26 abril, 2021

Música porque sí

de Conrado Nalé Roxlo | Rescates


Presentación y selección de Ernesto Lumbreras.

 
Cuando Conrado Nalé Roxlo (1898-1971) publicó su primer libro, El grillo (1923), el pope de la literatura argentina de la época, Leopoldo Lugones, vaticinó que esa obra abría nuevos rumbos a la poesía del país sudamericano; destacaba, además, que el autor poseía un ingenio privilegiado para la invención y el canto. Sin embargo, el destino dispuso otros caminos y Nalé Roxlo destacaría en la dramaturgia y en la literatura escrita para niños —en un tiempo prehistórico al actual boom de la literatura infantil—, dejando en el olvido el pronóstico lugoniano. Ciertamente, en el poema "Drama nocturno", de su ópera prima, se perciben ya los ámbitos literarios donde su pluma alcanzará reconocimiento, el teatro y el imaginario infantil, no obstante que fuera del círculo de especialistas sea un autor poco difundido en años recientes.

Revisando el Nuevo Parnaso argentino (1926) de Valentín de Pedro, publicado en Barcelona por la Casa Editorial Maucci, se encuentra que los jóvenes poetas de la época son, además de Conrado Nalé Roxlo,Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Carlos Mastronardi, Francisco Bernández, Norah Lange y otros más, todos veinteañeros pero ya irrumpiendo en la vida literaria y artística de un Buenos Aires cosmopolita y a la vanguardia. Un poco más atrás, en calidad de hermanos mayores, venían Ricardo Güiraldes y Oliverio Girondo. El grillo obtuvo en su momento de gloria el concurso de la editorial Babel y fue premiado por la Municipalidad de Buenos Aires. Su segunda entrega lírica, Claro desvelo (1937) se publicaría, ni más ni menos, en Sur, sello editorial de la prestigiosa revista de Victoria Ocampo. Quince años después, entregaría a la imprenta su tercera y última colección de versos, De otro cielo (1952), época en la que destacaba también como guionista de cine y autor de pastiches humorísticos.

 
El grillo

Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene el corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

 
Drama nocturno

El niño duerme y en su frente pura
son los bucles de humo vagoroso y dorado,
y en su mano de rosas asegura
el sonajero de reír cansado.
En la alcoba infantil, como en un nido,
cubierta con el ala la pensativa frente,
el Ángel de la Guarda se ha dormido;
mas la luz de sus ojos dulcemente
atraviesa los párpados y el ala.

En la estancia contigua,
como sabe que nadie puede oírlo
el cucú del reloj canta la antigua
canción que en Nuremberg cantaba un mirlo.
De pronto salta un duende por la abierta ventana
y trota hacia el espejo con trote de ratón,
tiene los pies de lana
y en la mano un pedazo de carbón.
Adopta una postura lo más ceremoniosa
ante el espejo, luego se hace un guiño
y ríe con su risa feliz de anciano niño
que le llena de hoyuelos las mejillas de rosa.

Después en la pared más ancha de la alcoba
con el trazo infantil de su carbón dibuja
una imponente bruja
cabalgando en su escoba.
Una bruja que tiene feas patas de cabra
y un mochuelo posado sobre su hombro;
y ríe locamente pensando en el asombro
que va a tener el niño cuando los ojos abra.

Mas ya despertó el ángel y en vuelo de paloma
ha llegado hasta el duende que asustado lo mira;
y sobre el césped del jardín lo tira…
Y sonríen sus labios con sonrisa indulgente,
Mirando huir al duende con la mano en la gorra,
Entorna la ventana, suspira dulcemente
y con el ala blanca la negra bruja borra.

 
Búsqueda

Aquí perdió el caballo la herradura.
Aquí el camino de la muerte empieza.
Pocos árboles grises. Y la hondura
de la tarde, y el viento, y la tristeza.
Después hallaron el puñal caído
en el polvo amarillo, el cabo roto.
Después leguas sin nada. Y el remoto
viento moviendo el pajonal sin ruido.
Por fin el cuerpo helado
—pobre relieve gris en verde suelo—,
el renegrido pelo
a la frente pegado.
Y sobre el campo la quietud del cielo.
Y el viento que pasaba… y el pasado.


Conrado Nalé Roxlo / Buenos Aires, Argentina, 1898-1971. Escritor y periodista. Autor de los libros de poemas El grillo (1923), Claro desvelo (1937) y De otro cielo (1952), así como de varias obras de teatro, guiones cinematográficos, novelas, cuentos humorísticos y libros infantiles. Obtuvo el Premio Nacional de Teatro, el Premio Nacional de Letras y fue miembro Academia Argentina de Letras.