27 noviembre, 2023

Toda la luz se craquela

de Héctor Carreto | Reseñas

 
Juan Joaquín Péreztejada, Armonía. Una caracola es el espejo, México, UACM / Mantis Editores, 2021, 252 pp.
 
 

 
Pocas veces ha estado presente de esta manera la música en la poesía actual en nuestro idioma como en Armonía. Una caracola es el espejo, de Juan Joaquín Péreztejada (Veracruz, Veracruz, 1962), volumen que reúne alrededor de treinta años de producción poética. Y no me refiero necesariamente a los temas, cuyas referencias van desde la música popular (“La bamba”) hasta la llamada música de concierto contemporánea, dedicada a los compositores John Cage y Philip Glass, sino en el ritmo que el autor maneja en esos y muchos otros textos más que no necesariamente aluden a cierto autor u obra. Tal es el caso del poema que abre el libro, “Negra”, con las repeticiones que nos hacen sentir los movimientos del baile (“Negra coñonéame/ Negra cucurumbea/ Negra agólfate/ Negra desmedúsame/ Negra/ isla mi voz con tu saliva/ Negra bahíate en mí”). A su vez, en el texto sobre Cage, juega con la nomenclatura de la música clásica: “Concierto No. 7 para mi mayor fortuna/ en luna nueva y orquesta de Villa del Mar./ O pus tú di”. Este conjunto de poemas forma parte de la primera sección (“Campos de luz y juego”), donde el poeta celebra la vida bajo la atmósfera tropical de su natal Puerto de Veracruz: sensual, alegre, solar. Y a la combinación de sonidos, de ritmos, los complementa un afortunado trabajo visual, lleno de hallazgos. En el poema “Luz”, cada estrofa inicia con una luz particular. Cito algunos ejemplos: “Luz añosa, luz ilusa, luz cautiva, luz cetácea, luz lírica, luz deprimida, luz morena, luz neurótica, luz despeinada, luz abisal…” La prosopopeya hace muy frescas y divertidas a las luces.

En “Canciones minimalistas”, Péreztejada gira hacia la greguería. Algunos ejemplos al azar son los siguientes:

Caribe se escribe con negritas.

Sabe a domingo la sandía.

El calamar hace caligramas.

El ceviche es la fosa común de la mariscada.

La noche cocina un cielo estrellado.

Vals: la luna baila sobre las olas.

Un par de esos “balazos” también nos hacen recordar al Efraín Huerta de los poemínimos: “Esta palmera huele a coco chanel” y “Al sol nadie le hace sombra”.

En el apartado “Constancia de maravillas” hay dos poemas que me gustan especialmente: “Penélope se va de viaje” y “Penélope camina por el bulevar en minifalda”. Estamos ante una Penélope que no se resigna a esperar a su esposo tanto tiempo. Le da la vuelta al mito. Es una Penélope del siglo XXI, liberada, y, a diferencia de Ulises, decide “irse con el primer norte que la levante”.

Retomando su exploración con el lenguaje, Péreztejada incursiona en las combinaciones fonéticas a las que recurren los neobarrocos, como en las aliteraciones del siguiente verso: “Fiola lía hálitos a su piel aliada de olas” y el siguiente fragmento de la parte II de “Aguamarina”: “No hay más canela fina no hay más candela fina/ Aguamarina ora el azul cobalto ora el azul místico”.

No sé si sea correcto hablar de apartados o secciones reunidos en este volumen. Los asuntos y los tonos son muy distintos. Me atrevo a pensar que son varios libros dentro de Armonía. Una caracola es el espejo. Lo sentimos cuando empezamos a leer el siguiente apartado, “Cría de cuervos”. Aquí nuestra lectura experimenta un mundo opuesto a “Campos de luz y juego”. Ahora estamos ante el silencio, la soledad, la muerte. La luz es otra. Por breve, pongo el poema completo “Catalepsia”:

Toda la luz se craquela
Toda la luz se agrieta
Toda luz se divide en sus sombras
Mas toda luz se levanta de la oscuridad

El gran tino de Péreztejada es que desdramatiza los poemas con giros de humor negro. Cito los versos finales de “Lady Madeline”:

La hermana muerta en vida
como una Lady Lazarus
no prefiere lo horizontal de la naturaleza
sino la inhibida verticalidad de su condición real
al levantarse y caminar
sus pies desnudos diseñan el recorrido de su grieta

O como aquellos versos de “El sueño de la muerte”, y que nos hacen pensar que guarda parentesco literario con Nicanor Parra: “Debajo de la tapa del féretro/ escucho un latido descompuesto/ soplo del corazón/ ritmo cardiaco con doble bombo/ tambor fúnebre”.

La experiencia frente a estos poemas de “Cría de cuervos” es que padecemos el sufrimiento, pero con una risa nerviosa. Pienso en este libro o apartado como el lado B del volumen. Ante la tragedia humana, Péreztejada no deja de ser irreverente.

En las siguientes partes, “El último deseo de Mérmero” y “Un nombre para las hijas de Lot”, los poemas nos llevan a un mundo ambiguo donde se mezclan la vigilia, el sueño y el deseo. En “Tardeada”, que corresponde a primero de los citados, una mujer, a pesar de estar dormida, provoca diversos desajustes en los hombres que la miran. Poemas donde los monstruos que llevamos dentro salen a la superficie. “El padre/ el demonio/ y él eran la misma persona”, como dicen estos tres versos de “Pesadilla”, que integra “Un nombre para las hijas de Lot”.

A pesar del malestar que provocan los textos perturbadores de estos apartados, como “Soar”, “Nínfulas” o “Sin temor de Dios” (“Un nombre para las hijas de Lot”), Péreztejada de pronto cambia de ritmo y de tono con brevedades que pueden funcionar como juegos para adultos:

Medea
Medea me dedea
Medea me dedea
Medea me dedea
Medea me dedea

Una vez más, con la fonética de corte neobarroco y que, además, toca la esencia de la poesía concreta.

Armonía. Una caracola es el espejo cierra con “Mariprosas”, poemas en prosa, que no por lúdica es menos rigurosa. La ventaja de la prosa es que su flexibilidad permite una reflexión digamos más suelta, como lo podemos comprobar si leemos “Escaleras”, “Bicicleta”, Minimalismo”, y el complemento de este último texto, “Veinte estudios para piano de Philip Glass”. En “Minimalismo”, el poeta nos conduce a la expresión narrativa de Robbe-Grillet. Sin embargo, más que en la literatura, el minimalismo ha tenido mayor resonancia en la música. Eso lo entendió muy bien Péreztejada al colocar este poema junto con el dedicado a Glass, uno de los compositores más representativos en esta escuela musical.

Confieso que desde hacía mucho tiempo no había leído una poesía tan rica en sonoridades, imágenes, tonos, temas. En estos tiempos donde la mayoría tiene mucha prisa en escribir, y más aún en publicar, Armonía. Una caracola es el espejo es el resultado no sólo del talento del autor, sino de un trabajo paciente y riguroso. Es un título que en verdad merece la pena leerse y releerse.


Héctor Carreto / Ciudad de México, 1953. Poeta, antólogo, traductor y editor. Autor de varios libros de poesía, entre los que destacan Coliseo (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 2002), El poeta regañado por la musa: antología personal (2006), Poesía portátil 1979-2006 (2009), Todo tiempo pasado fue mejor (2019) y La constelación del gato negro (2021).