es “Translator’s Choice”. Seis traductorxs experimentadxs, que en parte también escriben, eligieron a poetas de América Latina que quieren traducir. Esta vez, entonces, no se asignaron los textos como resultado de una curaduría, como suele hacerse en este festival y en otros. La intención era crear un espacio en el que se pudiera mostrar lo que lxs traductorxs ven, lo que leen y les fascina; lo que lxs trastoca, en el mejor de los casos, de manera tan gozosa que se sirven de eso para, trastocándola, embellecer su lengua meta, el alemán. El subtítulo del festival es “Traducir como utopía poética”. Dado que todxs lxs participantes han traducido poemas maravillosos; dado que estos poemas ahora existen no solo en su versión original, sino a modo de segundo original; y, dado que estos textos están reunidos en una antología —es decir, en un segundo o tercer lugar junto a su primer o segundo lugar, que es una libreta de apuntes inédita o un libro publicado o la cabeza de la poeta—, no es posible que la utopía traductora, el no-lugar de lo poético, se refiera a estas traducciones.

Esta última oración está formada por una acumulación de elementos, en la que aparece tres veces la palabra “lugar”, dos veces la palabra “original” y una vez la palabra “cabeza” (al final, cuando en realidad debería estar al comienzo). ¿Tan rápido se trastoca el orden de las cosas a la hora de traducir poesía? ¿No es un poco, como se diría en lengua inglesa, on the nose? El inglés dice on the nose, cuando el alemán diría zu offensichtlich y el español, tal vez, muy a la vista, porque se nos muestra ostensiblemente lo que de todos modos ya estamos viendo. Siempre me gustó que en la traducción del giro idiomático se intercambie un órgano de la percepción (el ojo) por otro (la nariz). Por más que no sea esa la intención, ya que no se trata de la nariz en sí, sino que la imagen, de golpe, se desplaza a la nariz… Y como ese golpe sería también lo evidente, de ahí el on the nose.

Al menos así se presenta la cuestión si me tapo un ojo y miro solo una de las lenguas —el inglés, en este caso—. Pero si veo ambas lenguas a la vez, como en un viejo estereoscopio, advierto las relaciones entre los campos léxicos, “el ojo” y “la nariz”. Y después me imagino la nariz como un órgano extremadamente táctil de la percepción, que protesta cuando las cosas despiden un olor demasiado monosémico. Así que cometo un error, porque miro más las relaciones entre las lenguas que los significados. Veo traductoramente (es decir, como mínimo doble) e hiperductoramente (es decir, en perspectiva múltiple). Al no dejar cada cosa en la historia de su respectiva lengua nacional, veo más y veo menos a la vez. Veo con distorsiones. A nose is a nose is a nose is a nose. La nariz, a la que yo me refiero, ni siquiera está en el giro idiomático. Esa nariz no tiene lugar; solo está asentada entre las lenguas, en las relaciones que ellas entablan entre sí. ¿Será eso lo que quiere evocar el subtítulo del festival? ¿Ver el mundo como lo verían lxs traductorxs en perspectiva múltiple, de modo relacional y evidente, con superposiciones y percepción sinestésica? Y de ser así, ¿qué conclusión se podría sacar de ahí? ¿Para qué sirve?

 

II

Con mi ingenua mirada estereoscópica, leo la antología de la Latinale Translator’s Choice. Como no hay citas de narices, extraigo para mí todas las citas en las que aparece la palabra “Mund” [boca]. Así surge un poema que no está situado en ningún lugar.

von der mundflora (ein cento)
von innen kam ona
trat durch den mund zutage
do outro lado o mundo
—so zerrissen und alles— der mund aufmerksam
die lippen in bewegung
hauch mir ins ohr (sagte sie) bloß nichts dummes sagen
ins ohr und dann in den mund (hauche) (sag es mir dort)
do outro lado o mundo
ist der träumer (sagt) ein erwachender tunnel
mit kaputtem mund spuckt der träumer traumstücke aus
mit kaputtem mund singt er
                                       trällert er (sagt)
la grandeza en un mundo diminuto
die orangenbäume rufen
beim wachwerden lust auf
mund der leckt do outro lado o mundo
spuckt der träumer traumstücke aus
mit kaputtem mund singt er
                                       trällert er (sagt)
COPA DEL MUNDO FIFA 1974
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Dein erster Mund will Ordnung
Dein zweiter Mund hat immer Durst
es entender la realidad de un mundo donde
Dein dritter Mund will münden:
ein Meer viel größer als dein Schlund
las estructuras son tibiamente creadas para fines específicos
– ausgelöscht? –
schellenweise glöckchen schlagend
von innen kam ona
trat durch den mund zutage
esa niña… espiando del mundo (el variopinto)
hauch mir ins ohr (sagte sie)
in meinem mund brauch ich
keine musik

 

III

En aragonés, bicolano, chabacano o zamboangueño, español, gallego o galego, interlingua, ladino, latín, portugués y tagalo, así como en varios idiomas más, se usa la palabra “mundo” para referirse al planeta Tierra. La lista permite rastrear las conexiones entre historia de la lengua e historia colonial. Durante la época colonial, la iglesia misionera documentó las lenguas vernáculas y sus gramáticas, tradujo para imponerse. Los imperios, en cambio, generaron la disolución, dispersión y disgregación de las lenguas vernáculas; embarcaron y deportaron personas a discreción y agruparon hablantes de las lenguas más diversas, que no podían comprenderse entre sí. Las palabras migraron entonces forzosamente entre las lenguas. Así surgió la era del pensamiento imperial monolingüe y, también, las lenguas criollas.

No es solo la presencia de la palabra “mundo”, propia de los conquistadores, lo que permite reconocer las relaciones de poder en, por ejemplo, las lenguas filipinas. “Mund” [boca], la palabra alemana, tiene una segunda capa que aún se conserva en la palabra “Vormund” [tutor]. En la Edad Media, “Mund” designaba el “poder de dominio y protección sobre personas y cosas”, y estaba emparentado tanto con “Hand” [mano] y “Schutz” [protección] como con la palabra latina mandāre, “encomendar, confiar, entregar”. Mund es, quizá, todo lo que el caso implica. Pero el mundo no es todo lo que es Mund, sino, por lo general, aquello que también le fue prohibido a la boca (Mund). En cuanto a la palabra “Welt” [mundo], la austriaca Ilse Aichinger ya lo dijo todo en la prosa de su libro Schlechte Wörter [Malas palabras]: “Wult sería mejor que Welt [mundo]. Menos útil, menos práctico. Arde mejor que Erde [tierra]. Pero es así, no hay nada que hacerle. Normandía se llama Normandía y no de otra manera. Lo mismo sucede con todo lo demás. Todo está organizado. En función del resto, como se dice. Y como se ve. O no se ve.”

De todos modos, es improbable que se me fuera a ocurrir traducir “mundo” por “Mund”, a no ser que el texto poético que se me confíe me diera a entender, a través de alguna regla, que puedo o debo hacerlo. Lo que no puedo evitar es ver las dos palabras juntas. Al leerlas en simultáneo, interpreto relaciones más o menos arbitrarias entre palabras como mapas, en los que encuentro caminos por los que me interno. De esa forma me es posible avanzar hacia capas de la lengua y de la emoción más profundas y tomar conciencia de lo que no se dice. Pero, ¿qué vendrían a ser relaciones arbitrarias? O, dicho de otra manera, ¿qué es más arbitrario que cometer un genocidio o lingüicidio en nombre de una religión, una ideología, del afán de lucro y del delirio de grandeza? No hice más que levantar dos palabras y encontrar debajo un oscuro hervidero. No hay palabra que no pudiera hablar de la experiencia de haber sufrido represión o una condena al silencio. Basta con correr el contexto, el límite de la frase, el límite de la palabra, el límite del lenguaje, el horizonte temporal, la percepción. Dejar que el ojo sea una nariz; la nariz, una boca, y la boca, un corazón.

 

IV

En gallego, mundo también significa mudo o molido.

En latín, mundō también significa limpio.

En finés, mundo significa simplemente droga.

Un sinónimo de Tierra en tagalo es daigdig.

Antes, daigdig también significaba trueno, porque una vieja creencia tagala decía que las tormentas y los truenos se pueden escuchar en todo el mundo.

Daigdig, entonces, designaba la esfera que constituye el mundo como aquel lugar alcanzado por el trueno; de allí derivó el significado remanente actual de “Tierra”.

Quien traduce, puede elegir. Puede elegir la palabra “Erde” o “Welt” cuando traduce mundo. Pero también tiene la opción de oír el trueno que se halla detrás de cada palabra, como espíritus, como fantasmas. Para eso tiene todo el tiempo del mundo.

Es una suerte que en español la palabra “temporal” aluda tanto al factor tiempo como a la tormenta, la tempestad.

 

V

“La lengua es migrante”, escribe la artista y poeta chilena Cecilia Vicuña, cuyos textos practican desde un comienzo lo que yo llamo “divagación etimológica”: abrir palabras como valijas, leer con énfasis sus rutas y sus elementos, hallar posibles relaciones entre palabras que no necesitan ser de parentesco, documentadas por la lingüística, sino posibles vínculos ilegítimos, ocultos o silenciados o transformados. “Making kin”, en palabras de Donna Haraway: “La tarea es generar parientes en líneas de conexión ingeniosas como una práctica de aprender a vivir y morir bien, de manera recíproca en un presente denso”.1 Al generar parientes así, se problematizan “asuntos importantes, como ante quién se es responsable en realidad”.2

Prosigue Vicuña:

Las palabras se trasladan de lengua a lengua, de cultura a cultura, de boca a boca. Nuestros cuerpos son migrantes, las células y las bacterias también lo son. Incluso las galaxias migran.

Pero entonces, ¿qué es ese discurso contra migrantes? Solo puede estar dirigido contra nosotrxs mismxs, contra la vida misma.

Hace 20 años abrí la palabra ‘migrante’ y la vi como una peligrosa mezcla de raíces latinas y germánicas. Me imaginé que ‘migrante’ podía estar compuesta por mei (latín), cambiar o mudar, y gra, ‘corazón’, del vocablo germánico kerd. Así, ‘migrante’ se transformó en ‘corazón cambiado’, un corazón sufriente, cambiando el corazón de la tierra. La palabra ‘inmigrante’, en realidad, dice: ‘Grant me life’ [‘Concédeme vida’].

Vicuña abre la palabra migrant, sus raíces léxicas y aéreas. Lo curioso del caso es que, en sus especulaciones etimológicas, la palabra termina llegando a sí misma en forma casi idéntica –migrant y grant me–, solo que rotada una vez en torno al eje del mundo. Para mí, esta rotación, esta vuelta, esta fórmula, es una utopía poética de la traducción in nuce: dejar que las palabras migren, que asuman vida, no por sustitución y equivalencia sino por puesta en relación y similitud ilegítima. Pero, ¿realmente es posible traducir de este modo?

 

VI

También una nariz puede contener un cosmos entero. El topo de nariz estrellada tiene en su hocico veintidós tentáculos móviles parecidos a deditos diminutos, once por narina. Los movimientos de estos órganos del tacto son tan veloces que el ojo humano no puede verlos. Se cree, también, que estas terminaciones dactilares o táctiles hacen las veces de receptores eléctricos, que les permiten percibir impulsos eléctricos producidos cuando se mueven los músculos de sus presas.

A nose is a nose is a nose. Y A rose is a rose is a rose.

“Sí, no soy ninguna tonta; pero pienso que en ese verso la rosa es roja por primera vez en la poesía inglesa desde hace cien años.” Así como Gertrude Stein, en su famosa frase de la rosa que solo rondaba el sustantivo rose veía concretado un rojo, yo veo en el malentendido traslaticio o en la visión de las similitudes un órgano de la percepción estrellado, que reacciona al lenguaje con alta sensibilidad y capacidad sinestésica.

 


1 Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno (Helen Torres, trad.). Bilbao: Consonni, 2019. 365 pp.

2 Ibíd.


Uljana Wolf / Berlín, Alemania, 1979. Poeta y traductora. Estudió Literatura alemana e inglesa, así como Estudios Culturales en la Universidad Humboldt mientras trabajaba como librera. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías en Alemania, Polonia, Bielorrusia e Irlanda. Su primer libro de poesía, Kochanie ich habe brot gekauft, publicado en 2005, le valió el Premio Peter Huchel y se convirtió en la poeta más joven en obtenerlo. Actualmente enseña alemán en la Universidad de New York.


María Graciela Tellechea / La Patagonia, Argentina, 1980. Docente y traductora de alemán (Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas J.R. Fernández). Reside en Buenos Aires. Ha traducido a autoras como Jenny Erpenbeck, Lucy Fricke y Anja Utler. Desde 2015, dicta los cursos de Alemán-Lectocomprensión en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Fue becada para realizar residencias de traducción, para participar de encuentros de traductores y talleres de traducción en Alemania, Suiza y México (Literarisches Colloquium Berlin, Übersetzerhaus Looren, Goethe Institut Mexiko). Junto con Martina Fernández Polcuch ha traducido en tándem numerosas obras, como la correspondencia entre Th. W. Adorno y G. Scholem, una obra de teatro de Darja Stocker, poemas de Raphael Urweider y ensayos de W. Benjamin.

Martina Fernández Polcuch / Buenos Aires, Argentina, 1970. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, traductora de alemán e intérprete (Goethe Institut). También ha realizado traducciones de Anna Seghers, Sibylle Berg, Ann Cotten, Klaus Merz etc. Es coordinadora de la catedra de Alemán-Lectocomprensión en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), forma profesores y traductores de alemán en el IES en Lenguas Vivas J.R. Fernández, coordina talleres de traducción y desde 2020 coproduce la serie Bitácoras de Traducción, un proyecto del Ciclo Alta Traición. Junto con María Graciela Tellechea ha traducido en tándem numerosas obras, como la correspondencia entre Th. W. Adorno y G. Scholem, una obra de teatro de Darja Stocker, poemas de Raphael Urweider y ensayos de W. Benjamin.