4 marzo, 2019

Premios literarios y lenguas originarias en la Feria del Libro del Palacio de Minería 2019

de Kalu Tatyisavi | Ensayos

Sin duda, la praxis es lo más importante en cualquier actividad artística —en este caso, de la literatura—: la ética, la constancia, la perduración; los principios permanentes, los sentimientos y las razones abiertas. De entrada, definir la validez de los premios de poesía en lenguas originarias en México es problemático y muy ambiguo, controvertible; las posibilidades se convierten en un diagrama de árbol; todo es justificable y discutible.

Desde la década de los noventa hasta la fecha, inicio y transcurso del crecimiento de los premios, podríamos hacer una división primaria: por trayectoria y por obras. Los primeros acreedores del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas fueron por trayectoria. Por ello, la historia del galardón es triste: ninguno es poeta. Aquí habría que hacer una pequeña subdivisión: los premios que definen los grupos culturales o instituciones académicas. Su historia es aún más desoladora, pues generalmente son por dedazo, amiguismo y sumisión, y ya se sabe la perversidad y la corrupción existentes —señalo, como ejemplo, el Premio de Literaturas Indígenas de América que otorga la Universidad de Guadalajara—.

Con relación a las obras, es necesario conocer el medio y el tema a profundidad para emitir un juicio. Ahora que casi todo se reduce a la moda del Facebook, el asunto es superficial y soso; así, se tienen expresiones como: “qué bonito», «qué gran poeta”. La complacencia de incondicionales que admiran la falsa sonrisa del autor/a.

Aquí dejaré la cuestión por el momento, sólo complementada por los premios Nobel de Literatura: muchos de ellos son inmerecidos, pues fueron otorgados por cuestiones políticas o comerciales. Hay que agregar que cada arte y cada área del conocimiento tiene sus particularidades.

En el caso de la edición de libros de poesía en lenguas originarias en México, los mismos autores promueven sus libros en las redes sociales como si fueran vendedores en el microbús o en el metro. Así pues, premio y obra son parte del drama.

Con relación a la Feria del Libro del Palacio de Minería, este año nos han invitado a hablar sobre los “Grandes libros en lenguas originarias, hoy”. Me temo que es muy sencillo hablar del tema, no porque sea subjetivo sino porque no existen las obras en ningún lado. Bajo el esquema burocrático, indigenista, complaciente, académico y paternal de ahora, no creo que vayan a existir. La literatura real surge siempre en la orilla, en el desdén, en el experimento; con el fracaso y la duda, sin miedo.

Podría mencionar tres poemas que sobresalen, el primero escrito en lengua Tu’un savi y titulado “Ita kuñu yu / La flor de mi cuerpo”, de Florentino Solano (Guerrero, 1982), incluido en su libro Ñu’u xí’ín in ka ñuú / La luz y otras noches (CDI, México, 2012); otro escrito en lengua náhuatl y titulado “Xinachtli”, de Guadalupe Martínez (Hidalgo, 1971), incluido en su libro Mallinali (Edición de la autora, México, s/f); y, finalmente, uno en lengua mapundungún, titulado “Mapurbe”, de David Aniñir (Santiago, Chile, 1971), incluido en su libro Mapurbe (Pehuén Ediciones, Chile, 2009).

Al primero le gusta leer y sabe de lo que habla; su fuerza es la ironía, el juego y la anti-historia. La autora posterior ha publicado solamente una plaquette y se debió a un chispazo anticolonial, a una resistencia física y personal, a una crítica desenfadada contra el “encuentro de las culturas” (sic); y el tercero, a través de su marginalidad, insilio y su lucha social adquirió fuerza y postura para su trabajo —además, no tiene miedo al uso de otras lenguas ni a la experimentación, es decir, es políticamente incorrecto.

Adjunto los tres poemas sin comentarios adicionales. Sea, pues, el lector quien emita un juicio desde la lengua, la historia, lo social, lo literario, lo cultural; sólo así comprenderá el porqué de los poemas. De otra manera, seguiremos con que cualquiera que escribe es escritor y, peor aún, poeta.

Así pues, la lectura parte del gusto y es permanente; por otro lado, la escritura parte de una necesidad, de un conflicto, y es breve en tiempo y número. Ahora, con el show del Año Internacional de las Lenguas Indígenas, los premios, las lecturas y aun las ediciones en lenguas originarias tendrán validez si se analiza, se reflexiona y se actúa desde el problema global; si se comprende la crítica, si la autocrítica se amplía y profundiza; si se percibe la memoria, la resistencia, lo anticolonial. De otra manera, dichos premios, lecturas y ediciones serán un fiasco, como hoy.

Los premios no son sinónimos de calidad porque también hay que tomar en cuenta al jurado, generalmente a modo. Entonces, si hablamos de obras o poemas, lo que persista horizontal y verticalmente; lo que resista al tiempo, lo que se infiera de la lengua y de la población hablante; lo que cuestione la realidad y vea el panorama, es y será una obra o poema. Así, los premios tendrán razón de ser. México es el país de los premios, pero ello no significa que tenga buena literatura —hay países muchos más pequeños (Cuba, por ejemplo) con una literatura de gran fuerza y de mayor vanguardia.

La sociedad crea mitos porque los necesita, pero estos suelen basarse en la sencillez de lo popular; sirven para determinadas justificaciones, no para crear una verdadera raíz cultural. Esta no podrá arraigarse mientras el contexto y la población hablante de estas lenguas no sean, a un mismo y necesario tiempo, fuertes desde el interior y hacia el exterior.

 

Ita kuñu yu

ká’án na chi ra nda’ví kuvi kú yu
ra ki’ví lo ke ninu kú yu
ra ko ña’a

xa’án yakua yu chi
xá’án ta’tán tinana yú      tia tin
xá’án ñu’ú vixin

kutiee yú íyó tiku yú xín tia’vi
íyo yaa xini

xi’í yu ndixi kua’á xí’ín kua’á ndutiá
ndá’yu yí yu nu
koo ichí tiákú yu koo ichí vaa yu

ra ki’vi va kú yu chi
                       ra vílo
                       ra ikú
chin kuaa ní ka naa

ndisu tá kaa
           tá kii
       ta ndiee
in ita xá’nu sa’ta
ra yakua ki’ví vílo kití kú

kuaan xá’nu ña baja kalifórnia 

 

La flor de mi cuerpo

dicen que soy un pobre diablo
indio del sur
ísavi perdido

que huelo a mugre
a tomate fumigado         sudor del campo
a barro mojado

que tengo callos piojos liendres
caspa en el cabello

que tomo Tecate y otras chingaderas
miento la madre
vivo sin filosofía ni civismo

dicen que soy un idiota
estúpido
bruto
y un etcétera infinito

pero cada hora
cada día
cada fuerza
una flor crece sobre mi cuerpo
sucio indio bruto bestia

baja california progresa

 

Xinachtli

Mahuitzpoloa amo cenca ipati
Necahualiztli mitzteyolomaxiliztli
Ninocuepaptiuh tomaxac
Tlayeyecolli occe tlahtolli
Amo nehuatl, tehuatl
Ninemi ica noicniuhtzin
Nehuatl nicoyopillotl —chichi
Eztli, ehuatl apanoc tonacayo
Ipan tlaatlacuani tlalnamiquiliztli
Yehuetlahtolli ilhuia tzapa
In xinachtli ninotetlaqueuia tzompohualli huan
matlahpohuali xihuitl

 

Xinachtli

Incesto no es relevante
En silencio te reconozco
Me revuelvo entre tus muslos
Ejercitando otro idioma
No soy yo, soy tú
Camino con mi hermano
Soy coyote-perro
Sangre y piel recorriendo nuestro cuerpo
En la deformidad de la memoria
Historia descifrable por enanos
El ADN combinación perfecta de 500 años

 

Mapurbe

Somos mapuche de hormigón
debajo del asfalto duerme nuestra madre
explotada por un cabrón

Nacimos en la mierdópolis por culpa del buitre cantor
nacimos en panadería para que nos coma la maldición

Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriante y ambulantes
somos de los que quedamos en pocas partes

El mercado de la mano de obra
obra nuestras vidas
y nos cobra

Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia
hija de mi pueblo amable
desde el sur llegaste a parirnos
un circuito eléktrico rajó tu vientre
y así nacimos gritándoles a los miserables
marri chi weu!!!!
en lengua lactante

Padre, escondiendo tu pena de tierra tras el licor
caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor

Somos hijos de los hijos de los hijos
somos los nietos de Lautaro tomando la micro
para servirle a los ricos
somos parientes del sol y del trueno
lloviendo sobre la tierra apuñalada

La lágrima negra del Mapocho
nos acompañó por siempre

en este santiagóniko wekufe maloliente.


Kalu Tatyisavi / Ñuu Savi [Tlaxiaco, Oaxaca], 1960. Estudió filosofía, sociología y letras. Ha publicado diez libros de dramaturgia, cuento, novela, poesía, ensayo, guion cinematográfico y una Antología de literatura de Nuestra América. Asimismo, ha publicado aforismos, reseñas, prólogos y crítica literaria en diversas revistas, páginas electrónicas y periódicos. Es profesor de Sociología, Literatura y de su lengua, Tu’un Savi. En los años 2000 y 2012 obtuvo el Premio Nacional Nezahualcóyotl en Lenguas Mexicanas. En 2019 obtuvo el Premio Bellas Artes de Literatura en Lenguas Indígenas.