30 octubre, 2023

La contemplación y la furia

de Edgar Guillaumin Rojo | Reseñas

 
Diego Alonso Sánchez, Un sol líquido, Vallejo & Co., Lima, 2022, 56 pp.

A diferencia de sus libros anteriores Por el pequeño sendero interior de Matsuo Basho (2009), Se inicia un camino sin saberlo (2014) y Pasos silenciosos entre flores de fuji (2016), Diego Alonso Sánchez (Lima, Perú, 1981) elige un título breve para su más reciente publicación: Un sol líquido (2022). En este libro de poemas, publicado por la editorial Vallejo & Co., es posible encontrar una continuidad de los temas recurrentes en su obra previa, por ejemplo, el padre que ve crecer a su hijo, el amor o el tono japonista. Sin embargo, Un sol líquido tiene un carácter misceláneo en el que es posible apreciar acercamientos a la poética de la polaca Wisława Szymborska y alusiones a Pompeya, además destaca una clara preocupación social, centrada en el contexto andino.

Diego Alonso Sánchez, ganador del premio José Watanabe Varas 2013, decide organizar a los dieciocho poemas que conforman Un sol líquido en cuatro partes: “La misma metáfora desenterrada”, “Asuntos humanos”, “El destino de los olvidados” y “Mi bastón ya no hace sombra”. Todos estos apartados van antecedidos de dos epígrafes, uno de José Watanabe y el otro perteneciente a la poeta Edith Södergran, ambos coinciden en tomar como protagonista al viento y no es casualidad, los poemas de Un sol líquido conservan un tono esencialista, un vínculo entre la naturaleza y el humano, una luz solar que se va diluyendo en el ojo del poeta y su relación con el mundo.

El tono metapoético permea en todo el libro, que explora el oficio de poeta, la escritura del poema y su relación con la vida cotidiana. En “Reflejo”, por ejemplo, se puede apreciar al poema como anécdota del proceso creativo, una especie de bitácora poética. Esta búsqueda en torno a la creación artística ha llevado a Sánchez a un diálogo constante con la tradición poética universal. Es así como puede entenderse, de manera justa, los tres libros de poesía que anteceden a Un sol líquido. Los poemas de Sánchez son un peregrinaje en el que dialogan sus hallazgos poéticos con sus experiencias personales. En el poema “Nada deja de existir” sigue latente esta sensación de naturaleza que descubre al emprender un viaje:

Ahora llueve y te sorprendes,
como frente al espejo que te repite
con tenue persistencia.
Y nadie sabe lo que hay en tu corazón,
ni este poema que va escapándose por tu boca,
mientras que florece en el firmamento
eso que ya no importa (15).

La escritura poética como viaje permite recordar los prostíbulos de Pompeya en los que “la poesía se derramaba como sudor/ sobre los vientres de roca (18)”, escuchar el sonido de los aviones sobre Hiroshima en agosto de 1945 o el sufrimiento de un minero, “minúsculo trabajador boliviano/ que también eres Montañana (37)”. El eco de Vallejo resuena en la segunda parte del poemario “Asuntos humanos”, cuyos poemas que cantan al amor comienzan con uno sobre la madre.

Los poemas que tienen por eje al amor vuelven a aparecer en la obra de Sánchez, pero, a diferencia de Pasos silenciosos entre flores de fuji, el lector sabe que en el origen de Un sol líquido hay una madre peruana que también es la maestra de un poeta; sabe de la hermosa fosforescencia del cuerpo a través de una ventana o del encuentro con la belleza en una Playa de Arica. A la sección “Asuntos humanos” le sigue la tercera parte del libro, titulada “El destino de los olvidados”, que consiste en tres poemas donde los versos son un hondo reclamo ante la injusticia social.

Solo hay que extender nuestra mirada
sobre los campos del hambre,
bajo las nubes del odio
y las piedras se quebrarían en llanto (35).

En el poema “Si me permites hablar”, el autor rinde homenaje a la líder minera feminista Domitila Barrios de Chungara. “El destino de los olvidados”, sección a la que pertenece aquel poema, es un diálogo con sectores sociales no privilegiados; en el tercero de sus textos, los cuestionamientos del autor se dejan ver nuevamente, pero esta vez no en un tono metapoético sino en uno de reclamo para enunciar dos preguntas: “¿Quién gobierna el destino de los insignificantes?, ¿quién gobierna el destino de los olvidados?” (39). El sujeto lírico no puede contestar del todo estas preguntas, así que recurre a la enumeración poética para mostrar una multitud de resistencias humanas a las desigualdades económicas y sociales:

En pleno día,
un campesino, una cocinera, un chofer,
una obrera, un vendedor, una barrendera,
un desempleado, una compañera sindicalista,
millones de universos humeantes
escuchan a Martina,
leen a Vallejo
y, mientras trituran sus dientes,
piensan en resistir
y en amar (38-39).

En la última parte de Un sol líquido, Sánchez regresa al sonido de agua y nombra a Bashō. El tono contemplativo aparece en todos los poemas que integran dicha parte, acompañados de ecos ya familiares en su poética. Así, en “Las moradas”, resuena la voz del poeta japonés Kamo no Chōmei (1155 –1216) y culmina, en el poema “Cervatillo”, con  una reflexión sobre la paternidad desde una perspectiva ya señalada en sus poemarios anteriores. En este poema su autor ya no imagina la partida del hijo. Ahora el poeta vive esta realidad; su hijo ha crecido y teje su propio destino:

El viento afila sus navajas de hielo
en los pinos oscuros:
un joven ciervo,
que hasta hace poco fue un cervatillo,
hurga en el horizonte

Y en ese hecho se reconstituye
casi todo en el universo (51-52).

Los temas de este libro concuerdan con la vida íntima del poeta, desde los recurrentes hasta las nuevas apariciones de lo social. Sobre esto último, basta echar una mirada al ambiente político peruano para entender la necesidad de lanzar un reclamo así. Diego Alonso Sánchez pone dieciocho poemas sobre la mesa que se abren a manera de mapas para que el lector recorra contemplativamente —y, a su vez, con furia— los caminos iluminados por Un sol líquido.


Edgar Guillaumin Rojo / Tepeji del Río, Hidalgo, 1989. Actualmente cursa un posgrado en Literatura Hispanoamericana. En 2019 ganó el primer Concurso Estatal de Haiku Iliana Godoy y en 2020 obtuvo una beca del PECDA (Puebla). Fundación de un Hashigake (2023) es su primer libro de poemas.