6 noviembre, 2023

Rodolfo Hinostroza escribe un poema sobre el Poder

de Manuel de J. Jiménez | Ensayos

Este ensayo debería titularse de la siguiente manera: “Rodolfo Hinostroza escribe un poema contra el Poder”, pero podría ser que su poema intente obrar encima de la cosa. Advertencia: aquí el poder no es un flujo, microfísica o potestad; es un personaje. En su premiado Contra natura (1971) brilla una composición larga, dividida en once partes, titulada “Imitación de Propercio” es decir, del poeta latino que gozó de fama por sus versos líricos. Éste, al ser reclutado por Mecenas para poner su arte al servicio del emperador, escribió varias cartas poéticas en las que se excusó arguyendo que era incapaz de escribir poemas que no fuesen amorosos o eróticos. Hinostroza sigue la pista disidente del maestro de Umbría.

Un posible antecedente de lectura

En la historia de la poesía contemporánea, ya Ezra Pound había escrito “Homenaje a Sexto Propercio” en la segunda década del siglo XX, traducido por Ricardo Silva-Santisteban. En América Latina, Ernesto Cardenal publicó Epigramas en 1961, donde el poeta nicaragüense –en acenso para convertirse en figura de la poesía política latinoamericana− imita a Catulo y a Marcial, incorporando intertextos y, hasta cierto punto, actualizando la tradición clásica. Entre estos epigramas, hay uno que lleva el mismo título que el poema de Hinostroza: “Imitación de Propercio”. Hay una alta probabilidad de que nuestro poeta haya leído esta reescritura. Sin embargo, la relación intertextual aquí se da con el libro segundo de las Elegías, donde el poeta latino elabora una recusatio por carecer de la musa propia de la poesía épica y apenas cantar algunos combates menores e íntimos. El ajuste de Cardenal dice así:

Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Al final, la voz de Cardenal asume que no fue con obsequios costosos su triunfo sentimental. Declara que “solamente con mis poemas la conquisté./ Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza”.

El poema de Cardenal mantiene un aura de combate y, en su remate, denuncia al dictador. En el poema de Hinostroza, el “Poder” —es decir, “César”— es un sujeto indeterminado, aunque el profesor James Higgins lo identifica con Augusto por la época de Propercio. El poema de Cardenal se entiende bajo el universo de la poesía política; el de Hinostroza cuestiona a los hacedores de esta clase de poesía. No obstante, ambos comparten la visión de plenitud y unión con la amante —a saber, la “muchacha” y “Azucena”, respectivamente.

En el documental Consejero del lobo, de Franz Harvis, el peruano comenta algunas cuestiones del poema en una entrevista. Resulta que los versos acudieron a él en una especie de dictado en un momento de creatividad sorprendente. Únicamente cambió unas cuantas palabras al momento de su revisión. “Imitación de Propercio” fue un poema inusual desde su escritura y representó una cumbre poética.
Dos críticos

En México, la poesía de Hinostroza no ha sido aquilatada adecuadamente por lectores y críticos. Esto no significa que pase inadvertida. Rafael Vargas escribió una nota introductoria a su Material de lectura de la UNAM. A partir de la opinión que Paz emitió sobre el trabajo de Saint-John Perse, Vargas reconoce que el efecto que producen los poemas del limeño ocasiona que “los límites entre vida privada y acontecimiento público se disuelv[a]n”. Para él, el canto hace perdurable el texto,

incluso cuando, puesto a reflexionar sobre los años sesenta (de los cuales los setenta son una suerte de coda, sobre todo en América Latina), Hinostroza afirme que “nos faltó decisión para luchar por el Poder, porque por entonces pensábamos que éste era intrínsecamente malvado”. Digamos que ésta es una caída del poeta, pero el poema no se ve afectado en lo más mínimo a causa de ella. Por mi parte, creo que no se puede hablar del Poder en términos de bondad o maldad, pero que debemos recordar que no existe Poder sin sometimiento (Huxley dixit: el privilegio de los cuantos se da sobre la carencia de los muchos).

El crítico mexicano adopta una postura que apuntala la idea de poder como “sometimiento” y una perspectiva que a priori asume su amoralidad. Hay escuelas en la filosofía política que puntualizan en este sentido conceptual. Lo que se queda guardado en el comentario es la pregunta sobre la “caída del poeta”. ¿Por qué cae? Acaso por la idea, la expresión o ambas.

Desde los horizontes de la potente tradición poética peruana, quien hace un análisis concreto del poema es el profesor James Higgins en su conocido libro Hitos de la poesía peruana. Desgrana el sentido total del texto y comenta puntalmente algunas de sus divisiones, particularmente aquellas que se conectan con otros saberes. La interpretación es lúcida e indica la destreza idiomática del poeta. Afirma, con evidente sentido pragmático, que “Hinostroza no sólo se niega a poner su arte al servicio de causas políticas, sino que repudia los supuestos de la política”.

Queda claro, cuando el lector inicia la lectura del poema, que abre con una proposición anti-poder: “Oh César, oh demiurgo,/ tú que vives inmerso en el Poder, deja/ que yo viva inmerso en la palabra”. El problema es si esto puede significar la renuncia y el desprecio del arte de la palabra de la polis. Me parece que no, pues, aunque cuarenta años después de la publicación de Contra natura, el poeta continuó desconfiando del poder y dijo que “la gente tiene aún la idea primitiva de que si tiene mucho poder no morirá. La vida con poder entonces se convierte en una aberración”, la lectura de Higgins rescata la voz generacional que el poema representa como un testimonio político en un devenir que podríamos describir transhistórico:

En este texto Hinostroza habla como portavoz (…) de una generación que opta por marginarse para entregarse a la resistencia pasiva al orden imperante, adoptando un anárquico estilo de vida dedicado a la persecución de la belleza, el amor, la armonía y la realización del ser. Esta marginación voluntaria está equiparada con la diáspora de los judíos, y el ejército de hippies venidos de todos los países está representado como un pueblo errante que atraviesa el mundo en busca de la Tierra Prometida (…) el poema evoca la historia bíblica en la que las aguas del Mar Rojo se separaron para permitir el paso de los israelitas.

El Poder en el poema

A estas alturas podemos advertir que el poema participa de la tradición de la recusatio de Propercio y de Cardenal. A diferencia de este último, la declinación o el deslinde se da en torno a la poesía política, que se mantenía viva a finales de los sesenta y principios de los setenta. De hecho, se podría leer como una nueva recusatio, pero esta vez contra el modo poético de Cardenal y sus seguidores. Califica a los seguidores del poder –quizás también a los poetas comprometidos− de “imbéciles”, aunque él mismo se asume como tal, no sin antes hacer un marcaje semántico. Sabe que el poder no es perenne: “Cantaré a la risa/ y al ridículo: ésas son cosas ciertamente inmortales,/ no tu poder, no tu barbarie, oh César./ Yo huyo, según tu entendimiento/ arrojando latas de cerveza a América”.

Son las anécdotas, las historias y las vidas, lo que va quedando en los registros, no las órdenes o los mandatos. Después César reproduce los panfletos: “Si no te ocupas de política/ la política se ocupará de ti”. Estas frasecitas, volantes que se reparten por doquier, son vil chantaje. Para defenderse, lanza las preguntas retóricas: “Qué puede un centurión contra mis sonrisa?/ Amenazado de muerte?/ Y morirán mis reinos interiores, mis poemas, mi nombre/ será excluido de las conversaciones?”. Sin abandonar la interjección, y a través de una cruda ironía, se explica una peculiar objeción de conciencia ante la violencia imperial:

                el poder corrompió a la Idea
pero la Idea queda
arbotante y tensión sobre un espacio de aire.
Tienes quien te haga las canciones heroicas
un puñado de máximas para defenderte de la muerte
y puedes arrasarlo todo
hombre que duerme.
/No mandes
a tus terroristas a convencerme que cante tu célebre continuum represivo
yo reposaré esta noche entre los muslos de Azucena

El César no se queda con los brazos cruzados e intenta seducir a las subjetividades juveniles, los compañeros del poeta, quienes irán a acampar bajo un cielo estrellado, entre sueños y espumas. Entonces, en claro ejemplo de cetrería, el poderoso mandará a sus “gerifaltes” para que aquellos canten loas al régimen. Pero quizás los halcones no alcancen a los verdaderos artistas. Porque, así como lo advirtieron en su momento Weber, Dawkins y otros, el ejercicio de la autoridad corrompe en “un mundo que entrevemos/ trizado por el Poder/ que avanza sobre sí mismo y crece sobre sí mismo/ ayer y hoy/ en su naturaleza hay algo de maligno/ ahora y siempre”.

El poeta sabe de la fuerza del destino y las estrellas sobre las personas; por eso se niega a ser el predestinado. No quiere formar parte de la “empresa” del lujo coercitivo y la sumisión de los otros. Reconoce los tiempos de la anaciclosis de Polibio y los gestos gloriosos: “No cantaré tu empresa, César:/ hay un solo cantor para el ascenso/ y hay mil para el descenso/ descubre entre tu gente al elegido y/ que no sea tarde”. No quiere ser el poeta oficialista, el poeta patrio o el de la épica, pero tampoco desea formar parte del coro de la tragedia bélica y las voces de la revolución martirizada.

Al final, el poeta busca la armonía a través de la fuerza del ser amado, donde marchen millones de utopistas, porque, aunque “Para arrasar el Poder/ se precisa el Poder: yo buscaré el Tao & Utopía”. El último apartado alude a la fuerza cíclica del signo de Escorpio –propio por su fecha de nacimiento−, pues en realidad las divisiones eran estancias o, más propiamente, casas. En esta dimensión zodiacal, no es casual que la casa del escorpión sea la octava y que el apartado VIII del poema deposite toda la fe en el amor de los jóvenes, que será engendrador de una nueva estética e ignorante de la violencia institucionalizada.

 


Manuel de J. Jiménez / Ciudad de México, 1986. Poeta, ensayista y académico. Compiló, junto con Gerardo Grande, Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (UNAM-UANL, 2013). Sus libros más recientes son Savant (Sol Negro, 2019) e Interpretación celeste (Litost, 2019).