26 noviembre, 2018

Crónico

de D. A. Powell | Sonora, Traducciones

Versión al español de Ezequiel Zaidenwerg.



Chronic

were lifted over the valley, its steepling dustdevils
the redwinged blackbirds convened
vibrant arc their swift, their dive against the filmy, the finite air

the profession of absence, of being absented, a lifting skyward
then gone
the moment of flight: another resignation from the sweep of earth

jackrabbit, swallowtail, harlequin duck: believe in this refuge
vivid tips of oleander
white and red perimeters where no perimeter should be


    here is another in my long list of asides:
why have I never had a clock that actually gained time?
that apparatus, which measures out the minutes, is our own image
    forever losing

and so the delicate, unfixed condition of love, the treacherous body
the unsettling state of creation and how we have damaged—
isn’t one a suitable lens through which to see another:
    filter the body, filter the mind, filter the resilient land


and by resilient I mean which holds
    which tolerates the inconstant lover, the pitiful treatment
the experiment, the untried & untrue, the last stab at wellness

choose your own adventure: drug failure or organ failure
cataclysmic climate change
or something akin to what’s killing bees—colony collapse

more like us than we’d allow, this wondrous swatch of rough


why do I need to say the toads and moor and clouds—
in a spring of misunderstanding, I took the cricket’s sound

and delight I took in the sex of every season, the tumble on moss
the loud company of musicians, the shy young bookseller
anonymous voices that beckoned to ramble
    to be picked from the crepuscule at the forest’s edge

until the nocturnal animals crept forth
    their eyes like the lamps in store windows
    forgotten, vaguely firing a desire for home

hence, the body’s burden, its resolute campaign: trudge on

and if the war does not shake us from our quietude, nothing will

I carry the same baffled heart I have always carried
    a bit more battered than before, a bit less joy
for I see the difficult charge of living in this declining sphere


by the open air, I swore out my list of pleasures:
sprig of lilac, scent of pine
the sparrows bathing in the drainage ditch, their song

the lusty thoughts in spring as the yellow violets bloom
    and the cherry forms its first full buds
the tonic cords along the legs and arms of youth
    and youth passing into maturity, ripening its flesh
growing softer, less unattainable, ruddy and spotted plum


daily, I mistake—there was a medication I forgot to take
there was a man who gave himself, decently, to me & I refused him

in a protracted stillness, I saw that heron I didn’t wish to disturb
was clearly a white sack caught in the redbud’s limbs

I did not comprehend desire as a deadly force until—
    daylight, don’t leave me now, I haven’t done with you—
     nor that, in this late hour, we still cannot make peace


if I, inconsequential being that I am, forsake all others
how many others correspondingly forsake this world


    light, light: do not go
I sing you this song and I will sing another as well


Crónico

se alzaban sobre el valle, sus aguzados remolinos
los mirlos de alas rojas se reunían
vibrante arco su rápida, su zambullida contra el diáfano, contra el aire acotado

la profesión de ausencia, de ausentarse, un remontarse al cielo
y desaparecer
el momento del vuelo: otra renuncia al movimiento de la tierra

liebre, pato arlequín, mariposa cola de golondrina: cree en este refugio
brillantes pétalos de adelfa
blancos, rojos perímetros donde no debería haber perímetros


   he aquí otro de mi larga lista de apartes:
¿por qué no habré tenido nunca un reloj que adelantara?
el aparato, que mide los minutos, es nuestra propia imagen
          la pérdida constante

e igual la delicada, la volátil condición del amor, el cuerpo traicionero
ese perturbador estado de creación y cómo hemos dañado–
¿no es uno buena lente para mirar a otro?:
      filtrar el cuerpo, filtrar la mente, filtrar la tierra resistente


y aquí con “resistente” me refiero a “que soporta”
      que aguanta la inconstancia del amante, el tratamiento lamentable
el experimento, lo no probado y lo no verdadero, los últimos intentos por ponerse bien

elige tu propia aventura: fallo farmacológico o fallo orgánico
cambio climático catastrófico
o algo parecido a lo que está matando a las abejas: colapso de la colonia

se parece a nosotros más de lo que quisiéramos, este maravilloso retal áspero


¿y por qué necesito decir los sapos, el matorral, las nubes?–
en una primavera de incomprensión, me complací en el ruido de los grillos

e hizo mis delicias el sexo de cada estación, los resbalones en el musgo
la bulliciosa compañía de los músicos, ese librero jovencito y tímido
y las voces anónimas que instaban a vagar
          a que las recogieran del crepúsculo en la linde del bosque

hasta que las criaturas nocturnas asomaran
      sus ojos como lamparitas en la vidriera de un negocio
          olvidados, que apenas encienden el deseo del hogar

de allí la carga del cuerpo, su campaña resoluta: sigue marchando

y si la guerra no nos saca de la quietud, nada nos va a sacar

sigo teniendo el mismo corazón desconcertado de siempre
      un poco más golpeado que antes, un poco menos de alegría
porque percibo la pesada carga de vivir en esta esfera declinante


al aire libre, enumeré mi lista de placeres:
ramillete de lila, olor a pino
gorriones que se bañan en una zanja de desagüe, su canción

los pensamientos lujuriosos de la primavera mientras florecen las violetas amarillas
      y los cerezos forman sus primeros capullos completos
las cuerdas tónicas a lo largo de las piernas y brazos de la juventud
      la juventud que se convierte en madurez, al madurar su carne
y al volverse más blanda, menos inalcanzable, ciruela sonrojada con manchitas


todos los días me equivoco –me olvidé de tomar unos remedios
se me entregó un hombre, amablemente, y yo lo rechacé

en una prolongada quietud, vi que la garza que no quería sobresaltar
era evidentemente una bolsita blanca atrapada en las ramas de un árbol del amor
no entendí que el deseo era una fuerza mortífera, hasta que–
      luz del sol, no me dejes todavía, aún no me harté de ti––
         ni que, aunque ya es tarde, no podamos aún reconciliarnos


si yo, el ser insignificante que soy, renuncio a todos los demás,
cuántos más, en la misma medida, renuncian a este mundo


      luz, luz: no me abandones
te canto esta canción y voy a cantar otra



D. A. Powell Albany, Georgia, Estados Unidos, 1963. Profesor en distintas universidades de su país, incluidas las de Columbia y Harvard, es autor de cinco libros de poemas Tea [], de 1998; Lunch [Almuerzo], de 2000; Cockatils [Cocteles], de 2004; Chronic [Crónico], de 2009; Useless Landscape, or A Guide for Boys [Paisaje inútil o Una guía para muchachos], de 2012. Becario de la Fundación Guggenheim, por su último volumen obtuvo el prestigioso Premio del Círculo Nacional de Críticos Literarios (National Book Critics Circle Award) en 2012.


Ezequiel Zaidenwerg Buenos Aires, Argentina, 1981. Poeta y traductor. Autor de los libros de poemas Doxa (2007), La lírica está muerta (2011, 2017 y 2018), Sinsentidos comunes (2015), Bichos: sonetos y comentarios (en coautoría con Mirta Rosenberg, 2017), así como la “novela tenue” 50 estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos (2018). Ha publicado, en versiones suyas al español, diversos títulos de Mark Strand, Ben Lerner, Anne Carson, Joseph Brodsky, Denise Levertov y Robin Myers, entre otros autores.