1 octubre, 2018

La última palabra: a 50 años del 68

de Hernán Bravo Varela | Dossier

“No hubo piedad para la luz”, escribió David Huerta (1949) en su primer libro de poemas, El jardín de la luz (1972). Con precisión conmovedora, aquel verso define el carácter de la poesía escrita a raíz de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968: una nueva “visión de los vencidos”, una rabiosa elegía a la juventud, voces en coro de un eclipse generacional. De Octavio Paz (1914-1998) al propio Huerta, pasando por Rosario Castellanos (1925-1974), Isabel Fraire (1934-2015) y José Emilio Pacheco (1939-2014), dichos textos —muchos de los cuales componen el memorial poético M68, que ahora se presenta en la Casa del Lago de la UNAM—, son frutos convulsos de una época signada por la represión y la muerte; ejercicios de memoria que, en palabras de Castellanos, cumplen la función de “que amanezca / sobre tantas conciencias mancilladas, / sobre un texto iracundo sobre una reja abierta, / sobre el rostro amparado tras la máscara […] / hasta que la justicia se siente entre nosotros”.

Manuel Díaz* | Creación de isologo
Naandeyé García* | Creación de gráfico distintivo
El 68 fue un punto de inflexión para la vida política y social del país, pero también para la literaria: El apando (1969) de José Revueltas, La noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska y Días de guardar (1972) de Carlos Monsiváis son tres ejemplos de prosa donde el periodismo, el monólogo dramático y la autobiografía se unen para crear una “polifonía del incomunicado”: frente a la retórica de las versiones oficiales, la elocuencia del testimonio civil. Ni qué decir de la poesía, cuyas aptitudes melódicas y filosóficas ceden el paso a una urgente relación de los hechos. Ante el ocultamiento del horror, Castellanos, Fraire y Jaime Sabines (1926-1999) reconocen cuerpos, cincelan lápidas, diseccionan los titulares de la prensa, colocan anuncios y carteles para dar con los desaparecidos. En “Las voces de Tlatelolco”, por ejemplo, Pacheco emprende un poema documental basado en la “historia oral” recopilada por Poniatowska; en el tercer fragmento de “Intermitencias del Oeste”, Paz redacta una renuncia en verso a sus labores como diplomático del gobierno mexicano; en “Carta de Nonoalco”, Guillermo Fernández (nacido el 2 de octubre de 1932) envía una misiva al fantasma colectivo de los estudiantes —o tal vez a sí mismo, cuatro décadas antes de su cobarde asesinato en 2012—; en “Los derrotados”, Jaime Reyes (1947-1999), parodiando “Los amorosos” de Sabines, hace un perfil de sus compañeros de generación, caídos durante la masacre o alzados lucrativamente por ella; en “Nueve años después”, Huerta comparece como testigo presencial ante la página en blanco y rinde una de las declaraciones más intensas de nuestra lírica —y que, para este número del Periódico de Poesía, comenta con generosidad.

Anunciamos, así, la publicación de este dossier con cuatro poemas de autores antes mencionados (Guillermo Fernández, Isabel Fraire, Jaime Reyes, David Huerta); una serie de réplicas contemporáneas a aquellos hechos por Andrea Alzati (1989), Maricela Guerrero (1977), Rodrigo Flores Sánchez (1977), Óscar de Pablo (1979), Sara Uribe (1978) y Yelitza Ruíz (1986); un poema visual del artista Juan Caloca (1985) y dos ensayos alusivos: uno de Jocelyn Martínez (1983) y otro de Alejandro Higashi (1971), ambos miembros del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea de nuestra universidad (SIMPC).


Hernán Bravo Varela Ciudad de México, 1979. Es autor de cinco libros de poemas y dos de ensayo literario. Ha publicado, en versión suya al español, diversas obras de Emily Dickinson, Gerard Manley Hopkins, T.S. Eliot y Seamus Heaney, entre otros autores. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y editor del Periódico de Poesía de la UNAM.