18 octubre, 2021

El empleo del tiempo

de Fabián Casas | Inéditos

5 poemas de Boy Fracassa (fragmentos)

2. Dos por tres voy a pensar en vos/ y te voy a mandar pequeñas frases/ de personas que vivieron / antes de nosotros/ Quisiera que el argumento/ la potencia de mi vida/ esté en la manera en que utilicé el empleo del tiempo.

3. Una mujer dice que escribe sobre flores/ que pinta flores/ es un tema recurrente en la poesía/ las flores/ pero yo soy una piedra/ alguien sobre mi espalda fundó una iglesia/ soy la piedra en el bolsillo/ que hundió al animal que incubaba Virginia Woolf/ el que siempre quiere escapar/ aun cuando no estén dadas/ las condiciones objetivas / para el espíritu.

 

Calistenia

Todos los días le cocino a mi padre/ y le limpio el baño que parece intervenido por Pollock/ después hago karate en mi casa/ solo/ y por las noches fumo en el balcón/ escuchando pasar las ambulancias.

 

Método

Hay un método para aprender inglés/ consiste en ponerte las clases grabadas en voz alta/ mientras dormís/ yo me acerco a mi padre que duerme y le digo/ dale, ya está/ te pasaste de la raya/ tenés que morirte/ para que aprenda/ los signos de puntuación.

 

Heráclito

En la casa en la que nacimos había dos baños/ uno estaba inutilizado/ era grande/ y estaba pegado al dormitorio de mis padres/ jugábamos en él con mis hermanos/ a hacer batallas con los soldaditos/ el otro quedaba en un pasillo angosto/ donde también estaba el lavarropas/ al que había que esquivar/ para pasar al baño y darse una ducha/ de parado/ con agua fría en verano/ y en invierno ponían alcohol de quemar/ en la cabeza de la ducha/ para calentar el agua/ un peligro. / Nunca tuvimos bañadera/ y ni bien nos mudamos a una casa nueva/ que mi padres compraron con mucho sacrificio/ hicieron sacar la bañadera y poner una ducha individual/ como hay en los hoteles de paso/ era un matrimonio/ que nunca se relajaba/ nunca flotaba/ había que estar de pie para poder bañarse/ hoy lo ayudo a mi padre que apenas puede moverse/ para que se pueda bañar/ lo sujeto como esos titiriteros de la calle que hacen bailar al muñeco/ qué pena no tener una bañadera grande donde sentarlo/ cuando somos jóvenes no pensamos en la vejez/ y tal vez esté bien/ lo agarro con una mano y lo enjabono con la otra/ él grita/ cuidado, dice/ le duele todo/ se empañan mis lentes por el vapor/ como suele pasar en ciertas películas/ cuando la cámara se moja por el agua o por la sangre/ y el director decide dejarla / pero quién es el director/ en este caso?

 

Saltando en la cama elástica

¿Dónde dejan el trineo los paseadores de perros?
Eso me pregunto. Porque vengo de un lugar extraño.
Y por otra parte, si hay alguien que debería saber
que al tiempo le da igual la distancia entre este lugar
y mi pueblo: ese es un poeta.

Viniste tantas veces solo para merodear. ¿Y qué fue
lo que nos armó de infinita paciencia? En el hospital
es donde uno comprende que el alma
es un invento sobre el que nos interesa fabular.

Era tan extraordinaria y única como una hawaiana
manga larga. Ja ja. ¿En serio lo decís? ¿Eso es lo que recordás de ella?
¿Nunca te volviste a enamorar? Mirá: según mis investigaciones
el amor es un suceso, un disco de grandes hits
con solo dos o tres canciones que repiten en la radio
para llenar los baches, cuando los que trabajan
van por un café o simplemente mean.

En ese tiempo aún no la habían descubierto
en las revistas de mucho tiraje. Era tan dulce!
Pero la ecuación es sencilla: deberíamos saber
que nuestros actos son inútiles
y después ejecutarlos como si tuvieran sentido.

Como te lo digo: me negué a gobernar sobre el mundo.
Y cada parte de mi pasado se voló con la brisa
cuando abrí la ventana. Noche de otoño. Se estaba bien.
Cada cosa –y yo misma– ocupando un lugar pequeño
en la inmensa estantería. ¿En serio?

¿Sabés que escribió un poema que estaba dividido gráficamente
en dos columnas eréctiles, como las Torres Gemelas? Y pretendía
que las leyéramos en simultáneo! Me hacés reir. ¿En serio?
Todavía queda alguien que quiere vestirse para llamar la atención.
¿Y qué le dijiste? Le dije que cuando leía una columna, extrañaba a la otra.
Que por eso me gustaba. Y se quedó callado. Una buena manera de salir del paso.

Entonces, ¿no intentó hacerse la víctima? Siempre. Pero le dije:
Con tu papel de víctima me armo un porro. Y dejé el teléfono
apagado, al final del largo corredor. Estaba descalzo. Cuando te volviste
completamente salvaje, es posible que algunos seres salvajes
se acerquen para verte. Es hora de dejar de vagar.
Agarré una musculosa blanca y un palo de escoba
que encontré en el lavadero y armé una bandera de rendición.
La puse en el balcón. Lloviznaba y la noche parecía
una bolsa de plástico transparente a la que alguien llenaba
con su aliento. Fue hermoso: todos deberían rendirse alguna vez.

 

Poemas provenientes de Envíame tus poemas y te enviaré los míos, recientemente publicado por la editorial argentina Caleta Olivia.


Fabián Casas / Buenos Aires, 1965. Poeta, narrador, ensayista y periodista. Destacada figura de la así llamada “Generación de los 90”, es autor de novelas, obras de teatro, libros de cuento, de ensayo y de poemas, reunidos buena parte de los últimos en Horla City y otros: Toda la poesía (1990-2010). Posteriormente publicó Últimos poemas en Prozac (2019) y Envíame tus poemas y te envío los míos (2021). En 2007 recibió el Premio Anna Seghers, otorgado en Alemania, por el conjunto de su obra.