13 mayo, 2019

Palabras y fatiga

de Cesare Pavese | Traducciones

Versiones de Carlos Vitale

 

Las plantas del lago

Las plantas del lago
te han visto una mañana.
Las piedras las cabras el sudor
están fuera de los días,
como el agua del lago.
El dolor y el tumulto de los días
no rayan el lago.
Pasarán las mañanas,
pasarán las angustias,
otras piedras y otro sudor
te morderán la sangre
– no será siempre así.
Encontrarás algo.
Habrá otra mañana
en que, más allá del tumulto,
estarás sola en el lago.

 

Le piante del lago

Le piante del lago
ti hanno vista un mattino.
I sassi le capre il sudore
sono fuori dei giorni,
come l’acqua del lago.
Il dolore e il tumulto dei giorni
non scalfiscono il lago.
Passeranno i mattini,
passeranno le angosce,
altri sassi e sudore
ti morderanno il sangue
– non sarà cosí sempre.
Ritroverai qualcosa.
Ritornerà un mattino
che, di là dal tumulto,
sarai sola sul lago.

 

También tú eres el amor

También tú eres el amor.
Eres de sangre y de tierra
como los otros. Caminas
como quien no se aleja
de la puerta de casa.
Miras como quien espera
y no ve. Eres tierra
que duele y calla.
Tienes sobresaltos y fatigas,
tienes palabras – caminas
a la espera. El amor
es tu sangre – nada más.

 

Anche tu sei l’amore

Anche tu sei l’amore.
Sei di sangue e di terra
come gli altri. Cammini
come chi non si stacca
dalla porta di casa.
Guardi come chi attende
e non vede. Sei terra
che dolora e che tace.
Hai sussulti e stanchezze,
hai parole – cammini
in attesa. L’amore
è il tuo sangue – non altro.

 

Mujeres apasionadas 

En el crepúsculo las muchachas descienden al agua,
cuando el mar se desvanece, extenso. En el bosque
cada hoja se agita, mientras emergen cautas
sobre la arena y se sientan en la orilla. La espuma
hace sus juegos inquietos, a lo largo del agua remota.
Las muchachas temen a las algas sepultadas
bajo las olas, que aferran las piernas y los hombros:
cuanto está desnudo del cuerpo. Suben rápidas a la orilla
y se llaman por sus nombres, mirando a su alrededor.
También las sombras sobre el fondo del mar, en las tinieblas,
son enormes y se las ve moverse, inciertas,
como atraídas por los cuerpos que pasan. El bosque
es un refugio tranquilo, en el sol poniente,
más que el pedregal, pero a las oscuras muchachas les agrada
estar sentadas al aire libre, en la sábana recogida.
Están todas acurrucadas, apretando la sábana
contra las piernas, y contemplan el mar extenso
como un prado al crepúsculo. ¿Se atrevería ahora
alguna a tenderse desnuda en un prado? Desde el mar
saltarían las algas, que rozan los pies,
para agarrar y envolver el cuerpo tembloroso.
Hay ojos en el mar, que se vislumbran a veces.
Aquella desconocida extranjera, que nadaba de noche
sola y desnuda, en las tinieblas cuando cambia la luna,
desapareció una noche y ya no volverá.
Era alta y debía de ser blanca deslumbrante
para que los ojos, desde el fondo del mar, llegaran hasta ella. 


Donne appassionate

Le ragazze al crepuscolo scendono in acqua,
quando il mare svanisce, disteso. Nel bosco
ogni foglia trasale, mentre emergono caute
sulla sabbia e si siedono a riva. La schiuma
fa i suoi giochi inquieti, lungo l’acqua remota.

Le ragazze han paura delle alghe sepolte
sotto le onde, che afferrano le gambe e le spalle:
quant’è nudo, del corpo. Rimontano rapide a riva
e si chiamano a nome, guardandosi intorno.
Anche le ombre sul fondo del mare, nel buio, 
sono enormi e si vedono muovere incerte,
come attratte dai corpi che passano. Il bosco
è un rifugio tranquillo, nel sole calante,
piú che il greto, ma piace alle scure ragazze
star sedute all’aperto, nel lenzuolo raccolto.

Stanno tutte accosciate, serrando il lenzuolo
alle gambe, e contemplano il mare disteso
come un prato al crepuscolo. Oserebbe qualcuna
ora stendersi nuda in un prato? Dal mare
balzerebbero le alghe, che sfiorano i piedi,
a ghermire e ravvolgere il corpo tremante.
Ci son occhi nel mare, che traspaiono a volte. 

Quell’ignota straniera, che nuotava di notte
sola e nuda, nel buio quando muta la luna,
è scomparsa una notte e non torna mai piú.
Era grande e doveva esser bianca abbagliante
perché gli occhi, dal fondo del mare, giungessero a lei. 

 

La casa

El hombre solo escucha la voz calma
con los ojos entornados, como si un suspiro
le soplara en el rostro, un suspiro amigo
que se remonta, increíble, desde el tiempo pasado.
El hombre solo escucha la voz antigua
que sus padres, en otros tiempos, han oído, clara
y recogida, una voz que como el verde
de las charcas y de las colinas se oscurece al atardecer.
El hombre solo conoce una voz de sombra,
acariciadora, que brota de los tonos calmos
de un manantial secreto; la bebe abstraído,
ojos cerrados, y no parece que la tuviera al lado.
Es la voz que un día ha detenido al padre
de su padre, y a todos los de la sangre muerta.
una voz de mujer que suena secreta
en el umbral de casa, al caer la noche.

 

La casa

L’uomo solo ascolta la voce calma
con lo sguardo socchiuso, quasi un respiro
gli alitasse sul volto, un respiro amico
che risale, incredibile, dal tempo andato.

L’uomo solo ascolta la voce antica
che i suoi padri, nei tempi, hanno udito, chiara
e raccolta, una voce che come il verde
degli stagni e dei colli incupisce a sera.

L’uomo solo conosce una voce d’ombra,
carezzante, che sgorga nei toni calmi
di una polla segreta: la beve intento,
occhi chiusi, e non pare che l’abbia accanto.

E’ la voce che un giorno ha fermato il padre
di suo padre, e ciascuno del sangue morto.
Una voce di donna che suona segreta
sulla soglia di casa, al cadere del buio. 

 

Tierra roja…

Tierra roja, tierra negra,
tú vienes del mar,
del verde árido,
donde existen palabras
antiguas y fatiga sanguínea
y geranios entre la grava –
no sabes cuánto traes
de mar, palabras y fatiga,
tú, rica como un recuerdo,
como el campo yermo,
tú, dura y dulcísima
palabra, antigua por la sangre
recogida en los ojos;
joven, como un fruto
que es recuerdo y estación –
tu aliento reposa
bajo el cielo de agosto,
las olivas de tu mirada
endulzan el mar,
y tú vives, revives
sin sorprender, segura
como la tierra, oscura
como la tierra, molino
de estaciones y de sueños
que a la luna se descubre
antiquísimo, como
las manos de tu madre,
el cuenco del brasero.

 

Terra rossa…

Terra rossa terra nera,
tu vieni dal mare,
dal verde riarso,
dove sono parole
antiche e fatica sanguigna
e gerani tra i sassi –
non sai quanto porti
di mare parole e fatica,
tu ricca come un ricordo,
come la brulla campagna,
tu dura e dolcissima
parola, antica per sangue
raccolto negli occhi;
giovane, come un frutto
che è ricordo e stagione –
il tuo fiato riposa
sotto il cielo d’agosto,
le olive del tuo sguardo
addolciscono il mare,
e tu vivi rivivi
senza stupire, certa
come la terra, buia
come la terra, frantoio
di stagioni e di sogni
che alla luna si scopre
antichissimo, come
le mani di tua madre,
la conca del braciere.


Cesare Pavese / Santo Stefano Belbo (Cúneo, Piamonte), 1908 – Turín, 1950. Fue uno de los poetas italianos más importantes del siglo XX. Entre otros libros, publicó Lavorare stanca (1936 y 1943) y Verrà la morte e avrà i tuoi occhi (1951).


Carlos Vitale / Buenos Aires, 1953. Poeta y traductor. Ha publicado, entre otros, los libros Códigos (1981), Noción de realidad (1987), Confabulaciones (1992) y Autorretratos (2001), recogidos en Unidad de lugar (2004). Ha traducido a poetas como Dino Campana, Pietro Civitareale, Giuseppe Napolitano, Emilio Paolo Taormina, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Nicola Napolitano y Andrea Zanzotto, entre otros.