22 octubre, 2018

Sociedades americanas en 1828 (fragmentos)

de Simón Rodríguez | Rescates

1
La leyenda cuenta que Simón Rodríguez fue un niño abandonado. Él mismo decía, con sentido del humor, que no había conocido a su padre, pero que conocía a un sacerdote que visitaba mucho a su madre. El filósofo argentino León Rozitchner creía que la radicalidad de Simón Rodríguez nació de esa experiencia de abandono que lo obligó a acoger en su propia carne el dolor de todos los “criptógamos” que, como él, habían venido de una semilla sin nutrientes necesarios para crecer. Tenemos que acompañarnos: ayudarnos a terminar de nacer. Ese segundo nacimiento es colectivo e histórico: consiste en un proceso de organización popular que rompe con la desigualdad y la dominación.

2
Desde que estaba vivo había gente que lo tachaba de loco. José Victorino Lastarria, probablemente movido por la envidia, le contó a sus amigos que, en sus escuelas, Simón Rodríguez acostumbraba a pasear por el salón desnudo para que los niños se acostumbraran a ver el cuerpo humano. El mariscal Antonio José de Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar, le escribió enfurecido en una carta que Rodríguez “tiene la cabeza de un francés aturdido”. Bolívar fue alumno de Rodríguez de niño, y en una carta le dijo que era el hombre más extraordinario del mundo. El historiador chileno Miguel Luis Amunátegui comparó a Simón Rodríguez con Diógenes el Cínico y registró las bromas públicas con que gustaba de escandalizar a la gente biempensante. Rodríguez mismo se burlaba de su presunta locura, contaba mentiras, difundía versiones de su vida extraordinaria. Inventaba objetos fabulosos para enseñar matemáticas y escritura. Tenía una relación especial con la infancia: era un pensador radical que había recuperado el punto de vista de los niños para, desde allí, pensar la transformación del mundo. Sus escuelas experimentales se convirtieron en comunidades utópicas gobernadas colectivamente por los niños abandonados. Los políticos decían que en esas escuelas sólo vivían los indios, las putas y los ladrones. Él decía que ellos eran, en realidad, los hijos de los dueños del país.

3
Simón Rodríguez estuvo toda la vida intentando publicar una obra infinita. Se trataba de un libro filosófico que funcionaría a la manera de las novelas publicadas por entregas. Que tendría espacios en donde los lectores podrían rayar e intervenir el texto. Que recogería las cartas de sus lectores para integrar sus reacciones en la escritura de cada capítulo nuevo y se repartiría en toda América a través de un sistema continental de suscriptores. Para escribir esa obra, Rodríguez inventó una nueva manera de escribir que jugaba con la tipografía para “pintar” la página e imaginaba maneras de transmitir en el papel la gestualidad y la emocionalidad. Por eso Jorge Schwarz dijo que la poesía de vanguardia en nuestra América había comenzado con Simón Rodríguez, y Luis Camnitzer ubicó a Rodríguez como el primer artista conceptual de nuestro continente. Esa obra se llama Sociedades americanas en 1828. Como Rodríguez nunca tuvo dinero para publicar la obra completa, fue dando a luz fragmentos dispersos en distintos países.

Este año el grupo de investigación “O inventamos o erramos”, del que formo parte, publicó la primera edición facsimilar que reproduce adecuadamente las cinco versiones principales de Sociedades americanas en 1828 y las acompaña del índice de la obra completa, que hasta hoy está perdida. Es una obra inconclusa, quizá incompleta, quizá infinita, al tiempo que uno de los clásicos que el pensamiento radical latinoamericano le ha dado al mundo.

—Rafael Mondragón*


Fragmentos de Sociedades americanas en 1828



















* Doctor en Letras con estudios posdoctorales por la Universidad Nacional Autónoma de México, en cuya Facultad de Filosofía y Letras es también profesor. Investigador del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas, y colaborador regular en círculos de lectura, talleres de educación popular y experiencias de trabajo cultural comunitario. Es poeta y ensayista, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.


Simón Rodríguez Caracas, Provincia de Venezuela, 1769-Amotape, Perú, 1854. Fue educador, ensayista y filósofo, conocido por desempeñarse como tutor de Simón Bolívar y de Andrés Bello.