Yosakura
He convertido mi lengua en un filete de pescado.
sin escamas sin branquias
yace tímida en una cama de hielo que la mantiene firme
Un trozo de atún rojo que no late
La sirvo en un restaurante japonés del Este:
allí cenamos.
Inmóvil
guarda palabras en sus vetas
Torpemente se entrega a la afasia
Lengua pesada
incapaz de articular
esternón epiglotis
plexo apetito
En su humedad fresca se sabe cobarde
Las palabras caen como hilos
en
un
reverberar
fonético
que
se
me
escapa
Con maestría de mantis tomas los palitos
y examinas el dorso de la lengua:
el último trozo de sashimi que nos queda
Ahora mi lengua atún descansa sobre la tuya,
y ya no relamo el silencio
Un bramido leve,
tal vez un murmullo,
de repente:
La boca convertida en un estanque de peces
Greenwich y lo otro
Si fuera valiente
ejercería mis palabras como accionar sereno serenamente activo
Como un ninja,
resolvería crucigramas hecha palabra
por Chambers y West Broadway como verbo encarnado
Caminaría niebla lluvia y sentada frente al agua sería el agua misma
palpitando zapatos y chasquidos
Sería plétora
No,
Mejor alcaucil
Sería alcaucil valiente y aprendería a verter sonidos en conserva
Todo se iluminará pronto
El estatismo alcaucil, sosegado y gallardo,
bailarín de repisas vacías
Será luz
fluorescente
de supermercado orgánico
Tal vez este sea el lugar del fuego
Muy cerca de mí, al lado o encima, una voz ronca repite un poema de Keats sobre el fuego
y yo solo río y murmuro una canción
fire fire bla bla bla.
ya pasó, ya la vida nos salió al revés y solo queda esto:
Una voz que cuenta una historia sobre un caballo
y que escucho adormilada, con los ojos secos.
Por fin tengo los oídos dulces.
Una voz que dice que nuestra piel es como la de los reptiles.
Es inevitable que se junte. No podemos estar lejos.
Unas manos dentro de mi falda que juegan al que pasaría si…
Cada respuesta que doy es más perversa y más obscena y más deshilvanada.
Me calienta que hablemos de nuestros hijos.
Una voz que susurra el complot de un asesinato. Me habla de su gusto por el sacrificio humano.
Hoy soy la señora de la casa. Adulta responsable que sonríe entre el desmadre de discos viejos y la vida.
Reímos como locos, la voz y yo reímos como locos, imaginando perros mongólicos mientras
el amanecer rasguña la fiesta.
Nos vamos juntos, a que estar juntos nos pase un rato.
Tomo una foto para no olvidar este océano.
Recito para mí
a word
exploding from you in gold, crimson
To be lit up from within
vein by vein
To be the sun.
Tomo una foto. Tomo una más y otra y otra de ti hablando. Luego escribo.
El lugar queda acá, entre la foto y la bruma.
El lugar del fuego.
Autores
Gloria Susana Esquivel
Bogotá, Colombia, 1985. Es periodista, poeta y traductora. Cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York. Es autora del libro de poemas El lado salvaje (2016) y de la novela Animales del fin del mundo (2017).
Antonio Salinas
/ Acapulco, Guerrero, 1977. Poeta, narrador y promotor de la lectura. Cursó la Maestría en Ciencias de la Educación y actualmente es maestro de educación básica. Es autor de los libros de poesía Serial (2011) y La canción de los ahogados (Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2016).