19 febrero, 2024

El filo de la probabilidad

de César Silva Márquez | Inéditos

 
Poema para anne sexton, muerta en 1974

1

busco el significado de la palabra refugio y la rae dice que es un himenóptero
un insecto con dos pares de alas y aguijón como la avispa
es precisa la definición como la palabra amparo, abrigo
              /o casa

 
 
2

El refugio, imagino, es una suerte de aguijón
como el cigarro de anne sexton entre sus dedos amarillos, borrachos y largos
ella con los codos sobre la mesa y los ojos como dos disparos
              /contra la pared de la cocina
a las siete de la tarde
en algún momento
le da una calada y el cigarro inyecta su primer veneno
para cerrar los ojos para cerrar…
porque la vida porque la vid

doy un sorbo a mi trago
y digo la palabra refugio y pienso en la poeta
aferrándose a la cuerda de humo
que se va enredando en el cuello
ella al lado del frutero al centro del comedor
              /a principios de otoño
casi como un colibrí suspendido en el aire
pero con más colores y sediento
y con su vaso de vodka al ras
(era su casa favorita)

tenía 45 años y ya había intentado
9 veces refugiarse en la viga más alta del suspiro

al final de esa tarde oscura
dio un trago y luego otro y se retiró los anillos
de sus dedos aperfumados
que siempre buscaron la palabra precisa
“9 no es nada”, pienso que murmuró

Tomó aire
en la distancia el tren cortaba a la ciudad en partes iguales
acarició el vaso casi vacío
y fue a la recámara y se vistió el abrigo de piel de la madre muerta
y de vuelta en la cocina tomó las llaves del cougar
el tintineo llenó los pasillos de sus huesos
“si te quedas en el mundo no lo envenenes”, escribió en una servilleta
y se refugió en el garaje
para dar el último paseo en auto

la ciudad le dolía el aguijón del cigarro
como la cuerda con camisa de vodka y alma
              /compuesta de fibras de futuro y miedo
una manera de albergue para descansar, sin duda
como si de una playa se tratara
como el mejor filo para dejarse ir

 
 
 
Rosa poniente

Miro desde el muelle el puente de un extremo a otro,
de un barrio a otro
Marco Antonio Campos

Levanto mi whisky,
escama de luz
minuto líquido que se estrella
contra la noche toda la noche
dado lanzado sobre el paño de la apuesta
bebo y se construye un puente al pasado
regresa aquella bahía del pacífico
era julio
y las ajugas del sol caían en la espalda
y tú, onza de oro, piel de 18
mirabas al horizonte y el horizonte
se metía en tus pupilas

suspiro y paso la mano por la madera de la barra
el whisky calienta el recuerdo de la arena
entre tus dedos y la sal de tus labios
tus uñas largas eran otro tipo de marfil

¿cuántos años han pasado de aquel día?
¿Cuántos inviernos, uvas y manzanas?
En algún momento señalaste la isla frente a nosotros
Y dijiste
“a veces juego a que me veo verme desde aquel peñasco”

ahora, sentado a la barra,
el ventanal se abre al barranco a unos metros de mí
donde un río de lluvia duerme
y la moneda crece, la ceiba hace nido
y un cedro apenas visible en la boca de la noche se balancea
se aferra y hurga en la entraña de tierra el alimento

bebo y la bahía sucede una vez más
el rebaño que mostraba tu sonrisa
era similar al cantar de Salomón
mejor era el vino de tu boca que el vino
mejor el viñedo en tu voz
gacela acuática, pez de lumbre
granada desgranada entre mis manos

tú: mundo desdibujado, menos tu pulsera
menos ese vaso en forma de cintura
que deseaba sostener
¿qué sucedió entonces?
¿por qué hoy vuelve aquello?

el whisky es una telaraña que une y no deja de unir
recuerdo a un grupo de muchachos en la playa
algo decían detrás de nosotros
y la música era ronca y subía a la bóveda clara y solitaria

algo más dijiste esa tarde
algo del sueño del pez, creo
algo de un manantial cerca
que señalaste con el mentón
como si conociera la bahía
tan bien como tú

miro a mi alrededor
aquí faltas
falta la canela que perfuma tus pechos
la nota de clavo en tu valle
y la fragancia del durazno detrás del oído
tu cuello que desprende ese aroma a nuez moscada hasta las axilas

el whisky calienta la palabra que pienso
y el puente se ilumina como una pavesa

ahora soy parte de la historia de este lugar
como el cedro que crece ahí afuera
soy una puerta que no cierra
la anegada boca de tormenta en medio de la lluvia
soy toda la distancia hasta aquella bahía
que desde entonces no visito

de golpe bebo lo que queda en el vaso
y el puente se apaga
la telaraña se rompe
me quedo en medio de mi propia isla de luz
sostengo la respiración
y la noche, ahora sí, comienza

 
 
 
Caballito

En el mar
reconozco tu origen
alto reflejo, entre rojo y nube, como el cielo contra el agua
sueño del sueño que absorbe la fragancia
de la azucena y el árbol del incienso
como si el filo de la probabilidad fuera lo que llamamos respirar o beber
Aunque la palabra disminuya ante el trago
como garra o hambre
desde el acantilado del verso hasta lo vivido
con la filigrana del alcohol en los labios
como eso, señores
eso, digamos, la libertad que niega al pez

 
 


César Silva Márquez / Ciudad Juárez, Chihuahua, 1974. Poeta y narrador. Fue becario en tres ocasiones del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Chihuahua. Es autor de varios libros de poesía, entre los que se hallan La mujer de la puerta (2007) y Jardín de invierto (2017). Obtuvo el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras (Border of Words) en 2005, el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 2012 y el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero en 2013.