29 octubre, 2018

Colmena (o algunos poemas recientes acerca de las abejas)

de Carol Ann Duffy / Sean Borodale | Traducciones

Selección, presentación y versiones de Pablo Soler Frost.

Hay decenas, cientos, miles quizá, de cosas urgentes; tal vez una de aquéllas en las que más debiéramos pensar y actuar sea la suerte de las abejas. Desde el principio están aquí: aún antes de su inclusión, escasa, en las Geórgicas de Virgilio está el Chilam Balaam de Chumayel, por ejemplo, pues aunque su escritura sea casi contemporánea a la de los poemas de Dickinson sobre la abeja, es sabido que trae conocimiento inmemorial, como que habla del principio de los linajes de entonces. Y allí, en las cuatro direcciones del mundo, están las abejas, con sus jícaras. Desde siempre, desde antes de Altamirano (“…este carmen umbroso y escondido…”) o de Machado, las abejas han sido cantadas y, de Plinio a Alciato a Saavedra Faxardo, elogiadas y puestas como ejemplo para las gentes, pues es sabido aquello que dijera el gran Karl von Frisch: que la vida de la abeja es como un pozo mágico que, entre más se le extrae, más se colma. Vayan estos poemas escritos en nuestro propio siglo (augurado en más de un sentido en Abejas de cristal de Ernst Jünger) como probada de miel, antes de que se extingan (y nosotros con ellas).


Carol Ann Duffy

Zángano

Arriba por escaleras de aire
hacia la beatitud del no es, alta,
viva joya, ella, ámbar tibio;
ser el que ha de allá morir.


Villancico de las abejas

Silenciosamente, en la víspera
la vuelta de una llave
a medianoche, el jardín encerrado
en hielo, escarcha de plata–
excepto el enjambre invernal
de las abejas.

Sin poder volar, temblando
se cuelgan alrededor de la reina;
cada una una ofrenda de calor;
ella no se congelará
dentro del enjambre invernal
de las abejas.

Por Navidad de regalo
una jarra sola y de oro;
déjenme probar esta dulzura,
pero guarden miel
para que coma el enjambre invernal
de las abejas.

Vengan conmigo, la víspera,
a ver la colmena silenciosa
bajo el temblor de estrellas
y cree entonces
y bendice el enjambre invernal
de las abejas.


Sean Borodale

9 de junio

El día entero lo han pasado
en néctar, pintas.
La luz descansa.



26 de julio: en el jardín

Asumo que esta criatura es mi abeja.

Allí está; el pulsante abdomen
acostumbrado, café y claro,
rayado finamente. La lengua
bebiendo agua.

Frágil, concentrada,
no tan sólo para sí. Hace
su parte.

Qué retórica debe ser la mente.
A solas.
Sin ser perturbada.

Ah, ¿cómo leer la mímesis?
y no leer tan sólo lo ulterior,
el ideal de una madre.

Necesita agua en otra boca.
Ella:
consiste en proyectos minúsculos
como éste.

En su tiempo todo
coexiste
no por sí.



27 de julio

¿Y se encuentra ella?



3 de diciembre: notas

Escucha la lluvia, la lluvia, la lluvia como las patas y las alas de las abejas que caminan sobre abejas, como la lira de un pensamiento, un instrumento posible de los insectos.

Escucha a la lluvia, y más lluvia, pisoteando tierra, a las cabezas de hilo empapado en este cuarto, caminando de un lado al otro el invierno…


Carol Ann Duffy / Sean Borodale

Carol Ann Duffy. Glasgow, 1955. Poeta Laureada del Reino Unido. Estos poemas forman parte del libro The Bees (2011).

Sean Borodale. Londres, 1973. Premio T. S. Eliot 2012. Estos poemas forman parte del libro ganador de este premio, Bee Journal.


Pablo Soler Frost Ciudad de México, 1965. Es escritor y traductor. Ha traducido poemas de Robinson Jeffers, Elizabeth Bishop, Robert Frost, Jean Cocteau y otros, así como La vida de María de Rainer María Rilke en 2013. El pasado siglo publicó un libro de poemas, La doble águila (1997). Su libro más reciente es la novela Europa y los faunos (Random House, 2018).