12 octubre, 2020

Exégeta del sueño y las piyamas

de Gabriel Santander | Inéditos

El evangelio de la higuera

Como diría Proust, exégeta del sueño y las piyamas,
El mayor milagro es despertar.
Amanecí cortado en un reino de vitrales negros,
Paréntesis de espejos donde mi cuerpo era la cama.
En nombre de Jesús y del santísimo día,
Noche, exijo que te arrodilles;
Que tu sangre negra sea un membrillo alegre,
Que sea el mismo día floreciendo en la luz oscura de los árboles.
Amanece y hay algo que no me cuadra en las palabras de Jesucristo.
Siempre escucho su desesperado balbuceo del sentido común,
Tan común a los terrenos
Y tan ajeno a los divinos.
Nunca he oído decir a Cristo: ya se los llevó la chingada,
Congruencia con ser divino.
Más bien en la Biblia, esa Sección Amarilla de Judea,
Siempre escucho:
Si no te sale la parábola A, existe la parábola B…
Con todo respeto,
Pero ese es un manual de operación de una gerencia
Obstinada en producir garbanzos.
La noche se inflama;
Es una camisa azul que en vez de botones arroja semillas,
Y que oculta al interior furiosos cuervos y chaneques tontos,
Como un reloj de arena que midiese las punzadas de la piedra,
Los matices del negro,
El goteo del dolor en las camas de hospital.
Jesús mío, por qué nos has abandonado en un Oxxo sin cervezas,
En medio de un amanecer como una diabetes sin color.
En el oráculo de las redes veo mi perdido lustre
Y a Jesús que me invita a ser su amigo.

Le he dicho que no lo aceptaré,
Que me dé una prueba,
Aire para la asfixia.
Que se lleve a los señores de Palacio.
Que de la patria solo me interesan los jardines,
La hierba que es la falda de la tierra.
Noche, exijo que te arrodilles,
Que dejes en tus oscuros cajones
Los escritos de la virtud y el sacrificio,
Que empiece el nuevo día
Y que el rocío peine
De nuevo el fértil huerto de la higuera.

 

Si no fuera puto sería puta

La memoria se puede lavar con almidón o con sal y agua.
No recuerdo haber sido otra cosa sino un alcahuete del deseo,
Porque no hay boda del deseo sin el miedo a las moscas y a la música.
De tu amor, la mayor parte son fantasmas
Y por más puto que te sientas vas de citas con la niebla.

Lo transfiguras todo gracias a los aguinaldos de la poesía,
Al rocío en la carne y te vas contento
Pero con un muerto entre las piernas
Con una rosca de reyes en el vientre.

De mi vida sexual podrían hacer caricaturas
Con aplausos y rebotes de canicas.
De Alberti reescribo lo del tonto:
Yo era una puta y lo que he visto me ha hecho dos putas,
Porque antes de que se calentara la tierra
Ya era bien puto, con mucha plática, viajes al extranjero
Y un camión lleno de klínex.
Y si no me creen, búsquenme en las redes
Como la más loca de la manzana.

Conozco los besos con sabor a sal.
Conozco los besos con dientes chuecos y mal aliento.
Son hermosos porque para mí no hay otros,
A ese ángel con barba de tres días
Se lo llevaron los guapos, los mamones,
Los que nunca hablan de amor, solo de sexo y de regalos.
Yo soy de esos que de la ingratitud sacan melancolía
Y por eso cada noche llego solo a mi cama,
Cansado de la lucidez de ser puta y de amar un gato,
Adolorido como duele la ausencia en el cuerpo,
Agradecido por el sueño que me espera y me repara.


Gabriel Santander / Ciudad de México, 1968. Documentalista y productor de series de televisión. Ha escrito cuento, novela y poesía. Autor de siete libros, entre los que destaca la novela La venganza de las chachas (Premio Casa de las Américas 2011; Mafia Rosa, 2015).