julio 2024 / Inéditos

(Piedras, espejos rotos)

 
Algodonero

I

Las nubes en la tierra
flotan como si nadie pudiera mancharlas.
Desde aquí abajo
parecen algodón de azúcar.

Estoy en la infancia otra vez
corriendo hacia este minuto futuro
donde todo se vuelve un horizonte
turbio de dolor.

Me arrastro.
Las nubes cargan tierra y sangre
palabras que nos rompieron a puñetazos.

Aquí estoy, madre nuestra
sin cielo y sin nombre.

 
 
II

Hilos / hilos / hilos:
la danza del algodón en los telares.
Las granadas estallan en el patio
se abren como heridas frescas.

Cuerdas / cuerdas / cuerdas:
tensión en la cintura del árbol
en las cinturas de las madres.
Los buitres saltan de los dedos
y sobrevuelan la escena.
Descienden.
Picotean la entraña brillante de la fruta.
La tarde se dilata en la urdimbre
y acompasa la respiración de las mujeres.

Silencio / silencio / silencio:
roto por el ladrido de los perros
que escarban en los basurales
que encuentran a alguien.

Gritos / gritos / gritos:
sofocados por las manos en los telares.
Nadie canta
nadie ahuyenta a los buitres.
La sangre de las granadas
se borrará de la tierra
cuando termine el festín de los perros.

 
 
III

Nos buscaron en la escuela
en el taller
en nuestra casa.
Nos esperaron en la noche más oscura
detrás de un árbol
con las cuerdas listas
con los puños negros de reventar cabezas.
Nos encontraron en la calle.
Olfatearon nuestro miedo en la distancia.
Nos hablaron
en la lengua de los desgraciados
o tal vez nunca los vimos.
Nos marcaron como ovejas:
primero con un trazo en el aire
desde lejos
luego con los dientes.
Nos persiguieron
por montes y ciudades
sin que lo sospecháramos.
Nos cortaron el paso 
las piernas
los caminos.
Nos borraron el nombre
con un bate de béisbol.
Nos sembraron.
Literalmente nos sembraron.
Pero no creceremos
en espontánea blancura
como el algodonero.

Nos sellaron la boca con un buche de tierra.
¿Quién nos devolverá la voz?

 
 
IV

El desierto afila sus colmillos
(piedras, espejos rotos)
se disfraza
abre sus brazos
y la leche oscura
de sus pezones
llueve.

Madre de los escorpiones
si te abriéramos la piel ahora
¿cuántas vidas
ahogadas
en tu amor?

 
 
V

(Valle inquietante)

No este valle con su falsa nieve
y sus moscas reales
que liban la pulpa de los ojos.
No lo inquietante del campo abandonado
que la maleza invade con parsimonia.
Ni la mordida del sol
dejando su huella.
Algo aquí levanta el polvo.

Nunca sospechamos
de las muñecas decapitadas
detrás de las vidrieras
del lenguaje trunco de sus brazos
de sus piernas rígidas:
prótesis del salto
raíces por las que no sube el agua.

 
 
Toda metamorfosis
es sorpresa (abriéndose).
Da grima lo que el valle esconde:
muñecas de carne
derritiéndose
bajo los besos del sol
y de las moscas.

¿Qué es lo que en verdad inquieta?
¿El horror de mirarnos en ellas
y no reconocernos?
¿O la certeza
de que fue nuestro silencio
el que las enterró?

 


Autor

Elizabeth Reinosa Aliaga

/ Granma, Cuba, 1988. Poeta. Ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia (2021) que otorgan el Fondo de Cultura Económica y la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha obtenido, además, los premios nacionales Francisco Riverón (2015), Calendario (2019) y Fundación de la Ciudad de Santa Clara (2020). Autora de los libros Striptease de la memoria (2016), Formas de contener el vacío (2016), Brújulas (2018), Las seis en punto (2017), Líneas de tiempo (2020), Zoológico (2020), Boca ciega (2022), Raíz del nido (2023) y Miedo al t(r)ópico (2023).

julio 2024