25 noviembre, 2019

Las construcciones del fuego

de Abraham Peralta Vélez | Inéditos

CADA CONTRACCIÓN UN ALETEO DE INCENDIOS,
una conmoción de granizo en los músculos,
una parvada de astillas, a lo lejos,
que revoloteaban y se iban por la ventana abierta.

Cada contracción una urgencia de espigas,
unos girasoles vivificados en los músculos,
un viento que quería romper, sacudir polen de lo muerto. 

Cada contracción se convirtió en fuego que aguijonea
el cuerpo de la madre hasta el delirio
en donde se reaniman los ancestros
en el cementerio de su sangre
cuyas estrellas invocadas caían,
flama a flama, en la noche de su conciencia.

Cada contracción se convirtió en una tormenta
que exigía su mandato a la semilla. 

Cada contracción era un llamado,
los heraldos venían con el sagrado corazón de la primavera.
Las trompetas del mar se agitaban en la sangre
y un viento de dios se metía entre sus venas.
La memoria volvía a nacer en el olvido.
La eternidad rompía el vino con violencia
para nacer el tiempo.
Los ojos de la madre, gatos bajo la luna roja.

Cada contracción parecía el fuego que se pudre 
en sí mismo y se resiste a marchitarse
en la ceniza. Cada contracción iba quebrando
todo miedo y toda resistencia a la vida.

 

MI BEBÉ ES LA NOCHE
en donde dios
guarda sus vacías
respuestas,

las flores plateadas de sus ojos,
cerraduras del abismo
de donde venía huyendo. 

Ella es la casa de mis abuelos
aunque estaré yo muerto.
La sopa y las naranjas,
la reunión —ahora en el ayer—
sobre el pan del mañana.

 

Novilunio

La luna floreció amapola del mar. Ahí comenzó otro ciclo: se mantuvo en vilo ante la angustia de tórtolas sin el rumbo del viento, con vómitos de luz plateada y contracciones de conejo; se hizo fuego, ahí donde había una balsa perdida en su infinito. Hacía lava de lo húmedo. Tejía en su rueca el opio necesario para la llegada del héroe niño, ¿será niña? Lo alto pendulaba en lo bajo —ciudades subterráneas, los muertos: las flores sagradas, los soles sacrificados para su vientre, las mujeres plateadas, con sus cuerpos ocote, desnudas en los ríos para bañar su tiempo y entregarlo al mar, la luna, mientras preparaban el cielo con hojas secas de los cedros—. La cruz de los vientos se rompía en un aceite sanguíneo y la ausencia originaba su forma para la muerte. Aquel vino extraño era un nudo de latidos lejanos: el misterio revelado a ninguna mirada, el amor en la efervescencia de los leños, un ritual de lo absurdo en que se edificaba una mariposa niña, en la ira profunda de las huestes de lo indeferenciado en su vientre, después de aquel encuentro en que comenzó una combustión de peces como estrellas en espirales sobre el vacío, para iniciar con la palabra, con el amanecer de la sombra, con el dolor de la ausencia y la alegría del héroe niño, ¿será niña?, con su destino de cerezas bajo las piedras del desierto. Leones del viento mordían las orquídeas de las gotas derramadas en su encuentro. El cielo se cerraba en su semilla. No eran dioses sino partícipes de su novilunio. Habían encontrado el tiempo (el gato caza el insecto): la luna que se sumergía en meditaciones, en un silencio como un toro de lidia, para abrir las construcciones del fuego en un cuerpo por venir con sus heridas de eucalipto, en un milagro tan sutil como el abotonar de las gotas en un pétalo con el hilo del aire. Cada grano de la arena del desierto era un espejo perdido del porvenir. Esto se dice, pero es incontable con los dedos de la palabra. Huella inventada por alguien que nunca ha existido: perdido en su interminable tejido, que solo escucha la profecía entre el polvo del sol, con entusiasmo de heliotropos. En su lengua silabeaban los heraldos del origen: la luna roja se partió en los pies del alba. Nació una niña del oráculo del mar. El viento la arrojó a la orilla con su sinfónico destino.


Abraham Peralta Vélez / Ciudad de México, 1989. Licenciado en Letras Hispánicas, poeta, editor y tallerista, se especializó en Literatura Mexicana del Siglo XX y estudia la maestría en Literatura Mexicana Contemporánea en la UAM-A. Ha publicado los libros de poesía Metamar y el marinero (2009) y Retuerce el pez (2016). Los poemas que aquí presentamos pertenecen a Novilunio, de próxima publicación por Proyecto Literal.