24 febrero, 2020

La madurez de la inocencia

de Demian Ernesto | Reseñas

Luis Antonio de Villena, Imágenes en fuga de esplendor y de tristeza, Visor, España, 2016, 242 pp.

En El estilo tardío, Edward Said plantea una sugerente propuesta sobre la maduración de la escritura con relación a los años del artista: el estilo adquiere una forma que evoluciona si sabemos mirar; en algunos casos se condensa y en otros se pudre. Cronos es un dios implacable aunque justo. De cualquier modo, no se escribe con las mismas manos —aunque se quiera— cuando se tienen veinte años que cuando se tienen sesenta.

No me interesa hablar aquí sino de las bellas creaciones que surgen a medida que pasa el tiempo. Me interesa hablar de diamantes; en este caso, los de Imágenes en fuga de esplendor y de tristeza, de Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951), material que, en un estilo tardío, nos proporciona una vista de la mejor poesía actual en lengua hispana.

Es importante aquí dar fechas. Poeta precoz, de Villena publicó a los veinte años Sublime Solarium (1971), volumen con el que llamó la atención de Octavio Paz y de otros poetas mexicanos y españoles. Desde un comienzo, la juventud fue arma y emblema en la poesía del madrileño, y un símbolo perenne de su canto.

La poética de Villena, con sus fáusticos contrastes, ahonda en la juventud y sensualidad, pero en Imágenes en fuga de esplendor y de tristeza destaca otro elemento: la madurez de la inocencia. Me refiero con ello a la naturalidad, a un tiempo sentida y meditada, de la expresión sentimental, de la vivencia, de la marcha histórica y de la tradición literaria. El autor destila versos que dan cobijo e impulsan a vivir, a seguir adelante, a valorar o a ponderar la pérdida; sabe que solo el alma dictamina la vejez.

¿Juventud, divino tesoro? Siempre, según los versos de Villena: “La juventud —aprende— sólo se pierde cuando no se entrega”. Esa dimensión de la existencia es, más que nada, un símbolo consagrado a la memoria y dibujado en el poema. De Villena, muchas veces, es trágico consigo mismo; considera el suicidio y cae en el oscuro imperio de la decadencia: “Confesémoslo: Es lamentable no haber muerto rápido y en juventud”. O bien: “Amo con desmesura lo pasado, y nada amo, pues todo ya se ha ido”. Aun así, continúa.

El periodo formativo se asocia, por lo general, con la desmesura y la desproporción y los errores. Se busca aleccionar al inexperto. De Villena pide algo más importante: vivir. Sabe que el ardor juvenil tiene un aporte apenas comparable con otra época vital. Es consciente de la pertinencia, tanto en la poesía como en la vida, de fallar y ser derrotado. Hay honor en ser vencido.

Por ello tiene sentido «el negro sol» de Nerval o el mar que arde en Góngora: la contradicción captura la esencia del alma humana y de todas las cosas. Una juventud inocente, ¿es madurez? Puede serlo, a condición de que se entregue sin remordimientos. La reconciliación con lo vivido resulta indispensable en estas Imágenes…: de Villena mira al pasado y reintegra los elementos para pedir perdón al mundo y reconciliarse consigo mismo.

La fotografía añade un elemento intermedial, dado que el poemario contiene materiales íntimos escogidos por el poeta. De Villena discute con la poesía de ahora y, lejos de desentonar, su diálogo es fluido. Con inaudita armonía, coexisten en estas páginas la lujuria y la ternura. El álbum nos conduce a través de un laberinto memorial. En este paseo descubrimos su Madrid de infancia, su tan querida Latinoamérica, su repelente Estados Unidos. También las influencias del autor nos acompañan: Borges, Proust, Gide, D’Annunzio…

Siempre sorprende la renovada juventud de un poeta. Luis Antonio de Villena (quizá junto a sus coetáneos Père Gimferrer y Leopoldo María Panero) promete seguir siendo, por algún tiempo, el poeta más joven de su país. De momento, me aventuro a juzgar Imágenes en fuga de esplendor y tristeza como uno de los mejores libros de poesía en español de la década pasada. Podemos esperar, estoy seguro, mucho más de su vitalismo clasicista.


Demian Ernesto / Ciudad de México, 1991. Estudia la maestría en Estudios Políticos y Sociales, con especialidad en Literatura y Poder, en la UNAM. Su primer libro, La lección de Steiner, ha sido publicado por la UNAM. Ganador del 4° Concurso de Ensayo Literario del Festival Cultural de Diversidad Sexual y Género 2018, del Concurso Ediciones Digitales Punto de Partida 2019 (categoría Ensayo) y del Premio Difusión de la Lectura Alonso Quijano UNAM 2019.