julio 2023 / Inéditos

En el vértigo fucsia

 
De pieles

Si me entregara al deseo pospuesto
verse a la brevedad
sería la única cita
entre esta luna y la próxima lluvia.

Subamos al ala de la abeja
o del mosquito que nos ronda las pestañas
mientras acordamos el lugar.

Debe ser nostalgia. Brecha abierta
en el cajón de los recuerdos almacenados.

Otra vez el olor a miel te habla.
Todo se repite y la ola nos alcanza.

Bracear hacia el sol, respirando hondo.
Vienen o iremos…
es el dilema que incendia.

Forjemos otras pieles, entretanto.
La presencia exige los abrazos.

Alíferas estaciones, cuando sus orillas
hospeden nuestros nombres.
 
 
 
Campanada de lo frágil

A veces, al despertar, sentimos no haber soñado
pero, quien no sueña, enloquece.
Los sueños que no se recuerdan cuelgan de la nube
en la voz alterada de alguien.

Quien cree no soñar (ni dormido ni despierto)
va al día siguiente con el pellejo cubierto de sales
tatuado con premoniciones de la asfixia.

Los sueños regresan, sin que puedas impedirlo.
Son la válvula de escape en la testera que hierve.
Le evitan el colapso a la máquina oscura o
se convierten en la guarida de cuerpos fértiles
(también infértiles) trajeados con miedos o anhelos
erigidas historias con rostros sin nombres propios,
a veces en primer plano. Otros anónimos enfilan
pintados al fondo. La grafía mutante interroga
y bullen las imágenes en la pizarra cinestésica
de la inquieta. Al despertarnos casi todo se borra.

De vez en vez, despiertas a mitad del sueño
y aunque grises, asoman señuelos enganche
de ilusiones, pesadillas y turbaciones.
Las deformaciones confrontan. Lo extraño surge.
Debilidad enquistada. Algo se asoma revelación.
La voz del padre, ido hace ya tiempo.
La mano de la madre, calma desvelos.

Campanada de lo frágil, replicante.
Su tic-tac audible surge del lado velado.
No aparece, quien debiera revelarse
—dice la voz— que alojas.
Máscaras danzantes te ofrecen,
pero te niegas a ponérselas a tu rostro.

El barro después del milagro de la lluvia
en la pizarra cenicienta deja al descubierto
toda la fauna desgarrada
y en la fragilidad del cuerpo
los latidos aceleran el corazón
allí y en ti,
donde mueven
sables las utopías.
 
 
 
Por el ojo de la nube

Asomada al jardín flotas en lo alto.
Sola, contigo.
Muerde tus fisuras la andadura
del frío estacional.
Vuelves a la inmensidad del agua
sumergida en las arcillas
de tu naturaleza eclipsada.
Flotas arriba donde abajo yo.
Flor del cactus que te pincha
apresada en el vértigo fucsia.
Desnudo viaje al canto lírico
con inusitada entonación
de un cuerpo flotante de nervios
en todo aquello incomprendido
—inerme, soterrado, quitado—
si calzas la llave en su orificio
por el ojo de la nube
adentras al paraíso perdido.

 


Autor

Edda Armas

Caracas, Venezuela, 1955. Poeta, antóloga y editora. Psicóloga Social por la Universidad Central de Venezuela, especialista en creatividad y gerencia cultural. Su obra poética consta de dieciocho tí­tulos publicados, entre los más recientes: En el oído medio (2024), Talismanes para la fuga (2022) y Fruta hendida (2019). Presidió el PEN Venezuela (2005-2009). Ha participado en festivales de poesí­a en Caracas, Bogotá, Lima, Quito, Ciudad de México, Guadalajara, Houston, New York, San Salvador, Santo Domingo, Salamanca, Tenerife y Madrid. Desde 2015 dirige, con Carlos Cruz-Diez y Annella Armas, la colección de poesí­a venezolana Dcir Ediciones.

julio 2023