4 marzo, 2019

El estado de la poesía: fuerte y claro (2)

de Dana Gioia | Ensayos, Traducciones

Traducción de Hernán Bravo Varela. Puedes leer aquí la primera parte de este ensayo.

El rol que juega la universidad en la poesía es, quizá, la paradoja más difícil de todas. Durante décadas, la expansión de los programas académicos de Escritura Creativa dio cabida a los poetas, primero como estudiantes y luego como instructores. La academia brindó trabajo seguro y remunerado a miles de poetas, algo sin precedentes en la historia de la literatura occidental. Fue la versión estadounidense del sistema imperial mandarín, que alguna vez empleó a poetas como burócratas a lo largo del vasto imperio chino. Nuestro sistema fue aún mejor. Los poetas tenían vacaciones pagadas.

Después, como tantos auges, terminó la escalada. El sistema universitario dejó de expandirse, sobre todo en humanidades. Los solicitantes de empleo sobrepasaron por mucho las vacantes. En vez de enfrentar el problema reduciendo los programas de posgrado, las universidades prefirieron explotar a su personal de menor experiencia para ahorrar costos. Las profesiones de tiempo completo se convirtieron en trabajitos para adjuntos sin prestaciones, con bajos sueldos y mínima seguridad laboral. Esta situación académica ya no es novedad, pero no deja de ser terrible para los jóvenes (y no tan jóvenes) entrampados en malos trabajos o por el desempleo. La historia de esta ciudad depende del lado de la titularidad en que viva un poeta.

Los problemas de la academia, sin embargo, tuvieron un beneficio cultural imprevisto. No todas las legiones de jóvenes escritores, artistas, músicos e investigadores decepcionados por el mercado laboral académico se han desvanecido. La mayoría solo se movió de lugar. Al no hallar cabida en cierto mundo, los académicos refugiados buscaron emprender nuevas vidas en otro. Mientras antiguos barrios bohemios al sur de Manhattan, de San Francisco y otras ciudades eran destruidos por la gentrificación, el turismo y la subida de precios en el mercado inmobiliario, un constante flujo de artistas desempleados o subempleados ayudaron a ampliar o crear nuevas comunidades en sitios como Oakland, Austin, Portland, la ciudad de Nueva Jersey, Astoria y el centro de Los Ángeles. Ahí formaron parte de comunidades locales preexistentes y las revitalizaron. También han surgido comunidades bohemias en pequeñas ciudades, pero su dimensión, en esos casos, las hace vulnerables al turismo y al desarrollo urbano. Somos testigos del impacto embrutecedor del dinero en Aspen y Carmel o, a gran escala, en el Barrio Francés de Nueva Orleans.

Hace treinta años, el típico poeta joven daba clases en una universidad. Los miembros de la nueva generación tienden más a vivir en una gran urbe y a trabajar fuera de la academia como baristas, cerveceros y empleados de una librería; también lo hacen en el comercio, la medicina y el derecho. La tecnología ha posibilitado la publicación de libros sin apoyo institucional o comercial. Las redes sociales conectan gente con mayor eficacia que cualquier sala de profesores. Una publicación en línea no exige nada más que tiempo. Un teléfono inteligente y una computadora portátil pueden producir un video profesional de poesía. Cualquier librería, biblioteca, café o galería puede organizar una lectura poética.

Nuevas circunstancias crean interesantes posibilidades para los poetas. En la nueva bohemia, un poeta no tiene que preocuparse por una titularidad, una evaluación de homólogos o por tendencias académicas. Un poeta ni siquiera necesita un título. El público no es una entidad abstracta: el poeta enfrenta cara a cara una multitud diversa en las lecturas. Esas caras no son las mismas que encontramos en la investigación universitaria. Las nuevas comunidades incluyen largos sectores de la población que difícilmente participarían en la vida literaria académica, puesto que han sido bloqueados por la pobreza, la lengua y la raza. Tales grupos han traído perspectivas y energía nuevas a la vida literaria. A menudo, autores y público minoritarios están convencidos de que la literatura y la alfabetización resultan fundamentales para la identidad, el progreso e incluso la supervivencia de sus comunidades. Cuando crear una literatura propia se transforma en un asunto de vida o muerte, surgen tipos de poesía distintos a lo que solemos hallar en un departamento de inglés.

La nueva bohemia no es ningún semi Edén. Los escritores luchan por compaginar su arte con las exigencias prácticas. Su situación es compleja pero estimulante. Existir fuera de la academia y de la economía de mercado convierte a estos poetas en marginales para la sociedad, aunque sus circunstancias les otorgan, asimismo, libertad respecto a las convenciones comerciales y académicas. Muchos escritores bohemios, con o sin título universitario, probablemente siguen soñando con hacerse de una cátedra, pero también reconocen que, en tanto artistas fuereños, representan una iniciativa cultural de importancia. Juntos han creado una vigorosa alternativa para la cultura que ha roto el monopolio de las universidades en materia de poesía. Han dado diversificación, democracia y localidad a la poesía estadounidense.

La situación de la poesía es imposible de describir pero fácilmente resumible. Nadie entiende a plenitud qué pasa porque la poesía y su público están cambiando con demasiada rapidez en demasiados sitios. Hay una notable continuidad con el pasado. Las formas tradicionales en que la poesía se ha leído, escrito y valorado siguen teniendo relevancia, pero dichos métodos no siempre parecen útiles para entender los nuevos cambios. Viejas teorías, incluyendo las posmodernas, lucen desproporcionadas respecto a las realidades presentes. No hay una nueva cultura dominante que sustituya a un viejo orden que agoniza. De hecho, no hay tal cultura dominante, solo más alternativas. La mejor metáfora no es la muerte sino el nacimiento. La escena poética no es un panteón, sino una abarrotada y ruidosa sala de maternidad.

Que no cunda el pánico. La poesía no está en peligro, al menos no más de lo habitual. Las nuevas formas poéticas no eliminan las ya establecidas, aunque sí las influencien y modifiquen. La cultura no es binaria sino dialéctica. Una nueva generación de poetas y lectores provenientes de cada segmento social está ampliando el arte para toparse con necesidades nuevas y aprovechar nuevas oportunidades. La poesía, ahora, tiene tantas categorías como la música popular. Lo que se escucha en Harvard no va a pegar en una pista de baile al Este de Los Ángeles, y eso está bien. Todos los estilos son posibles, todas las propuestas están abiertas y todo mundo está invitado.



* Publicado originalmente en The Los Angeles Review of Books, el 30 de agosto de 2018, como parte, a su vez, de la introducción a The Best American Poetry 2018, volumen editado por la editorial Scribner en septiembre de ese año. La traducción y reproducción de este texto han sido autorizadas por el autor.



Dana Gioia / Los Ángeles, Estados Unidos, 1950. Poeta y ensayista. Es autor de cinco libro de poemas, incluidos Interrogations at Noon [Interrogaciones al mediodía, 2001], con el que obtuvo el prestigioso American Book Award [Premio al Mejor Libro Estadounidense], y 99 Poems: New & Selected [99 poemas nuevos y escogidos]. De entre sus cuatro volúmenes ensayísticos destaca ¿Can Poetry Matter? [¿Importa la poesía?, 2002], que propició un debate internacional sobre el papel de la poesía en la sociedad contemporánea. Presidente del Fondo Nacional de las Artes [NEA] de su país entre 2003 y 2009, Gioia es el actual Poeta Laureado del Estado de California. La editorial mexicana El Tucán de Virginia editó en 2010 —con traducciones de José Emilio Pacheco y Elsa Cross, entre otros— una antología poética de Gioia: La escala ardiente / The Burning Ladder.


Hernán Bravo Varela Ciudad de México, 1979. Es autor de cinco libros de poemas y dos de ensayo literario. Ha publicado, en versión suya al español, diversas obras de Emily Dickinson, Gerard Manley Hopkins, T.S. Eliot y Seamus Heaney, entre otros autores. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y editor del Periódico de Poesía de la UNAM.