27 enero, 2020

El amor de tus plantas carnívoras

de Francisco Alatorre | Inéditos

Kintsukuroi

A finales del siglo XV nació el Kintsukuroi
arte de reparar la cerámica rota
usando un barniz con polvo de oro que resalta las uniones.

Con el tiempo esta técnica adquirió tanto prestigio
que se acusaba a las personas de romper sus objetos a propósito.

Cuando leí sobre el Kinstukuroi pensé en ti
te vi en patines    cayendo de espaldas y quebrándote el coxis.

Pensé en tus fobias
y en las prótesis dentales que tu madre manda hacer para sus clientes.

Pensé en el musgo    y en las telarañas que se van formando        
en la cercanía de los reactores nucleares       
como frágiles y elásticos teoremas curvos       
con la belleza terca       
de tus orejitas quemadas.

 

La alegría

de encontrar una marquesina cuando llueve
de un acuerdo prenupcial
del hula hula

la de la chica que arranca
    la cera para depilar a su mejor amiga
y también
la que no quisiera sentir el hombre santo
   cuando amarra a otro hombre a una silla
   y lo deja caer desde el piso 37.

La alegría de los globos
    rellenos de abejas
    que revientan en una fiesta de cumpleaños

la de morder una pera
la de salirte con la tuya

la de esos niños
        colgados de cabeza en el balcón
        orinando confeti.

 

Sistema

Ser como tú    desapegado
como el jabón que se resbala
con la frescura de un pez entre el arroz.
Confiado    como los ciegos en el metro
o como el niño que se deja cargar por los extraños
para alcanzar el mingitorio.
Caminar torpes    o no    sin estructura
con la calma imprudente de los limpiavidrios
que en un andamio suspendido se olvidan del trapo
y comen pensando en cualquier cosa.
Así me gustaría dejarme ir
a veces    Pancho
como un cartílago que cede.
Con la cordura de las naranjas
que pierden su equilibrio debajo de la lluvia.
Dejarme ir sin hacer muecas
con la congruencia
de algo en proceso    sin colgar
o de algo roto que se deja ir
como ese hombre
que abandona tranquilo
la estrecha seguridad de sus certezas
y despeinado se pone a regar el jardín
a pesar de que intuye que todo esto se sostiene
por otras raíces
que no están.

 

Oración

Danos la paz de tus gallinas
que revolotean con gripa en el corral.

Danos la fuerza del termómetro
y del verdugo bueno que te escucha.

Danos la sabiduría que se desborda como el humo espeso de tus fábricas
la sabiduría que resplandece
como el vacío en las canicas que relevan a los ojos de los tuertos.

Danos la claridad del hielo en el martini.

Danos la verdad de la música
y la obediencia de las frutas.

Danos el amor      
de tus plantas carnívoras
ese amor lento      
de las tortugas que desovan
y luego nadan en tu océano
con la cabeza atorada
en tus anillos de plástico.

 


Francisco Alatorre / Guadalajara, Jalisco, 1982. Ha vivido en Japón, Israel, Holanda, Alemania, India y España. Su libro Ladakh ganó el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2014. Los poemas de esta selección pertenecen a su libro inédito Manía, ganador del Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2019.