28 marzo, 2022

esa tarde comenzaba la historia sin fin

de Pablo Piceno | Inéditos

 
 
en tu cumpleaños número once
te regalé un conejo con un listón atado al cuello
el conejo caminó en medio de nosotros
tú y yo dispersos entre los demás
los mismos que se habían burlado de nuestro afecto

y que asistieron a ese cumpleaños como amnistiados

tu madre nos llevó a ver rápidos y furiosos
y en las escenas de sexo
nos tapó los ojos de espanto

luego le volvió el cáncer
y con ese mismo listón del conejo
y tus enormes dientes frontales
te llevó consigo al país de tu padre

mucho tiempo después
un enemigo nuestro me contó que tu madre había muerto
que tú te quedaste a vivir con tu padre
y ya no volverías

ni la tarde en que nos desnudamos adentro del baño
ni tu hermano abriendo la puerta mientras nos tocábamos
ni el día en que te tropezaste conmigo
al pasar la estafeta en relevos de cien
(te sangró la rodilla y reímos tirados a media pista
uno encima del otro) ni esa noche en que a tientas en tu cuarto
oímos a tu madre queriendo convencer a la mía
de quedarme en tu casa sin éxito

tú, mi conejo adorable,
el listón atado al cuello que era méxico y sus castidades
tu padre echándote huérfano de tu casa por joto
el dolor terminal que te acabó alejando
dejándome solo con nuestro secreto
el infierno que habité indefenso muy lejos de ti

así descreí del amor
así nací muerto al deseo de vivir

veinte años pasados en vano
amando en orfandad
 
 
 
amé a una chica que conoció a Dios en el Camino de Santiago
no la estreché en mis brazos nunca porque ella no me amó
pero pasé días semanas imaginando cómo sería el amor correspondido
besar sus labios prodigiosos para distinguir una pasta frutti di mare de otra
de maridar el vino más propicio para cualquier ocasión
o cuando la vi llorar cuando hablaba de su padre muerto de cáncer
mientras the police cantaba how my poor heart aches
un absoluto lugar común para cualquiera
pero entonces el luminoso cielo se partió en trozos y yo pensé
que esa tarde comenzaba la historia sin fin de la piedra apartada del pozo
viendo cómo no paró de sonreír en adelante
no sabía que la gente puede sonreír así, sin motivo aparente
más que lo que la teología se dio en llamar la beatitud evangélica
que ella encarnaba

ya nada queda de ese amor
dichosos los que lloran los que son perseguidos en la sombra
a causa de ese amor
porque de ellos será el reino
los que ahora tienen hambre
 
 
 
qué feliz es verte en todo
un nodo astral un nodo acuático
un pergamino del espacio exterior fotografiado desde urano
vibraciones de prima donna
acciones bancarias a la baja
lámparas en oferta de luz led
cejas uniformes separadas por técnicas láser de las que sé muy poco

a veces me confundo entre lo que veo
(a veces me aburro también de verlo todo)
y ya no sé si de verdad si algún día te llegara a ver de nuevo
no a lo que evocas no a ti interpósita persona
si lograría reconocerte y decir tu nombre
como ahora digo tu nombre en cada atardecer
y lo que los poetas y luis miguel se han pasado años cantando tendiente a cero

¿sería una decepción, no crees,
ya no reconocerte? tanto tiempo pensándote
este libro que escribí con tanto ahínco repetidas veces viéndote en él como digo tantas horas felices horadadas al destino fatal palpitación en falso

pero mientras aquí a puerta cerrada
imaginarte cerca tu espalda ante la palma de mi mano bregando contra la causalidad llamas entre las llamas
qué alegría haberte encontrado y conversar
justo horas antes de que la razón
ya no me asista
 
 
 
el verbo está dormido o domiciliado en el lugar incorrecto
espasmos de helechos que cuelgan del muro más ancho
por donde una gata escaló cargada
y acabó alojándose en el patio
que da al cuarto de los vecinos
ahítos desconcertados pidiendo auxilio
vecino tú no sabrás a qué hora atienden los de protección civil
ahí nos tienen sin decirnos nada
cantan al margen de sí un par de agapornis
les dije dense por servidos
no se puede tener todo en la vida
muy cínico el día domingo
civilizado pero de lejos se nota que viene cansado
ya a qué vienes amigo
te lo digo cariñosamente afable con todo respeto
antígeno que no prende
salva de dios por nacer
no hay evangelio en el tedio
 
 
 
fui tocado por un profeta en el camino
en la primera juventud, dieciséis años
un niño masturbándose bajo las sábanas
un agustín tardío atraído por ambos sexos
plegado sobre sí como un oxímoron fallido
un aleteo veloz sobre el mar abierto
que en el otro extremo de sí mismo no se oye
un aguijón restituido como una propiedad en deuda
culpa del paraíso que no hay

a veces, cuando me despierto temblando más que otros días,
o empapado en sudor viéndolo todo en cámara lenta
gemidos y maldiciones espectros sobrepuestos encarnados entre mis piernas
creo que no hay salida con una lucidez ambigua y meridiana
un látigo detrás de otro un durazno como una enredadera hecha de néctar
un hueso atorado en la garganta atorado cada vez más
y la convicción de haber estado ahí la mañana anterior o la siguiente
el tiempo es una línea imaginaria
que finge que no arranca las entrañas de un jalón

entonces recuerdo: el profeta que me tocó:
la seguridad con que cogió mi mano y me puso en pie:
enjugó mis heridas: la sangre que seguía chorreando
desde el día en que me sacaron del vientre: quedé limpio
y nadie supo por qué

esa noche desperté entré en mí y fui saliendo poco a poco
alcé las puntas sobre el piso de duela apolillado
vi cientos de pájaros cantando
y vi la beatitud por un segundo
días sin término

de esa memoria me alimento en horas como esta
esa memoria es mi desgracia
nada de eso volvió a pasar pero pasó
los restos que yo soy son oficiantes de ese rito y su ortodoxia
logia del velo rasgado
silla que se deja a elías

levadura
 
 
 
mis hijos que no han nacido
deliran dentro de mí
tienen miedo pánico taras mentales
les falta un brazo les sobra vergüenza de un padre apenas hombre
y de sus amores profanos
acaso no lleguen nunca
acaso percutan en vientres ajenos
seis meses o siete
se asfixien con el cordón
les falte valor al nacer
y amoratados dejen caer su peso sobre una mano ausente

como yo te veo cuando dices casémonos quiero un hijo
e imagino un retrato de familia óleo sobre lienzo de lino
jarrones tirios en la sala de estar
la línea del tiempo es un embrión muerto en mis días más lúcidos
una nuez atorada en un útero informe
que atraviesa una luz de bengala
 
 


Pablo Piceno / Wolfsburg, Alemania, 1990. Autor de Parusía de los muertos (2015), aparecido hasta ahora en versión digital, y de Metáfora del sol ilustre (2017). Fue beneficiario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2016-2017). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2018.