4 marzo, 2019

Traducir la rabia

de Adham Abu-Saif | Traducciones

La traducción supone siempre el problema de tratarse no sólo del idioma sino del contexto: usar los zapatos del otro. Y cómo podía ponerme yo —burgués culto y urbano— en los zapatos de Adham Abu-Safi, un adolescente cuya sangre hervía cada vez que hablaba sobre su patria —una patria imaginaria que está confinada a ser una franja ocupada por un extranjero—. Cómo podía yo tener la misma urgencia de la sangre derramada en las calles de Gaza, del pescado podrido como única provisión o limosna ofrecida por el intruso a sus oprimidos. Cómo podía yo, salvada la jornada del idioma, traducir a este joven poeta palestino.

Con la sorpresa de que al poeta palestino le interesara el español, y más aún, de que lo hablara con fluidez a pesar de la dificultad fonética que la supone la distancia entre idiomas, comencé un largo intercambio de correos con Adham Abu-Safi gracias al poeta libanés Zeki Beiodum.

Este brillante adolescente, con apenas diecisiete años cumplidos en aquel momento y en pleno descubrimiento de lo que su vocabulario podía hacer, quería aprender español para viajar a Granada y estudiar ahí en la universidad, en el programa de filología. También le entusiasmaba la música y me hacía preguntas sobre grupos ingleses y norteamericanos que yo, desde la vejez prematura con la que cargo desde hace años, no pude responder. Me preguntaba sobre una canción de Kings of Leon, o sobre el concierto de un grupo que ni siquiera puedo recordar. Tras la presentación, Adham y yo comenzamos a hablar de la posibilidad de traducir algunos de sus poemas al español. Su poemario completo llevaba por afortunado título La rabia niña. Y yo elegí el primer poema, que se titula justamente “Rabia”, para comenzar el ejercicio de traducción.

Pronto descubrimos, asombrados y gustosos, que estábamos rehaciendo lo ya hecho. Traducir juntos su poema supuso un ejercicio de deconstrucción y re-ensamblado que producía un tercer escrito distinto, un monstruo noble que la torpeza del traductor y la cándida confianza del autor hacían con errático empeño. Nos amigamos con la desesperación de no encontrar equivalentes, y hasta nos levantamos la voz en madrugadas donde la señal del internet era benévola en sus rumbos. En la novísima urgencia del poema que traducía, la adolescencia del poeta fue la mía propia, que llenaba de dudas ya no mi escritura, sino mi vida y su sentido.

Hicimos una pausa en el intenso trabajo. Yo seguía pensando en las versiones que habíamos avanzado. En el último correo, Adham hablaba de miseria, de desesperación y encono. Y yo prometí comprar un iPod y hacérselo llegar, vía Líbano, con quien fuera posible. Esa tarde, madrugada para mí, en una protesta de jóvenes en Gaza, Adham Abu-Safi, poeta palestino, con escasos dieciocho años cumplidos, fue preso por soldados ocupantes. Han pasado meses, casi doce, en que nadie ha sabido nada de él.

De un solo poema hicimos tres versiones, intentando mostrar todas las posibilidades que en el español podían adquirir las palabras escritas en árabe. El original se muestra en afabeto árabe, quizá solamente como un homenaje al que no está.

 

Tres variaciones sobre “Rabia”

1.

Se nos destina
al nacer
una cantidad finita de palabras

un espejo bruñido en roca.

Yo hubiera querido decir cientos de veces:
iPod
hip-hop
sexo oral en el centro comercial. 

Mi reflejo no sería
entonces
sombra entre arenas y casas prohibidas.

Otros que también viven aquí
gastan su arsenal
diminuto
en gritar imprecaciones, maldecir 
a la madre del soldado que es la madre puta
de Dios que nos olvida. 

Guardo silencio en los olivares
por miedo a gastar mis palabras.
He sido un avaro para poder, una tarde cualquiera
en mitad del hambre o de las balas,
decir: auxilio o perdón;
Palestina sí existe, 

no llores
padre
fue un gusto
ser tu hijo.
 Y la ausencia de imagen tornará
en olvido la memoria.



2.

Las palabras que me han dado son pocas.
El reflejo de los espejos es opaco porque son solo piedras.
No hay forma de decir: dispositivo musical
                              Ritmo bailable
                              Sexo con la boca.
Pero mi reflejo sí se ve, entre ventanas rotas,
(en el mercado)
ante las balas pequeñas.
Las palabras
aquí
gritan: soldado, hijo de puta.
Madre, Dios, por qué me olvidan.
Los olivos resguardan mi lengua
para que no cese
y para tener cómo decir
Perdón
Padre
Palestina
La realidad llora
de hambre y de miseria.
Aunque soy suyo y de aquí,
pronto no habrá recuerdo de mi
imagen.



3.

Mudo,
Oscuro
Arrítmico
    Despojado de placer
Huérfano y sin patria
Urgido de gritar
Me esfumo. 

 

الغضب

الكلمات التي قدمتموها لي هي قليلة.
انعكاس المرايا مبهم لأنه حجر فقط.
لا توجد وسيلة ليقول: الجهاز الموسيقي
إيقاع الرقص
الجنس مع الفم.
لكن يمكن ملاحظة تفكيري بين النوافذ المحطمة
(في السوق)
قبل الرصاصات الصغيرة
الكلمات
هنا
الصراخ: جندي ، ابن العاهرة.
أمي يا الله ، لماذا نسيتني؟
تحمي أشجار الزيتون لساني
بحيث لا تتوقف
ولديك مع كيف أقول
مغفرة
الأب
فلسطين
يبكي الواقع
الجوع والبؤس.
على الرغم من أنني أنا و هنا
قريبا لن يكون هناك ذاكرة لي
الصورة.

 

alghadab

alkalimat alty qadamtumuha li hi
qalilatun.
aneikas almaraya mabhum li’anah
hajar faqt.
la tujad wasilat lyqwl: aljihaz almusiqiu
‘iiqae alraqs
aljins mae alfim.
lkn yumkin mulahazatan tafkiriun bayn
alnawafidh almuhtama
(fi alsuwq)
qabl alrasasat alsaghira
alkalimat
huna
alsarakha: jundi , abn aleahirat.
‘umiy ya allah , limadha nasituni?
tahmi ‘ashjar alzaytun lisani
bihayth la tatawaqaf
waladik mae kayf ‘aqul
maghfira
al’ab
filastin
yabki alwaqie
aljue walbus.
ela alrghm min ‘anani ‘ana w huna
qaribaan ln yakun hunak dhakirat li
alsuwrat.


Adham Abu-Saif / Campamento de refugiados de Gaza, 1998. Publicó Todo está en aquella zanja en 2016, en los cuadernos de difusión de la Universidad de Granada. Escribió La rabia niña antes de su desaparición en 2017. Hasta hoy no se conoce su paradero.


Julio César Toledo / Chicontepec, Veracruz, 1977. Es escritor. Estudió teatro y la licenciatura en Ciencias de la Cultura. Es egresado de la Escuela Dinámica de Escritores y maestro en literatura por la Universidad de Arhus en Dinamarca.  Obtuvo en 2008 el Premio Regional de Poesía “Rodulfo Figueroa”. Ha publicado los libros Suplencias para el nombre del padre, Quicio, Los libros de la fatalidad, Manual de autodepresión, Palabrota y El fervor de la materia.