18 enero, 2021

Tampoco sabemos cómo ser personas

de Cindy Hatch | Inéditos

El mango

Hay un animal de grietas afuera de mi casa
árbol tozudo que extiende sus raíces por debajo de la avenida
el mango estuvo aquí vio esta casa convertirse en un edificio
donde hubo una familia hoy somos seis
el mango es cada vez más mango
y la ciudad más ciudad sin cauce.

El mango es arco visto de lejos
los autobuses se han encargado de darle la forma
desde la banqueta uno puede sentarse y mirar el mango desde abajo
telaraña y sombrilla, el compañero de quienes compran vino y se lo beben
hasta la embriaguez y el tronco del mango se vuelve sostén
y baño y vomitadero hasta que la dueña del mango salga y limpie
la dueña del mango.

Más allá del mango vive el sastre de la colonia
su ceño habla de furia no sé si contra su propia existencia, la tela sintética
o quizá porque la ciudad es cada vez más ciudad y le quedan pocos clientes
ya nadie pide trajes a la medida.

Frente al mango un doble horizonte
la línea 3 del tren ligero y sus pruebas pruebas pruebas
a las 2 de la tarde a las 10 de la noche o en la madrugada
con sus hombres verdes escarabajos verdes de lluvia
hombres sobre las vías que me miran a través del ventanal.

El mango es mi cómplice por las noches
el mango es mi amante cuando hacia él extiendo las piernas
balanceándolas entre los barrotes y le muestro cómo soy
me complace pensar que sí que el mango me mira tanto como yo a él.

Por las noches una lámpara ilumina la esquina del árbol
entre tantas hojas la luz se pierde
no llega a tocar el piso
esa parte del árbol siempre expuesta
nunca duerme más verde que las otras hojas.

Más allá del mango, en la otra acera de la avenida
el acuarista con su acuario con sus peces
el más exótico: un pez pakú o piraña
hace noventa días el vendedor entendió la infelicidad de los peces
entró cada día a alimentarlos
pero no pudo vender nada
si el acuarista los deja libres no sobrevivirán
los peces no saben más ser peces.

Nosotros tampoco sabemos cómo ser personas
por ejemplo, yo ya olvidé mi cólera contra el asfalto
y cada día ocupo un lugar más grande en el espacio
mientras que el mango afuera sigue extendiéndose
enronchado de tanto mango verde
mangos y mangos verdes que nadie come ni mira
ni se atreve a cortar porque el mango por más árbol que es
tiene dueña.

Hay una hora del día donde siempre pasa algo distinto
cuando el mango es más mango y sus frutos más amarillos
a esa hora recuerdo la ciudad a través de sus gritos
hay una voz que insulta una voz que dice: ¿por qué? ¿por qué tú? Dios mío.

Un vagabundo que no anda habitualmente por aquí
abrió una caja de pizza en la noche
pude verlo lanzándola más allá del mango y una jauría de cucarachas voló corrió
el vagabundo pisó a las cucarachas, se comió a una a dos, después comió
las sobras de la pizza que dejaron las cucarachas que dejaron los vecinos
sobras yo quise fingir que no vi nada no vi nada.

Anoche pensé que el mango reía
una brisa acariciaba las plantas de mis pies cayendo hacia la acera y sus grietas
tomé con las manos los barrotes del balcón y continúe con mi espectáculo
el mango se meció un poco
reía reíamos ambos el mango y yo y mis manos el mango y
mis manos el mango.

Alguien dejó un par de tablas a la sombra del mango
por la tarde un joven usó una de ellas para romperle la nariz a otro
los vecinos gritaban y esto parece un punto donde confluye el caos
supongo que así es en todas las avenidas pero en ninguna otra está este mango.

Sépanlo: el mundo termina el día que el mango muera.

 

Posdata

Al tigre se le cayeron los colmillos
cuando abrí la puerta y el trinar del pájaro
cuando ay sorda de mí ante la lengua de los pájaros
sobre nuestra casa ya no llueve y yo
juré nunca volver al bosque digo
para esperarte en la calle de las rosas
abrimos la puerta al tigre
se nos escaparon las sílabas de la boca se nos fue el cauce
porque el amor es carne que el tigre ya no puede comer
que yo misma no puedo comer
debí sospechar porque un tigre no debería habitar el bosque
el tigre aparición el tigre huésped me visita entre sueños
entre el recuerdo y el saber la distancia es enorme
y yo sí lo sé de memoria vaya que lo sé de memoria
recuerdo su lengua rasposa
sus arañazos hasta el caer del fruto sobre las hojas
su lengua tan lengua sobre la pulpa
y la casa tan casa tan seca tan mustia.


Cindy Hatch / Zapopan, 1997. Es poeta y estudiante de Escritura Creativa. Ha publicado en Punto de Partida, Letras Libres y Luvina, entre otros. Fue ganadora del Premio Luvina 2019 en las categorías de ensayo y poesía.